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sábado, 2 de septiembre de 2017

Lecciones de Talento y Comunicación de Diana de Gales


Esta mañana he estado viendo el documental ‘Diana y los paparazzis’. Un retrato de la simbiosis entre la “princesa del pueblo” y los medios de comunicación. La vida y muerte de la persona más famosa de su época. Como sabes, lady Diana falleció el 31 de agosto de 1997, hace 20 años. Los paparazzis que la encumbraron fueron quienes la persiguieron durante el accidente de coche en París.  
De este documental de TCB de 44 minutos, podemos extraer algunas lecciones sobre el talento (poner en valor lo que queremos, sabemos y podemos hacer) y la marca como promesa de valor.
- Discreción: Diana Spencer era hermana de Lady Sarah McQuordale, seis años mayor (Sarah había salido brevemente con Carlos en los 70) y se lo presentó. Cuando saltó la noticia (1980), dada la relación de su familia con los Windsor, ella supo ser tan atenta como discreta. Trabajaba en un jardín de infancia, en poco tiempo se comprometieron y la boda, el 21 de julio de 1981, la convirtió en princesa de Gales.
- Sentido del humor: en su cercanía, sabía partir de la mirada baja para elevarla. Una persona accesible, simpática, alegre. En una época con pocas reglas, supo marcar la diferencia. Atendió especialmente a los medios y éstos la adoraron. Significaba la modernidad con el glamour de la realeza.
- Sin guantes. A diferencia del resto de las mujeres de la familia real, Diana no llevaba guantes. En 1987 saludó a los enfermos (incluso a los de SIDA) y al personal sanitario en un hospital británico. Hizo lo mismo en la India con los intocables y en Indonesia con los enfermos de lepra. La falta de repulsa de Diana fue un poderoso mensaje.
- Consciencia: Despertó la consciencia de lo que había que arreglar. Pasó, en sus palabras, de figura política a figura humanitaria.
- Popularidad: Es un arma de doble filo. Su increíble poder tuvo un precio, un trastorno alimenticio:  bulimia nerviosa causada por el estrés (1986). Además, provocó los celos de buena parte de la familia real, incluido du propio marido, Carlos, el príncipe de Gales.
- Separación: en el deterioro de su relación, Carlos y Diana utilizaron a la prensa para airear las aventuras del otro. Se pensaba que con la separación (9 de diciembre de 1992) la “guerra de los Gales” terminaría; sin embargo, empeoró. Cuando el príncipe se declaraba en la tele ante su biógrafo, Diana vistió “el vestido de la venganza”. Ella jugó con los medios, los manipuló.
- Insaciabilidad: alimentó en los paparazzis a “un demonio insaciable”. Aunque fuera de vacaciones a sitios recónditos, siempre la encontraban. Diana era una “mina de oro” y los paparazzis se aprovechaban de ello. La atención, 12 años después, se convirtió en abrumadora. Ella dijo que “ya no era una figura pública”… pero no le hicieron caso. Sus fotos valían más de 10.000 libras, y ya no había boletines reales.
- Permanencia. “La fama no se puede encender y apagar”. Los paparazzis no dejaban de acosarla, ni cuando Diana quería pasar tiempo con sus hijos. “Como madre, os pido que respetéis el espacio de mis hijos”.
- Fragilidad: Diana hizo para los medios un papel fantástico, pero su fragilidad (su encanto) era su debilidad. Cuando despidió a sus guardaespaldas, porque pensaba que la estaban espiando, la guerra entre ella y los paparazzis tomó otra dimensión. Los fotógrafos iban en “tenazas”, de dos en dos, para obtener la instantánea, incluso en su gimnasio. “Es como ser un animal de exposición en un zoo”, dijo la princesa.
- Miedo: los cazadores todavía daban más miedo, porque emergió una serie de paparazzis, más agresivos, que la provocaban para generar una historia. Una espiral sin salida. Una vez divorciada, la foto del millón de dólares fue en una villa con Dodi Al Fayed. Al parecer, Diana quería poner celoso a un antiguo novio.
- Final: la princesa del pueblo pasó la noche en el Ritz de París (propiedad del padre de Dodi) y los paparazzis recibieron el chivatazo del jefe de seguridad. Los fotógrafos que perseguían a Diana tuvieron 20 minutos de grabación hasta que llegó la policía.
La gente que criticó duramente a los medios miraba ávidamente las fotos. En 17 años, el cuento de hadas (la Cenicienta) se convirtió en pesadilla. Antes de los selfies y los smartphones, toda su vida fue un selfie.

Es curioso que una figura con el nombre de la Diosa griega de la caza pasara de cazadora a perseguida. La canción que me sugiere este relato es el ‘Candle in the wind’ de Elton John: www.youtube.com/watch?v=DH8yRSDkx5M “You lived your life like a candle in the wind’.

Pero volvamos a la comunicación. He estado leyendo la entrada de Luis Dorrego en su blog (http://blogdeluis.com/) ¡Por qué hablo tan mal en público? (3 de marzo de 2015), que hace referencia a un artículo de Manuel Viejo del mismo título, publicado en El País, Economía, el mes anterior. Para resolver el “déficit de oratoria” en nuestro país, el autor proponía siete claves: Gestionar el tiempo (no sobrepasarse de la hora pactada), analizar el auditorio en dos sentidos (el perfil de la audiencia y conocer el lugar), hablar con entusiasmo (la actitud es el 80%), qué tengo que llevar (el material tiene que ser complemento), mensaje directo, al grano (ni sentado ni bailando), preparar y practicar, preparar y practicar.
El maestro Dorrego considera que la comunicación no es estrictamente racional. Intervienen las emociones y el cuerpo. Por ello, va más allá. Las siete claves mencionadas anteriormente, innegables, son necesarias pero no suficientes. Luis añade:
- Gestionar mi angustia, tanto en la gestión del tiempo como en ir directo al mensaje.
- Además de conocer el auditorio, habitarlo. Probar la voz, los movimientos, etc.
- Saber (intelectualmente) cuál es el perfil del auditorio, pero también si las sillas son cómodas o no, etc.
- “No se pueden pensar las emociones, hemos de sentirlas y comunicarnos en publico sabiendo usarlas”. ¿Cómo lograrlo? Luis Dorrego nos propone, acertadamente, plantearnos qué emociones queremos que tenga el auditorio para ir a por ello.
- ¿Cómo ser natural? Hablar en público es un acto artificial que requiere de mucha práctica”. Luis cita a Marlon Brando: “Todo el mundo utiliza técnicas de interpretación para lograr sus objetivos, desde el niño que llora porque quiere un helado hasta el político que se desgañita para llegar a los corazones y las carteras de sus potenciales votantes”.
- Para aprender a hablar en público hay dos factores: cómo me encuentro y qué quiero conseguir (del público).  En definitiva, “Si no dispongo de un objetivo a conseguir para con el público, mejor no salgo al estrado. Necesito saber qué quiero conseguir  de la audiencia, ya que eso me motiva y me pone en funcionamiento orgánicamente, es decir, usando correctamente el cuerpo, la mente y las emociones”.
Gracias Luis por tus reflexiones, y sobre todo por tus acciones formativas, de las que un@ sale mucho mejor comunicador/a.     
 “Lo que niegas, te somete. Lo que aceptas, te transforma” (Jung).    

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