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domingo, 30 de octubre de 2016

Umberto Eco: Una despedida digna de un gran maestro


Esta mañana de “veranillo de Halloween” (así es el cambio climático) hemos ido a ver ‘El contable’, una película recomendada por un amigo. Christian Wolff (Ben Affleck) es un contable que analiza los estados financieros de mafias y narcos, además de ser un asesino despiadado. Para variar, le contratan para revisar las cuentas de una empresa de nuevas tecnologías que va a salir a bolsa.
En realidad, se trata de un “western” (el héroe, los villanos) pasados por ‘Call of Duty’. El personaje interpretado por Ben Affleck es un autista (síndrome de Asperger) que nos resulta atractivo por su belleza. Una peli que no pasará a la historia del séptimo arte, con excelentes secundarios (J. K. Simmons, Anna Kendrik, John Lithgow, Cynthia Adai-Robinson) y un Affleck que se esfuerza por dotar de credibilidad al contable autista. 3 sobre 5 la otorgaron Roger Salvans en Fotogramas e Irene Crespo en Cinemanía.
Esta tarde he estado leyendo ‘De la estupidez a la locura’, el libro póstumo de Umberto Eco. Una selección de artículos publicados de 2000 a 2015, agrupados en quince secciones (la última da título al libro). A destacar: “Cuando yo era joven, había una diferencia importante entre ser famoso y estar en boca de todos. Muchos querían ser famosos por ser el mejor deportista o la mejor bailarina, pero a nadie le gustaba estar en boca de todos por ser el cornudo del pueblo o una puta de poca monta… en el futuro esta diferencia ya no existirá: con tal de que alguien nos mire y hable de nosotros, estaremos dispuestos a todo”.
Umberto Eco (1932-2016) escribe sobre la sociedad líquida (“Con la crisis del concepto de comunidad surge un individualismo desenfrenado, en el que nadie ya es compañero de camino de nadie, sino antagonista del que hay que guardarse. Este “subjetivismo” ha minado las bases de la modernidad, la ha vuelto frágil y eso ha dado lugar a una situación en la que, al no haber puntos de referencia, todo se disuelve en una especie de liquidez”), las invenciones, renacer en 1940 (“La vida no es más que una lenta rememoración de la infancia”), Twitter (“Tuiteo, luego existo”), la esperanza de vida (“No siempre el tiempo borra la belleza/ ni dejan marca lágrimas y afanes”, De Amicis), la fealdad y la belleza, Churchill (para la cuarta parte de los británicos es un personaje de fantasía, de ficción), los hackers (fundamentales para el sistema), el libro de texto como maestro, la utilidad de los profesores (“Todo el mundo es capaz de almacenar informaciones, si tiene buena memoria. Pero decidir cuáles vale la pena recordar y cuáles no es un arte sutil. Esa es la diferencia entre los que han cursado estudios regulares (aunque sea mal) y los autodidactas, aunque sean geniales”), el quinto poder, el dogmatismo, los móviles (“Hemos dejado de mantener relaciones cara a cara”), las conspiraciones y tramas, los medios de comunicación, el 11 M (“¿el público le hace daño a la televisión?”), James Bond (“shaken, not stirred”), el racismo, el odio y el amor, el derecho a la felicidad (en la Constitución de EE. UU.), la religión (idolatría e iconoclasia ligera), Halloween, la educación, los libros, Aristóteles (el primero en definir la metáfora, en la ‘Poética’ y la ‘Retórica’), mentir y fingir, el populismo mediático, los oxímoros conciliadores (“Mi sospecha es que el oxímoron ha ganado popularidad porque vivimos en un mundo donde, tras desplomarse las ideologías, nos debatimos ya solo entre soluciones contradictorias”) o si estamos todos locos. “Recelen de quienes les juzgan”.
Gracias, maestro, por esta crónica del Talentismo. Creo es difícil entender los mercados actuales, la “competición entre marcas” (comerciales, imanes de talento) sin tu ‘Tratado de Semiótica General’, tu ‘Apocalípticos e integrados’ y, por supuesto, sin ‘El nombre de la Rosa’. “El diablo no es el príncipe de la materia, el diablo es la arrogancia del espíritu, la fe sin sonrisa, la verdad jamás tocada por la duda”, “Nada hay en el mundo, ni hombre ni diablo ni cosa alguna, que sea para mí tan sospechoso como el amor, pues este penetra en el alma más que cualquier otra cosa. Nada hay que ocupe y ate más al corazón que el amor. Por eso, cuando no dispone de armas para gobernarse, el alma se hunde, por el amor, en la más honda de las ruinas”, “Los libros no están hechos para ser creídos, sino para ser sometidos a investigación. Cuando consideramos un libro, no debemos preguntarnos lo que dice sino lo que significa”.

La Banda Sonora de este domingo es ‘Crazy’ de Aerosmith: www.youtube.com/watch?v=NMNgbISmF4I “You drive me crazy, crazy, crazy for you baby/ What can I do, honey? I feel like the color blue.”

Ya en casa, he vuelto a ver en Netflix ‘Begin Again’ (2013), una película deliciosa sobre el Talento con Keira Knightley y Mark Ruffalo en estado de gracia. John Carney (1972), director y guionista de la cinta, tiene ahora peli en la cartelera: ‘Sing Street’. A ver si me da tiempo a verla (para los próximos días quiero dos españolas: ‘Tarde para la ira’ y ‘Que Dios nos perdone’).          

1 comentario:

privote lai dijo...


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