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lunes, 16 de mayo de 2016

En un rincón del Alma. Apuntes de Neurofilosofía


Preciosa jornada festiva en Madrid y Cataluña. Día de viajes. Zoe ha salido esta mañana, a las 12,30 h., hacia Ginebra para seguir sus estudios en el SEK Los Alpes hasta que acabe el curso, el 21 de junio. Podremos celebrar San Juan juntos. Me maravilla lo bien que mi hija ha aprovechado estos cinco días para estar con sus amigas (y que su mejor amiga fuera a dormir a su casa), con su familia materna, con sus primas y tíos… y también con su padre. Ha sabido llevar todas sus prioridades afectivas con maestría, y me siento muy orgulloso de ello. Se lo agradezco muchísimo.
Alma. El soul es un género musical que nació en EE UU por los jóvenes afroamericanos en los 50 como combinación del godspel y del rythm & blues. Ritmos pegadizos, “diálogo” entre el/la solista y el coro, sonido vocial extremo. Sam Cooke, Ray Charles y James Brown fueron los pioneros. En 1967, Aretha Franklin (“la reina del soul”) y posteriormente el sonido Motown, Otis Redding, Barry White e incluso Michael Jackson o Whitney Houston. Se dice que el Soul finalizó con el asesinato de Marvin Gaye (Sexual Healing) en 1984. Del “neo Soul” me quedo con Amy Winehouse, Mariah Carey y Adele.
Ayer me compré un recopilatorio de los 100 mayores éxitos del Soul en versiones originales. Me ha gustado especialmente el ‘Never can say goodbye’ de la gran Gloria Gaynor: www.youtube.com/watch?v=CCSvNZWpXaM ¡Espectacular!
Sigamos con el Alma (precisamente Alma se llama la protagonista de ‘El Olivo’). En la portada de la revista ‘Mente y Cerebro’ de mayo-junio, ‘El concepto del alma. Presente en el imaginario colectivo, desaparece de la psicología’. Para el psicólogo y periodista  Steve Ayan, “el alma es una creencia útil”. Es un concepto con múltiples significados, que se refiere a la esencia inherente e inmortal del ser humano. “Creer en la existencia del alma ayuda a abordar temas que se encuentran más allá de nuestro poder imaginativo y reduce el miedo a la muerte”.
En un estudio de 2014, por Ulrich Weger (Universidad de Witten/Herdecke), en el WoK (Web of Knowledge, red de conocimientos), sólo 387 artículos contenían la palabra “alma” en tanto que 37.422 incluían “cerebro”. En las revistas de psicología se mencionaba en dos ocasiones. “La ciencia del alma” se ha convertido en una “ciencia sin alma”. Sin embargo, el 70% de los alemanes creen en la existencia del alma (30 puntos más que quienes creen que hay vida más allá de la muerte; 52 puntos más que en la reencarnación). Bruce Hood y su equipo de la Universidad de Bristol en 2012 demostraron que atribuimos un núcleo esencial y espiritual a los seres vivos. La filósofa Manuela di Franco (Cambridge) considera que cometemos el “error categorial” de conceder a algo incorpóreo las cualidades de un objeto (profundidad, espacio). El dualismo cuerpo-mente, desde Descartes: “Mi alma, por el cual soy lo que soy, es enteramente distinta de mi cuerpo”.
La creencia en el alma describe el modo que pensamos sobre nosotr@s mism@s. Por la “teoría de la limitación cognitiva” (Bering) no somos capaces de imaginar nuestra propia inexistencia. La “gestión del terror” también nos limita. En cualquier caso, la idea del alma nos ha acompañado desde las cuevas de Lascaux (se representaba como un pájaro hace 15.000 años), en la tradición hinduista y budista, en Pitágoras (“El alma es inmortal y migra de una forma de vida a otra”), en Sócrates y Platón (en su diálogo ‘Fedón o Sobre el alma’: es el “soplo vital”).
