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viernes, 2 de diciembre de 2016

GRIT: El Poder de la Pasión y la Perseverancia


AVE Barcelona-Madrid esta mañana a las 7,40. Bancos de niebla en Aragón y Castilla-La Mancha. Ya en la oficina, distintas reuniones de preparación de propuestas (Transformación Digital Cultural), grabación de vídeos sobre Liderazgo Innovador (el tema del próximo Foro Ecoómico Mundial en Davos, 17-21 enero 2017) para el Human Age Institute y atender a los medios, entre ellos L’Equipe, con motivo del libro ‘Mentalidad Ganadora’, que escribí en su día con Unai Emery. Como sabes, en la actualidad es coach del París Saint Germain. Mi gratitud al equipo de Comunicación que dirige Montse y mi felicitación a Natalia por su cumple.
He estado leyendo ‘GRIT. El Poder de la Pasión y la Perseverancia’ de Ángela Duckworth, uno de los libros del año. La Dra. Duckworth, profesora de la Universidad de Pensilvania, ha asesorado a la Casa Blanca, el Banco Mundial, equipos de baloncesto (NBA) y fútbol americano (NFL), así como empresas del Fortune 500.
Su tesis, probada científicamente, es que lo que marca la diferencia es el GRIT: Pasión y Perseverancia ante las Metas a Largo Plazo. Lo demuestra con los cadetes de West Point (14.000 solicitantes, aspirantes, 1.200 admitidos, 20% abandona) y con los Boinas Verdes (42% lo deja antes de acabarlo).
El GRIT consiste en tener una meta superior (Pasión) durante largo tiempo (Perseverancia). En 1926, Catherine Cox (Stanford) determinó las cualidades de los grandes triunfadores., basándose en 301 biografías. El CI importaba poco; la clave es la pasión (trabajar en objetivos lejanos, no mudar) y la perseverancia (fuerza de voluntad, no abandonar ante los obstáculos).
El GRIT se desarrolla, porque el componente genético en la perseverancia es del 37% y de la pasión el 20% (Robert Plomin, Londres, junio de 2015; véase Turkheimer, Petterson y Holm, “Hipótesis del fenotipo nulo”) “El GRIT se desarrolla a medida que descubrimos nuestra filosofía de vida, superamos rechazos y decepciones, y aprendemos a distinguir las metas de nivel inferior que debemos abandonar rápidamente de las de nivel superior que requieren de más tenacidad.” “Maduramos. O al menos la mayoría lo hacemos”.
Las cualidades psicológicas para cultivar el GRIT son cuatro:
1. Interés. “La Pasión surge al disfrutar con lo que haces”. Según Gallup (2014), 2/3 no se implican demasiado en su trabajo (no emplean demasiado su talento) y sólo un 13% realmente lo hace. Haz lo que te apasiona. “Uno de los mayores errores que cometemos es obligarnos a que algo nos interese” (Jeff Bezos, Amazon). Paul Silva, psicólogo de la emoción del interés, considera que es un “impulso básico”.
2. Práctica. “La disciplina diaria de tratar de hacer las cosas mejor que ayer”. Anders Ericsson nos enseñó el valor de las 10.000 horas de práctica deliberada (consciente). Se estudió por primera vez en ajedrecistas (Herbert Simon, William Chase, 1973) y después en músicos y atletas, aunque Peter Drucker lo había dicho para directivos: “La buena dirección requiere hacer una serie de cosas bastante sencillas. Consiste en una pequeña cantidad de prácticas” (The Effective Manager, 2006). En palabras de la gran bailarina Martha Graham: “Ser una bailarina consumada cuesta diez años”. El concepto de Flow (Fluidez) de Csikzentmihalyi: “estado de concentración absoluta que produce una sensación de espontaneidad”, ¿es incompatible con la práctica deliberada? En absoluto. “La práctica deliberada es para la preparación y la fluidez para la actuación”. Las raíces del conocimiento son amargas, pero sus frutos son dulces.
3. Propósito. “Tu pasión aumenta al estar convencid@ de que tu trabajo es importante”. Todos estamos hech@s para perseguir tanto la felicidad hedónica como la eudaimónica (me ha recordado la clásica definición de Felicidad de Aristóteles, “experiencia global de placer y significado”. Amy Wrzeniewski (Yale) ha constatado que sólo una pequeña cantidad de empleados considera su trabajo una vocación. Para ellos “mi trabajo hace que el mundo sea un lugar mejor”. GRIT y propósito parecen antitéticos. Adam Grant (Wharton) ha demostrado que a las personas que tienen intereses personales y prosociales les va mejor en la vida (Dar y Recibir, 2014). Tanto Adam como Amy se han centrado en “esculpir tu oficio”.  
4. Esperanza. “La esperanza es estar a la altura de la perseverancia”. En 1964, Marty Seligman y Steve Maier estudiaron la “indefensión aprendida”. El optimismo (inteligente) es importante. En Stanford, Carol Dweck ha destacado la importancia de la mentalidad (mindset), fija o de crecimiento (GRIT). Jennifer Chatman (Berkeley) ha demostrado que las empresas, en su cultura corporativa, también comparten una mentalidad u otra (HBR, noviembre 2014). Una mentalidad de crecimiento provoca en l@s emplead@s más confianza (un 47% más), innovación (49%), asunción de riesgos (65%). La mentalidad de crecimiento (ganadora) lleva a un diálogo interior optimista y éste a la perseverancia ante la adversidad. Es el vínculo entre la terapia cognitiva conductual (Aaron Beck) y la indefensión aprendida llevó al coaching para adquirir resiliencia.
Cultura del GRIT. Como ejemplo, Finlandia y la palabra “Sisu”: arrojo y coraje, ferocidad y tenacidad. Es el “espíritu finlandés”: “El finlandés es un tipo obstinado que se cree capaz de sacar lo mejor de la adversidad demostrando que puede con situaciones incluso peores”. Respecto al GRIT, la autora no ha encontrado todavía la U invertida de Aristóteles (el término medio) que Adam Grant aplica a la generosidad y Barry Schwartz a la extraversión. ¿Es el GRIT lo más importante? Para Ángela, no. es la ética (“el modo más inteligente de vivir”, José Antonio Marina).
      
