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domingo, 11 de septiembre de 2016

Placebo: el impresionante poder de nuestra mente

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Esta mañana Zoe ha marcado un gol impresionante en el partido de su equipo, el CD Tacón, contra el Rayo Vallecano. Se ha adelantado a la defensa, ha esperado a que se le acercara la portera rival y la ha batido por encima. Toda una alegría. Este encuentro era amistoso; la semana que viene empieza su Liga.
De la prensa de hoy, destacar a los habituales: José Antonio Marina, sobre “significantes vacíos” (ficciones como “indignados”, “por el cambio”, “mayoría de progreso”, “casta” o “patriotismo”, que Podemos utiliza siguiendo a Lacan, Laclau y Gramsci); John Carlin (“Dios está siempre del lado de los grandes batallones”, Voltaire, refiriéndose al poder de la Premier, que ya ha disfrutado del primer Mourinho vs Guardiola); Rosa Montero (Elogio del delirio: “El cerebro puede construir una percepción falsa de la realidad sin nosotros saberlo”). Mi gratitud a los tres. Ya sabéis que os admiro mucho.
He estado leyendo un libro importante, ‘El placebo eres tú. descubre el poder de tu mente’, de Joe Dispenza, autor de otro best-seller, ‘Deja de ser tú’. Profesor de la Universidad de Atlanta, es uno de los mayores divulgadores de neurociencia.
En el prólogo, el Dr. Dawson Church (‘El genio en tus genes’) se refiere a la “cadena de la causalidad” y a que moldeamos nuestro cerebro y nuestro cuerpo con nuestros pensamientos. Puede parecer increíble, pero así es. Lo llamamos “neuroplasticidad autodirigida” (SDN; Self-Directed Neuroplasticity, en inglés) y significa que nuestras emociones transforman lo que somos.
En 1986 el autor recibió su “toque de atención” para despertar. Tras un accidente, corría el riesgo de quedar paralítico si no se operaba. En su lugar, decidió centrarse en su curación y fijar su misión.  9’5 semanas después se había recuperado totalmente. El libro recoge varias historias en la misma línea.
“¿Y si creyéramos en nosotr@s mism@s en lugar de en algo exterior?”, se pregunta el autor. La clave está en el placebo, porque “la actitud lo es todo”. En la II Guerra Mundial, el cirujano Henry Beecher (Harvard) se quedó sin morfina… y administró jeringuillas con soluciones salinas. El resultado fue el mismo. En 1955, escribió sobre los placebos. En la década de 1770, el médico vienes Franz Anton Mesmer se dedicó con éxito al magnetismo, la hipnosis y la imposición de manos. En los 40 del siglo XX, Walter Bradford Canon (de Harvard, creador del “fight or flight”, lucha o huida) escribió sobre el “efecto nocebo” (placebo negativo). En la década de 1970, se demostró que un placebo libera endorfinas (analgésicos naturales del cuerpo). Es “el condicionamiento”, famoso por el fisiólogo ruso Iván Pavlov. “El cuerpo está condicionado a convertirse en mente porque los pensamientos conscientes ya no son los que tienen el control”.
Neurobiología del placebo: los placebos actúan aunque las personas sepan que lo son (Ted Kaptchuck, Harvard, 2010). Es el “efecto bombeo” de asociaciones almacenadas en nuestro cerebro. “Las personas de mentalidad positiva tienden a crear situaciones positivas y las de mentalidad negativa tienden a crear situaciones negativas”.
Solemos tener unos 60.000-70.000 pensamientos diarios, y el 90% son exactamente los mismos que los del día anterior. Por eso, nuestra biología sigue siendo la misma. Si cambiamos los pensamientos, cambian las decisiones, las conductas, las experiencias y los sentimientos… y nos transformamos. Puro y simple.
Nuestro cerebro es en más del 75% agua; en ese ambiente acuoso tenemos unas 100.000 millones de células nerviosas, las neuronas, conectadas entre sí por sinapsis. Cada neurona es una biocomputadora de 60 MB de memoria RAM. “Si el aprendizaje crea nuevas conexiones sinápticas, recordar es mantener esas conexiones”. Los pensamientos producen neurotransmisores (serotonina, dopamina, acitelcolina) que aumentan la cantidad de conexiones, afectando a la estructura física. Eric Kandel, premio Nobel de Medicina, demostró que cuando se crean nuevos recuerdos, las sinapsis se doblan (de 1.300 a 2.600). La neurorrigidez es pensar como siempre; la neuroplasticidad, mantener una mentalidad abierta. Pensar y sentir se dan al mismo tiempo.
Un hábito es “cuando tu cuerpo se convierte en mente”. El 5% de nuestra mente es consciente; el resto, subconsciente o inconsciente. Si diseñas el futuro que te gustaría, modificas tu cuerpo. Por el contrario, “al aferrarte fisiológicamente al pasado, estás previendo inconscientemente tu futuro”.
Hemos de “desmitificar” el ADN. No es algo fijo, inmutable, sino que las proteínas se crean o no según la información (pensamientos, sentimientos). La epigenética pesa más que la pura genética.
El estrés (físico, químico o emocional) nos hace vivir en estado de supervivencia. Emociones negativas. “En lugar de evitar emociones negativas como el miedo y la ira, intentemos sentir realmente emociones positivas como agradecimiento, alegría, excitación, entusiasmo, fascinación, asombro, inspiración, maravilla, confianza, aprecio, bondad, compasión y fortaleza para aprovechar cualquier ventaja con el fin de maximizar nuestra salud”. Por tanto, emociones elevadas (mentalidad de crecimiento) o emociones de supervivencia (egoísmo, mentalidad de defensa). La meditación nos ayuda a ser placebo.
Un libro muy útil en nuestras vidas. Mi gratitud al autor, que aprovecha los principios de la física cuántica y de la neurociencia para enseñarnos a reprogramar nuestro cerebro y nuestro organismo.
La canción de hoy, 'The Power of Love'. Hay varios temas con ese título, como el de Jennifer Ruch (www.youtube.com/watch?v=7lfbdJ-yecA) o el de Frankie goes to Hollywood (www.youtube.com/watch?v=NyoTvgPn0rU). Zoe prefiere el de Huey Lewis and the News, banda sonora de 'Regreso al futuro': www.youtube.com/watch?v=KCkgYhtz64U "That's the power of love".