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martes, 13 de septiembre de 2016

La carne y la buena suerte, en martes y 13

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Estupendo el día en Barcelona. Anoche cené en ‘El 3 Focs’ con mi amiga Teresa y hoy, almuerzo en ‘La consentida’, junto a la Plaza de Sarriá, con la coach y buena amiga Meritxell Obiols. Dos mujeres líderes impresionantes.
Esta tarde, reunión con María José Martín, DG de Right Management y ManpowerGroup Solutions, y mis compañeros mentores del Human Age Institute Álex Rovira y Fernando Trías de Bes, autores de ‘La buena suerte’. A un servidor los martes y 13 le traen, precisamente, buena suerte.
En La Vanguardia, Mayte Rius se refería a una serie de errores de madres y padres en el inicio del curso escolar:
- Estudiar con ellos. Ser madre y maestra a la vez crea conflictos y dependencia.
- Resolvérselo todo. Solventar sus descuidos dificulta su maduración.
- Focalizar todo en el estudio. Hacer de la formación el eje de la vida familiar daña la relación.
- Querer genios. Sobreestimular a menudo provoca el efecto contrario.
- Premiar las notas. El estímulo material desvirtúa y puede aumentar la frustración.
- Disfrazar la vagancia. Buscar trastornos detrás de los fracasos retrasa la madurez.
- Ejercer de detectives. El control absoluto de sus tareas suscita desconfianza.
- Usar el estudio como peaje. Las tareas escolares acaban entendiéndose como un castigo.
- Proyectarse en los hijos. Las expectativas no siempre se adecúan a las capacidades.
- No respetar la línea escolar. El modelo de los padres no garantiza el éxito hoy.
Puente aéreo de vuelta a Madrid. A medio camino, por tormenta y cierre de Barajas, hemos regresado a Barcelona. Todo un cisne negro.
He estado leyendo ‘La carne’, la última novela de Rosa Montero. Audaz, sorprendente, una de las más personales de la autora.
Comienza con: “La vida es un pequeño espacio de luz entre dos nostalgias: la de lo que aún no has vivido y la de lo que ya no vas a poder vivir. Y el momento justo de la acción es tan confuso, tan resbaladizo y tan efímero que lo desperdicias mirando con aturdimiento alrededor”.
Y nos regala frases como: “La mayoría eran un poco horteras, con pinta de guapos de discoteca o de animales de gimnasio”, “Nadie muere en realidad de amor (…) Sólo se muere de amor en las malditas óperas”, "Tal vez ella estuviera a punto de hacer el ridículo", “Al final todo acaba por desembocar en el amor. Y en el daño”.
Gracias por una novela tan especial.