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sábado, 29 de abril de 2017

Un nuevo modelo de empleo a la altura del PIB


Ayer, de vuelta de Córdoba, tras el entrenamiento deportivo con la coach de CuerpoMente Irma Valderrábanos, estuve viendo el capítulo 100º (décimo de la sexta temporada) de Scandal. Una reflexión sobre “la otra vida” (en este caso, Fitzgerald Grant perdiendo la presidencia en 2010; Olivia Pope, casada con él, como activista de derechos humanos, en un matrimonio que no funciona como se esperaba). Es “el gato de Schrödinger” (dentro de la caja, con unos electrodos, es una probabilidad de gato vivo y gato muerto, o como se dice ahora, un gato zombi). Dos vidas en un instante. Lo maravilloso del capítulo, y de la vida real, es que la energía, nuestra vibración, define como somos. Es nuestra estructura de motivaciones (lo que nos gusta, lo que nos va) lo que nos define, más allá de los contextos.
El editorial de hoy de El Mundo: ‘Hacia un nuevo modelo para que el empleo crezca con el PIB’. Después de una década del estallido de la burbuja inmobiliaria, nuestro país recupera los niveles de riqueza de aquel entonces: 1’116 B $. Sin embargo, tenemos un millón y medio menos de ocupados. Esto quiere decir, obviamente, que la economía española es mucho más productiva; sin embargo, algo debemos hacer para recuperar el nivel de empleo de 2008.
Según el plan de estabilidad presentado por el gobierno, los 20 millones de personas trabajando se alcanzará a finales de 2019. Desde el 18’7% de desempleo actual, en 2020 se pretende llegar al 11’2%, todavía superior al de Portugal y Francia (10%), y no digamos Alemania (2’9%).
¿Cómo se ha resuelto la crisis? Con la exportación de las empresas españolas y un salario un 24% inferior al de hace 10 años (informe del Banco de España presentado ayer viernes).
El modelo convencional de nuestra economía, cuyos pilares han sido el turismo y la construcción, es de bajo valor añadido. O lo combinamos con el crecimiento en otros sectores, como las nuevas tecnologías, de mayor valor, o el problema es grave, serio y profundo. Es una cuestión de empleabilidad, de aprendibilidad, de educación en definitiva.
Tenemos desgraciadamente 1’3 M de hogares con todos su miembros, desempleados. En general, por su baja cualificación. El ejecutivo, en su consejo de ministros de ayer, mantuvo la ayuda de 426 € para los desempleados de larga duración. Hay que actuar ya.
La recuperación se ha basado en un entorno favorable: bajo precio del petróleo, caída del euro, bajos tipos de interés. Un contexto con fecha de caducidad. O acometemos un pacto por la empleabilidad (y por la educación), o el empleo seguirá siendo el principal lastre de nuestra economía.
También en el diario que dirige Pedro G. Cuartango, entrevista de Antonio Lucas al pensador Ramón Andrés (Pamplona, 1955): “Europa es un artículo de lujo con acceso sólo para unos pocos”. www.elmundo.es/opinion/2017/04/29/5903851c22601dd0718b45ea.html  
La posverdad es “Algo muy poco sólido. Lo único que tiene de bueno es que nos aclara que en algún momento hubo una verdad, lo cual es un alivio. Somos muy aficionados a los términos rotundos: poshumanismo, poscristianismo, pospolítica, posmodernidad. Pero de esos neologismos extraemos poco. La posverdad no plantea, desde el ámbito del pensamiento, nada nuevo. Quizá sólo sea caminar hacia atrás. Es decir, observar lo que somos sin una verdad a la que acogernos”. ¿Y la política? “Estamos carentes de sentido crítico y nos hemos acostumbrado a una política muy rudimentaria. De causa efecto. Altanera y poco analítica. La política no se articula para el bien común, algo que ya advertía Carl Schmitt. Su misión es la conquista del poder. Y nosotros somos espectadores de esa operación. Unos espectadores más cansados que sumisos”.
Para Ramón Andrés, “En Europa se ha instalado un huésped muy incómodo: el nihilismo. Se expresa de mil formas y ha reemplazado al pesimismo, que tiene algo de lucidez aunque sólo sea porque parte con desventaja frente a la realidad”. “Desde un plano político se podría hacer frente con certidumbres, con certezas. Más incluso que con cultura. Está demostrado que la cultura es un camino de salvación, aunque cada vez tiene menos incidencia. Hemos perdido el humanismo. Estamos muy enajenados, muy apresados por mil cosas: del narcisismo al individualismo. Esto nos ha desdibujado como seres y ha borrado la idea del prójimo, que hoy es una entidad formada por una sucesión de individualidades que no tiene nada que ver con ese prójimo del que hablaba Lévinas. Igual sucede con las protestas colectivas o manifestaciones, cada vez son gestos más individuales”.
