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lunes, 28 de marzo de 2016

Calidad directiva y prosperidad empresarial

Comienzo la semana con muchísima energía después de una Semana Santa (en realidad, una especie de puente) en el que he descansado, he disfrutado de los amigos, he visto buenas obras de teatro (‘La puerta de al lado’, que he comentado en este blog, y ‘Sofocos plus’, escrita y dirigida por Juan Luis Iborra, con Miriam Díaz-Aroca, Teté Delgado, Elisa Matilla y Fabiola Toledo. Historias sobre la menopausia en las mujeres de 50 años en el tren, en un gimnasio, trabajando, en un supermercado, en el ginecólogo… Muy divertida) y mediocres pelis (La modista, Batman vs Superman), hemos ido a comer y cenar a sitios estupendos, etc. Nos aguarda un trimestre primaveral y fascinante, en el que lo mejor está por llegar.
En la prensa de ayer domingo, afortunadamente había varios artículos interesantes. En El País Negocios, Emilio Ontiveros (uno de los mejores economistas españoles, de quien me considero alumno hace más de 30 años y siempre) trataba la relación de la Calidad empresarial y la prosperidad. Se hace eco del trabajo reciente del FMI ‘The Future of Productivity’ (El futuro de la productividad): la difusión del conocimiento dependerá de las capacidades empresariales para captarla. Sí, “la calidad de la función empresarial, de la gestión, desempeña un papel central”. Por ejemplo, en las TIC de la cuarta revolución industrial. Tener buenos o malos empresarios y directivos no es neutral. El Dr. Ontiveros cita ‘Managerial Capital and Business R&D as Enablers of Productivity Convergence’ (Capital Directivo e I+D empresarial como palancas de la convergencia de la productividad), de D. Andrews y B. Westmore (OCDE, 2014). Al menos la mitad de la diferencia de productividad entre EE UU y Europa se explica por la calidad de los directivos. En la misma línea, el trabajo de N. Bloom, R. Sadun y J. V. Reenen, ‘Management as a Technology’ (La Gestión como Tecnología), con datos de 10.000 empresas de 30 países, demuestra que más del 25% de las diferencias de productividad entre naciones se explica por la calidad directiva. España no sale bien parada (mi admirado Emilio Ontiveros recoge el dato del World Management Survey 2014, en el que nuestro país es el 18º; menos mal que no se hizo eco del Foro Económico Mundial, que en “reliance of profesional management” nos concede el puesto 49º). Ontiveros concluye con una frase de Paul Krugman, “la productividad no es todo, pero a largo plazo es casi todo”. Sí, y la calidad directiva viene a ser el 60% de esa productividad. Por ello, de aquí al 2060 sólo se espera del PIB/habitante español que crezca un 15%.
También en las páginas salmón de ese diario, un artículo de Ramón Oliver sobre Gamificación, con opiniones de nuestro buen amigo Fernando Botella (que presenta su nuevo libro, El factor H, el próximo martes en Madrid): “Jugar es la forma de aprendizaje más rápida y con mayores niveles de anclaje y transferencia al día a día que tiene el ser humano. El juego nos permite entrar en territorios por los que normalmente no transitaríamos, se produce una simulación de la realidad que nos saca de la normalidad y eso hace que nuestra mente se abra”. En la misma línea, Pilar Jericó nos recuerda que cuando jugamos se activa el circuito cerebral de recompensa y Sergio Jiménez (ESIC) que es eficaz en programas de desarrollo. Fernando explica que la gamificación no tiene por qué ser un videojuego, sino que puede ser “un cómic, un juego de Lego o una pizarra y una tiza”.