En la misma publicación, la filósofa Katja Crone (Universidad de Dortmund) comenta que “el constructo del alma ya no es necesario”. Es más, “la idea del alma es del todo prescindible”. Más que “desparición”, ella habla de “transformación”. La consciencia, para los filósofos actuales, es una cualidad de los estados mentales. ¿No cumple el alma una función moral, de hacer el bien? Para la profesora Crone, Kant negaba la existencia del alma (Crítica de la razón pura) y apelaba a la ética del deber: “Y si Kant podía vivir con esa contradicción, quizá nosotros también podamos”.
Aunque el alma pueda ser un concepto teológico, me gusta pensar en “personas que ponen el alma en lo que hacen”, en “lugares con alma”, en que no caigamos en la tentación de “vender nuestro alma al diablo” traicionando nuestros valores. Que “la metafísica o la teología tratan de demostrar la existencia del alma y sin embargo esa hipótesis resulte irrelevante para la psicología” ya lo enunció William James en la segunda mitad del siglo XIX.
También en ‘Mente & Cerebro’, la cafeína desajusta el reloj interno (Kenneth Wright, Colorado), los estereotipos influyen en la percepción sexual (Janet Hyde, Universidad de Wisconsin-Madison), las pausas breves favorecen el rendimiento laboral (Cindy Wu, Universidad de Texas en Baylor), la estimulación cerebral nos vuelve más indulgentes (Joshua Buckholtz, Harvard), con la edad nos volvemos en mejores autores de nuestra biografía (Christin Köber y Tilman Habermas, Universidad Goethe de Frankfurt), las oficinas colectivas generan más estrés por menor privacidad (Instituto Nacional de Salud Laboral en Copenhague, Universidad de Queensland en Brisbane, Universidad de Estocolmo, Universidad de Calgary): el concepto de “paisaje de oficina” es Eberhard Schnelle (1930-2005) en los 50; el “open space” hay que gestionarlo con cuidado. “En ningún lugar, excepto quizás en el cementerio, los desconocidos están tan juntos como en una oficina colectiva. Debes amar al prójimo como a ti mismo para que esta cercanía resulte soportable” (Kämmerling).
En Neurobiología, la revista reivindica el papel de las áreas parietales superiores del cerebro (“las grandes olvidadas”) que coordinan el cuerpo y el ambiente, trata del miedo en el cerebro humano (no solo es la amígdala), muestra qué nos hace humanos (la creatividad y la cooperación), señala los efectos del ejercicio (ayuda a desconectar, fomenta el bienestar, reduce el estrés) y del intestino en el cerebro (el microbiona influye en el desarrollo cerebral; hormonas, inmunoproteínas y microorganismos pueden estar involucrados). Y para concluir, ‘Una sucinta historia del alma’ por Christof Koch (Instituto Allen de Ciencias del Cerebro de Seattle).
Excelente número. He estado leyendo también el libro ‘La creación de una sociedad del aprendizaje’ de Stigliz y Greenwald (Columbia). Esperaba mucho más. El título es soberbio, la pretensión admirable (la nueva riqueza de las naciones es el talento; aprender es desarrollar el talento), pero el texto se refiere a políticas macroeconómicas (intervención gubernamental, control de los mercados, políticas hacia mercados incipientes, ganancias sociales y privadas). Hace más de 60 años, Robert Solow explicó que el progreso depende de la tecnología y el aprendizaje, y Kenneth Arrow analizó el aprendizaje endógeno. Sin embargo, comentan los autores, el avance social ha sido decepcionante. Hay fallos en el mercado asociados al aprendizaje, y la construcción de una sociedad dinámica es tarea de tod@s.
Canción de final del día: ‘En un rincón del alma’, esa maravilla de Alberto Cortez, en versión de David Bisbal: www.youtube.com/watch?v=-373JIuVHew (“En un rincón del alma/ me falta tu presencia/ que el tiempo me robó”).
Alma, corazón y vida.