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domingo, 13 de agosto de 2017

De la robotización del trabajo a la humanización del empleo


Ayer estuve viendo (brevemente) un debate estival en la tele sobre la “turismofobia”. Más allá del sesgo ideológico, excesivo, me hizo pensar en la diferencia entre lo cuantitativo y lo cualitativo. El debate debería ser sobre el nuestro modelo de turismo, sobre la propuesta de valor, sobre la excelencia (superar las expectativas del cliente). Estos días, desgraciadamente, por cada experiencia de servicio encantadora, hemos sufrido cuatro de establecimientos con camareros poco preparados, nada serviciales, muy poco gratos. Gente alienada, no formada, desencantada, aburrida… que contagia esas emociones a los clientes.
Sí, estamos en máximos (se esperan 80 M de turistas este año, 180.000 pasajeros en el aeropuerto de Palma de Mallorca el pasado sábado); sin embargo, con baja calidad directiva, con escaso valor añadido, con mínima aportación de valor, nuestro turismo (que supone unos 125.000 M €, el 12% del PIB español, y es el sector que más crece en empleo) tiene un futuro difícil, por los rendimientos decrecientes de cualquier economía. Deberíamos tener un Plan Estratégico del Turismo (dentro del Plan Estratégico Nacional), con su canvas (tapiz estratégico), su cuadro de mando integral, su cadena de valor, su parrilla ERAC (qué eliminar, qué reducir, qué aumentar y qué crear) para reinventar el sector en nuestro país.

Lo mismo ocurre sobre el futuro del empleo. He estado leyendo un post de Andres Macario, DG de Valcoba, titulado ‘Personas y robots: la simbiosis que aumenta los negocios’ (www.contunegocio.es/tecnologia/infografia-personas-y-maquinas-simbiosis-aumenta-negocio/). Se refiere a un estudio de Accenture Strategy, el 84% de los directivos piensa que las máquinas les harán más capaces en sus trabajos; confiarán en las máquinas inteligentes el 46% de los altos ejecutivos, el 24% de los mandos intermedios y el 14% de los de primer nivel (brecha de confianza); para aumentar la confianza, un 60% de l@s directiv@s piden “entender cómo funciona el sistema”; lo que se necesitan son habilidades digitales (42%), pensamiento creativo (33%), análisis de datos (31%) y desarrollo de estrategias (30%); lo que subestiman son las habilidades sociales (21%), desarrollo de personas (21%) y la colaboración (20%). En la misma línea, el estudio de Deloitte de este año indica que sólo el 20% de los encuestados considera que la inteligencia artificial traerá pérdida de empleo. Andrés Macario concluye: “No estamos en la era digital. Estamos en la era del talento”. Gracias, Andrés, por tan sabia reflexión.
Como me habrás leído/escuchado en alguna ocasión, esta nueva era, el Talentismo, nos anima a replantear las cosas desde el principio. No es lo mismo trabajo que empleo. “Trabajo” proviene del latín “tripalium” (tres palos), una herramienta parecida a un cepo con tres palos con tres puntas o pies que servían para sujetar caballos o bueyes y así poder herrarlos; también se utilizó como instrumento de tortura para esclavos o reos. “Tripaliare” era “torturar”, “atormentar”, “causar dolor”. La sociología define el trabajo como “ejecución de tareas que suponen un esfuerzo físico o mental que tienen como objetivo la producción de bienes y servicios para atender las necesidades humanas”. El término es del siglo XII y desde entonces han “trabajado” siervos y esclavos, obreros y proletarios, porque, como decían los pensadores griegos “sólo el ocio creativo era digno del hombre libre”.
Aunque lo hayamos utilizado como sinónimos (en inglés, work es “trabajo, esfuerzo, empleo”), el empleo es otra cosa. Proviene de “implicare” a través del francés “employer”. De ahí “emploi”, que devino en “empleo” en castellano en el siglo XVI.
Creo que quien mejor ha captado la bifurcación propia del talentismo entre trabajo y empleo ha sido Seth Godin en ‘¿Eres imprescindible?’ (2010) y su famosa ecuación:
Conformidad + Docilidad + Obediencia = Rendición
Dignidad + Humanidad + Generosidad = Imprescindibilidad
Los “artesanos”, alienados, con un trabajo monótono, serán robotizados. Si no se reinventan, formarán parte del desempleo permanente y recibirán una renta básica. Los “artistas” emplean su talento y marcan la diferencia. Tanto en el mencionado libro como en ‘El arte de cautivar’ (2013), ‘El engaño de Ícaro’ (2014), ‘¡Hazlo!’ y ‘Todos somos un poco raros’ (2016), Godin nos propone convertirnos en artistas, en personas que desarrollan su talento, que generan en lo que hacen “obras de arte” (un don personal que transforma emocionalmente al receptor, según la definición de Zygmunt Bauman).
En la misma línea, la motivación intrínseca de Daniel Pink (propósito, autonomía, maestría), la fluidez de Csikzentimalhyi (elevar las capacidades a través del compromiso para alcanzar los retos), la “learnability” (aprendibilidad) de Mara Swan…
La tecnología (inteligencia artificial, internet de las cosas, impresión 3D, la nube, etc) es un trampolín del talento y un sustitutivo del trabajo.
¿Qué podemos hacer? En términos del futuro del empleo, 3 claves:
- A nivel individual, la Empleabilidad (como sabes, concepto creado por Sumantra Ghoshal). Definirla, clarificarla, actualizarla… Analizar, medir y desarrollar nuestra empleabilidad es esencial para nuestro bienestar y felicidad.
- A nivel de equipo, optimizar la Aprendibilidad. Es cuestión de curiosidad, de actualización de conocimientos, de vocación y disfrute. Compartir un proyecto con talentos complementarios y mejorar el mundo.
- A nivel de organización, fomentar la inclusión (de género, intergeneracional y de otras diversidades). Sólo las empresas incluyentes serán capaces de adaptarse al entorno a la velocidad necesaria (Ley de Revans).

He estado viendo ‘Proyecto Lázaro’ (2016) de Mateo Gil. Una película sobre Marc, un joven que padece cáncer, es crionizado y “resucita” en 2084, 69 años después. Su amor, Naomi, le ha estado acompañando de una forma que él no esperaba. Una cinta filosófica sobre “un futuro en el que no hay tanto énfasis en el amor” aunque la gente necesite ser feliz. “Lo mejor siempre estaba por llegar”. Mateo Gil fue coguionista con Amenábar en ‘Abre los ojos’ (2007) y ‘Mar adentro’ (2004). Costó 7 M €, se estrenó con 106 copias (enero de 2017) y no entró en el Top Ten de la taquilla. Nada que ver con la taquilera ‘Villaviciosa de al lado’, que superó los 10 M de recaudación y el millón y medio de espectadores. Así son las cosas comerciales.
La canción de hoy es ‘Let me go’ de Albin Lee Meldau: www.youtube.com/watch?v=00bjZzqet58  “If lovin’ is an art’.     

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