La igualdad de género avanza a paso de tortuga. España es el país 25º, según el Foro Económico Mundial, en este apartado. 40’9% de la plantilla, 12’9% de la Dirección. Sólo 9 de las 190 consejeras son ejecutivas. David Fernández se refiere a las “consejeras estrella”: Isabel Aguilera (Indra, BMN y Oryzon), Belén Villalonga (Grifols, Acciona y Talgo), Rosa García (Acerinox, Bankinter), Amparo Moraleda (Caixabank, Airbus), Carina Spilka (Meliá, Grifols) y María Garaña (Liberbank, Nmasi).
También en El País, el artículo de Moisés Naím sobre los números del terrorismo: desde el 2001, los atentados han pasado de 2.000 a 14.000 y las víctimas se han multiplicado por nueve. El consumo resiste en China pese a la incertidumbre económica (Xavier Fontdeglòria, desde Pekín). Un interesante artículo de Fernando Savater, ‘Las torres gemelas’ (Seguridad y Libertad, pilares de nuestra democracia). Y un especial sobre este ‘Tiempo de Resiliencia’, con el ejemplo de Detroit (que ha pasado de 1’85 M a 0’7 M habitantes en 60 años) y una entrevista de Joseba Elola a Boris Cyrulnik: “Nadie sabe definir la felicidad”. Craso error: desde Aristóteles, sabemos que es una “experiencia global de placer y significado”. Sin embargo, concluye: “sabemos que la felicidad es un tricotar continuo; es el placer de vivir cotidiano; es un trabajo de todos los días, no es metafísico. La artesanía de la felicidad cotidiana se tricota día a día”. Eso, sí. Desde prácticas deliberadas.
En las páginas de Economía y Empresa de El Mundo, un análisis de los “fuerdai”, los niños ricos de la élite china (Javier Espinosa desde Pekín); hospitales del futuro en Toronto, Estocolmo y Madrid (Virginio Muñoz); la relación entre salarios y productividad (Rafa Navarro): hasta 1975, líneas paralelas y desde entonces la brecha se ha ido agravando) y cómo adaptarse hoy al trabajo de la próxima década (Montse Mateos y Tino Fernández). Además, una entrevista de Manuel Hidalgo con el filósofo Javier Gomá (Bilbao, 1965): “Vivimos en la mejor época de la historia de España”, “No se puede caer en el error de comparar a un chico tuitero o rapero con Shakespeare”, “En la transición fuimos libres, no elegantes… Los nuevos ricos no acertaron a ser virtuosos”. Gomá considera la mejor virtud la sociabilidad y el peor defecto la vulgaridad; admira a Alfonso X y a Cervantes y como tópico sobre España que de aquí “se esperan cocineros, cantantes o deportistas, no pensadores”. Nos falta buena conversación y nos sobran aguafiestas.
Y de las revistas que acompañan a estos periódicos, en el Semanal de El País, el valor del relato: ‘No lo explique, ¡Cuéntelo!’, por Gabriel García de Oro (nos propone el TED de Andrew Stanton sobre el método Pixar, ‘Las claves de una gran historia’, que no te debes perder: www.ted.com/talks/andrew_stanton_the_clues_to_a_great_story?language=es; desde Las mil y una noches a Toy Story). En PAPEL, Abraham Romero nos habla de Troy Carter que, tras trabajar con Will Smith, lanzó la carrera de Lady Gaga, y después invirtió en Uber, Dropbox, Spotify o We-Transfer. “Los españoles creen que tienen la verdad en la mano. La envidia es nuestro mal endémico. Ay, España, tan bonita y tan injusta” (Antonio Banderas, que vuelve a casa). “Antes los datos se extraían con tortura, ahora los cedemos voluntariamente a Facebook” (Ignacio Ramonet, profesor en la Sorbona, cofundador de Attac y director de ‘Le Monde Diplomatique’).

Mi gratitud a Emilio Ontiveros, Ramón Oliver, David Fernández, Moisés Naím, Xavier Fontdeglòria, Fernando Savater, Joseba Elola, Javier Espinosa, Rafa Navarro, Montse Mateos y Tino Fernández, Manuel Hidalgo, Gabriel García de Oro y Abraham Romero, por alimentarnos de información para la reflexión y el conocimiento.