Páginas vistas en total

viernes, 12 de agosto de 2016

John Cleese: Pasión por la Libertad

-->
Ayer, tren de Helsinki a Oulu (y de ahí a Rovaniemi, en total más de 700 kms) es estupendo: wifi potente, enchufes en sendos asientos, silencio y comodidad. En esas 6+2 horas, Zoe estuvo viendo en su móvil varias películas y un servidor escuchando The Carpenters, Thalia y ‘El sueño de Morfeo’ (Raquel del Rosario y su banda). Canciones como ‘Lo mejor está por llegar’ o ‘Depende de ti’ www.youtube.com/watch?v=CsOAykh1F4I: “No sé lo que esta vida me traerá,/ tan solo estoy seguro de que el tiempo/ es todo lo que tengo”; y leyendo la autobiografía de John Cleese (Monty Python), titulada ‘So, anyway’. Una frase muy suya.
Tuve el honor de compartir toda una jornada con el gran John Cleese hace más de dos décadas en Londres. Estuvimos codo a codo en una mesa redonda (de 8) escuchando al megagurú Tom Peters (era a principios de los 90 y tuve el privilegio de prologar su ‘Reinventando la Excelencia’ en castellano). Con Cleese estuve hablando de ‘Un pez llamado Wanda’, que había presentado en el festival de Valladolid.  A la hora del almuerzo, tras cinco horas de taller, el ponente se acercó a Cleese y le dijo: “Hello, I’m Tom Peters’, a lo que el humorista británico respondió: “I suppose”. Genio y figura.
John Cleese (1939) tuvo su primera aparición pública a los 8 años en el cole. Hijo de un tiránico vendedor de seguros (que cambió su apellido “Cheese” por “Cleese”) y de una señora que padecía “omnifobia”, se mudó ocho veces de casa en sus primeros 8 años de vida, lo que, junto a la falta de armonía entre sus padres, según los expertos predice un talento creativo.
John fue un chico espigado y enclenque, introvertido, al que se le daban bien el latín y las matemáticas y le gustaba el ping pong y el ajedrez. Recuerda con afecto sus años escolares en St. Peter’s. Estudió en Cliffton College, dio clases durante dos años en St. Peter’s (hasta julio de 1960) y cursó Derecho en Cambridge (varios de los peores de la Universidad terminaron siendo ministros de John Mayor 30 años después). “Lo que importaba allí era la reputación profesional”. Allí se aficionó al teatro (su tándem con Graham Chapman procede de aquellos años). Aceptó un empleo en BBC Radio escribiendo guiones para ‘Cambridge Circus’, fue de gira a Nueva Zelanda y trabajó en Nueva York (en el West End) seis meses.
La llamada más importante de su carrera profesional la recibió de David Frost para ser guionista y aparecer en The Frost Report (enero 1966). “Mi miedo disminuyó al 1% por show”. Frost le ofreció su propio espectáculo (‘Al fin el show de 1948’, una parodia por la lentitud en la toma de decisiones). En año y medio, más de 40 programas.
El libro acaba con la creación de los Monty Python en 1969. Cleese, Chapman, Terry Gilliam, Eric Idle, Terry Jones y Michael Palin grabaron ‘Flying Circus’ durante cinco años. Después hicieron varias películas (entre ellas ‘La vida de Brian’, de 1979) y Cleese la célebre ‘Una pez llamado Wanda’ (1988). Puedes escucharle en una charla en Google el pasado noviembre: www.youtube.com/watch?v=2-p44-9S4O0     

John Cleese nos enseña, con una finísima ironía, que hemos de tener mucho cuidado con quienes quieren imponernos su criterio, como mandatarios, como jefes, como pareja. Quienes, sutilmente o no, manejan nuestros temores y nos indican lo que tenemos que hacer. La tiranía es adictiva, para quien marca sus normas… y también para quien las recibe (Eisenhower decía que lo más seguro es una cárcel: te alimentan, te visten y te cuidan). Así, sin apenas darnos cuenta, nos convertimos en “perros de Pavlov” que obedecemos inconscientemente a cambio de seguridad, de salario (emocional) y/o de sexo. Cuando perdemos la íntima libertad, perdemos la mejor parte de nuestro ser. “La libertad es el alma del ser humano” (Robert Green).
La “banda sonora” del blog hoy es ‘Desde mi libertad’, en la versión de Ana Belén: www.youtube.com/watch?v=cnUEz9gm81I  

Mi gratitud a John Cleese, a Raquel del Rosario y a las luchador@s diarias por su propia libertad. 
Y hoy, de Rovaniemi (hogar de Papá Noel, capital de la Laponia finlandesa) a Lulea (se pronuncia "Lula", capital de la Laponia sueca, Patrimonio de la Humanidad desde hace 20 años). En Haparanda, Maarit, un "ángel" de la agencia de viajes ha arreglado el resto de la travesía hasta el martes. Mañana nos espera Narvik, la ciudad más al norte del mundo, a 4.500 kms de Madrid. Casi nada.