Y añade: “Europa es un territorio que ya no es de todos, sino de unos pocos europeos. Tras la Segunda Guerra Mundial se ha proyectado como un artículo de lujo sólo al alcance de algunos de sus habitantes. El pensamiento político ha sido desbancado por la economía y Europa ha quedado reducida a entidad económica. Es desolador. Donde manda un banco no cabe la cultura. El pensador checo Jan Patocka decía que Europa nació de la búsqueda del alma, en relación a la antigua Grecia. Pero esa Europa que unas veces se llamó Cervantes, otras Shakespeare y otras Bach ha desaparecido. Es normal el auge de la extrema derecha, igual que es normal que en EEUU haya ganado las elecciones Donald Trump. La gente del común está agotada y decepcionada. Su bandera es poder llegar a final de mes. Por esta invasión de lo económico en Europa se ha perdido la noción de sacrificio y de esfuerzo. Es decir, de lo mucho que costó construir la UE. Ahora a cualquiera le parece normal ducharse con agua caliente y comer tres veces al día. Pero es algo muy reciente”. “Yo aún me identifico con lo que se denominó «el espíritu europeo». Y se lo agradezco a quienes ayudaron a confeccionarlo”. Pero “los Gobiernos y organismos europeos han actuado, por lo general, desde la ignorancia moral”. Su coartada para campar libremente ha sido fomentar el desánimo y el miedo. Así es como se ha logrado, también, que Europa se cuartee en muchas individualidades erráticas, sin rumbo. Hay gente que va en busca de salvación y no en busca de sentido. Ni siquiera de sentido colectivo, que es donde uno se dibuja mejor como individuo”.
A este sabio la política española no le seduce “absolutamente nada. Es inmadura, vulgar, tosca. La clase política manifiesta una ignorancia vergonzante que conduce a la arrogancia ciega. Buena parte de los políticos han favorecido que este país se haya convertido en lo que es: un territorio muy pobre espiritualmente. Y muy dañado”. “S omos un país castigado donde se desaceleró el sentido común. Un partido neoliberal tiene hoy los mismos tics que un partido de principios del siglo XX. A la vez, la izquierda no avanza respecto al discurso de los años 70 y está perdiendo el lenguaje, no sabe articular un nuevo pensamiento. La izquierda hace demasiado tiempo que se presenta incapaz de renovarse. No sabe pensar de otra manera y ése es el más grave de sus problemas”.
“El sistema sabía que el fervor que surgió con el 15M era algo pasajero. Movimientos espontáneos como aquel son pequeñas botellas de oxígeno para que el ánimo de la población se renueve, pero poco más (…) Un partido como Podemos, que pudo recoger desde la seriedad el descontento y el dolor de generaciones frustradas, no se ha esforzado en pensar cosas nuevas. Hablamos de Estados nuevos, de partidos nuevos, pero nadie propone una idea nueva. Estamos tirando del vivero ideológico del siglo XIX”.
“Nos aturden con miles de noticias, con artefactos de consumo que no necesitamos. El propósito es que no paremos a pensar. Que mantengamos permanentemente la dependencia de algo. Hoy los súbditos no vamos encadenados, sino que estamos atados a golpe de ruido, confusión y necesidad de consumo”. “Es de una puerilidad extraordinaria decir que las redes sociales fomentan la democracia o nos hacen más libres. Creer algo así en el siglo XXI es asombroso. Europa ha sufrido mucho, hemos visto demasiadas guerras y azotes de peste negra como para caer ahora en esa ingenuidad. El problema es que cada generación tiene cada vez menos memoria, porque así está programado el progreso, y no permitimos que nada culmine. Se nace ignorante, se permanece ignorante y cuando más o menos una generación podría llevar a cabo un proyecto viene la muerte. Antes había casi genéticamente una preservación de la memoria de lo que fuimos y de lo que somos. Ahora no. Olvidamos que una persona sin memoria es hombre muerto”.
Hemos perdido “la capacidad de comunicarnos de un modo complejo. Es decir: las palabras. Su peso. Y por eso somos muy pocas veces nosotros. Cada vez hablamos más desde el ágora de voces que llevamos dentro, en vez de hablar desde nuestra voz. Cada vez aceptamos más las opiniones generadas desde los medios de comunicación. Por eso es importante el silencio, porque nos permite escuchar otras cosas que no vienen de ese mundo atronador e impreciso. La sociedad no ha construido lugares de silencio. Hemos olvidado que el silencio es un arma. Nada que ver con la trascendencia. Es mucho más inquietante una manifestación multitudinaria en silencio que otra llena de gritos, tambores y megáfonos. No dar señales es el primer paso para no estar controlados, ni localizados. Nada inquieta más al poder, al sistema, que el silencio”. “Lo peor de la crisis es la ideología de crisis que ha dejado instalada. Eso es lo difícil de deshacer, porque desemboca en una versión apocalíptica del mundo. Muchos jóvenes sienten que no tienen lugar aquí, que no hay futuro para ellos”.
Y concluye: Somos un país “Vago y mal aprovechado. Nos movemos a impulsos, que es la antítesis de la coherencia. Este es un territorio de genialidad, pero en cuanto a país tenemos poca firmeza. Guiados, además, por gobernantes mediocres, muy por debajo de parte de la sociedad”. Lo más preocupante es “la ignorancia que se fomenta en las escuelas desde los primeros cursos. Y el desenfoque de lo que tiene que ser una vida. La Educación debería ser asunto de Estado. La verdadera Transición está ahí”.
Hay que leer de Ramón Andrés ‘Pensar y no caer’, ‘Diccionario de música, mitología, magia y religión’, ‘No sufrir compañía. Ensayos místicos sobre el silencio’, ‘Semper dolens’, ‘Johan Sebastian Bach’ y su ‘Poesía’.
La canción de hoy, ‘Despacito’, de Luis Fonsi. www.youtube.com/watch?v=kJQP7kiw5Fk “Pasito a pasito, suave suavecito”.
Esta tarde hemos visto ‘El hombre de las mil caras’ en Movistar+. La historia de Paesa y de Luis Roldán. "La historia de un hombre que engañó a un país entero". La historia de un país que es como es. Que somos como somos. Una película impresionante, con un gran guión y excelentes actores. 

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