El subtítulo del libro es ‘Lo más importante para tener éxito y ser feliz no es el talento’. Se refiere, claro está, al talento como un don innato, una fantasía poco real. En ‘La guerra por el talento’, tres excolegas de Ángela en McKinsey (Ed Michaels, Helen Handfield-Jones y Beth Axelrod) lo definían, allá por 1997, como “la suma de las aptitudes de una persona, sus dotes intrínsecas, habilidades, conocimientos, experiencias, inteligencia, juicios de valor, actitudes, carácter e ímpetu. También incluye su capacidad para aprender y crecer”. Como sabes, desde el Human Age Institute hemos definido el talento como “inteligencia triunfante”, como inteligencia en acción. Y se compone de Capacidad, Compromiso y Contexto. Por tanto, sin Pasión (lo que José Antonio Marina llama “motivación de inicio”) ni Perseverancia (“motivación de mantenimiento”), no hay Talento. El Talento, conviene recordarlo, no está antes (no es innato) sino después de la Educación (es cultivado).
Ángela Duckworth se hace eco de las críticas de Malcolm Gladwell a ‘La guerra por el Talento’ en su artículo del New Yorker ‘El Mito del Talento’ (22 de julio de 2002), con el ejemplo de los directivos de Enron. Críticas que compartimos. Si el Talento no se define apropiadamente, no puede gestionarse adecuadamente.

Gran libro. En la bibliografía, además de Dan Pink (Drive), Carol Dweck (Mindset), Robert Emmons (Gratitud), Walter Mischel (El test de la golosina, 2014), Martin Seligman (Aprenda Optimismo, 2011), novedades de David Brooks (The Road to Character, 2015), Peter Brown (Make to stick, 2014), Anders Ericsson (Peak, 2016), James Heckman (The myth of Achievement Tests, 2014) y Phillip Tetlock (Superforecasting, 2015). Puedes medir tu GRIT en http://angeladuckworth.com/grit-scale/ 

La canción de hoy, ‘Let me love you’ de Justin Bieber con DJ Snake: www.youtube.com/watch?v=SMs0GnYze34 Sonaba hoy en el entrenamiento deportivo con la gran Irma Valderrábano, la coach de CuerpoMente. Gracias por la sesión, fantástica.