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jueves, 21 de julio de 2016

UnSelfie. La empatía de tus hijos como ventaja competitiva en un mundo egoísta


Hoy jueves hemos comenzado el coaching estratégico con el DG y el DRH (por separado, obviamente) de uno de los principales interproveedores de Mercadona, una compañía de enorme éxito. Les agradezco mucho que se hayan desplazado ellos a Madrid y no haya ido un servidor a la ciudad del Turia. Ya sabes, un/a directiv@ sin coach es como un/a deportista autodidacta: le será muy difícil ser competitiv@.
Después, Plan to Win (la comunicación del presidente a tod@s l@s profesionales del grupo, con carácter mensual), reunión-almuerzo sobre un proyecto interno de desarrollo del talento (agilidad-empowerment-colaboración) y visita por la tarde, con vari@s compañer@s, a la que será nuestra nueva sede corporativa en Madrid dentro de unos meses, que está en la Avenida de Burgos, 18 con vistas a la M30.
La lectura de hoy (en inglés) ha sido ‘UnSelfie. Why empathetic kids succeed in our all-about-me world’ (No Selfie. Por qué los niños empáticos tienen éxito en un mundo egoísta), de la psicóloga Michele Borba.
La tesis es muy sugerente. Los adolescentes tienen un 40% menos empatía que hace menos 30 años, por el “síndrome del Selfie” (yo, mí, me, conmigo). Las madres y los padres que ayuden a desarrollar la empatía de sus hijos les ofrecen una ventaja competitiva esencial en un entorno cada vez más egoísta.
Michele Borba lo llama “la ventaja oculta de la empatía” y cita a Henry David Thoreau: “¿Hay milagro mayor para nosotros que mirar a través de los ojos de otr@ por un instante?”. La empatía se fundamenta en un pilar: Todos somos humanos que compartimos los mismos temores e intereses, y merecemos ser tratad@s con dignidad. Lo que necesitan los chicos para ser felices y tener éxito es precisamente eso: empatía.
Las investigaciones demuestran que hay una caída de la empatía, un auge en la crueldad (el bullying ha crecido un 52% de 2003 a 2007; el ciberbullying se ha triplicado sólo en el año 2014), relajamiento moral (los valores han empeorado, según el 72% de los estadounidenses), la cultura de presión se ha vuelto epidémica (el estrés es mayor entre adolescentes que entre adultos).
¿Cómo se cultiva la empatía? “El ensimismamiento mata la empatía, y la compasión. Cuando nos centramos sólo en nosotr@s mism@s, el mundo se contrae y nuestros problemas se amplían. Cuando nos centramos en l@s demás, nuestro mundo se expande” (Daniel Goleman, Inteligencia Social). Hay nueve hábitos esenciales en los que educar a nuestros hijos:
1. Los chicos empáticos saben reconocer las emociones. Alfabetismo emocional (saber “leer” y “escribir” emociones). Vivimos en entornos interconectados (un 75% de chavales de menos de 8 años tienen un Smartphone o similar; de 8 a 18 años, la media de conexión diaria es 7h 38’). En los últimos dos años, la media de madres y padres que reconocen que socializan menos tiempo con sus hijos se ha triplicado (Centro para el Futuro Digital). Inconscientemente, planteamos diferencias de género (a favor de las hijas) en la identificación de las emociones. Tenemos que enseñar cara a cara, centrarnos en las emociones (nombrarlas, preguntarse, gestualizar), expresarlas… ¡Y cenar juntos!
2. Los niños empáticos poseen una identidad moral. Hemos de desarrollar en ellos un “código ético”. El narcisismo es epidémico en nuestro mundo. Hemos de generar en ellos una “disposición altruista”, desde el realismo, alienando el reconocimiento al carácter, usando nombres (ayudador) y no verbos (ayudar), evitando tentaciones, creando un mantra familiar que sea memorable.
3. Los niños empáticos entienden las necesidades de los demás. Se trata de instalar la perspectiva y de “aprender a andar en los zapatos de otros”. Perspectiva: marcar límites, pensar en consecuencias, expresar decepción y no enfado, poner atención en los demás.
4. Los niños empáticos poseen una imaginación moral. Hemos de enseñarles a leer cómo cultivar la empatía. Las pantallas reducen el placer de la lectura. Lancemos preguntas para estimular la imaginación y pasar del “yo” al “nosotros”. Muestra buenas referencias, películas para ver en familia, buenas novelas.
“Una de las bellas compensaciones de la vida es que nadie puede sinceramente tratar de ayudar a otro sin ayudarse a sí mismo”, Ralph Waldo Emerson.
5. Los niños empáticos mantienen la calma. Gestionar las emociones difíciles y dominar la auto-regulación. Identifiquemos los problemas, las emociones y las soluciones. El chico promedio ve hasta los 18 unos 200.000 actos de violencia en televisión y cine. Hemos de enseñarles a respirar (diafragmáticamente), a meditar/mindfulness, a mostrar gratitud.
6. Los niños empáticos practican la amabilidad. Ejercitar la compasión diariamente. Ser más amables les hace más felices. Hemos de definir bien qué es la amabilidad (para que la tengan en cuenta) y generar posibilidades. ¡La amabilidad es contagiosa!
7. Los niños empáticos piensan en “nosotros”, no en “ellos”. Fomentar el trabajo en equipo y la colaboración. Colaborar es unirse a personas con intereses distintos. Hoy hay poco recreo y poco patio. Se trata de crear dinámicas sociales que les ayuden: encuentros, roles, comunicación… Observar, hacer y repetir, hasta inculcar hábitos.
8. Los niños empáticos se atreven en su firmeza. Promover el coraje moral. Frente a la difusión de la responsabilidad, enseñarles que no deben ser meros espectadores de lo que ocurre. Enséñales responsabilidad social, da ejemplo, ofrece héroes, deja de rescatarles, nutre de valentía paso a paso.
9. Los niños empáticos quieren marcar la diferencia. Forja líderes altruistas que mejoren el mundo. En un mundo materialista en el que sobreprotegemos a nuestros hijos, hemos de inculcarles la mentalidad de crecimiento, enfatizar el esfuerzo y animar a practicar.
En el epílogo, Michele Borba aporta 7 formas creativas de dar a nuestros hijos lo que necesitan para triunfar: ser amistos@s, derribar barreras, dotarles de voz, jugar al ajedrez y otros juegos no tecnológicos, crear redes de apoyo de padres, establecer relaciones de atención y cariño, nunca rendirse. “La vida de un niño es un papel en blanco en el que cada uno deja una marca” (Proverbio chino).
Excelente libro. La empatía marca la diferencia.