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sábado, 9 de enero de 2016

No saber, para transformar la incertidumbre


He estado leyendo ‘Not Knowing’ (No saber), de Steven D`Souza y Diana Renner. Se conocieron estudiando Liderazgo en la Escuela Kennedy de Harvard; ahora, Steven es el director de la alianza FT/IE y Diana dirige el laboratorio Metta Leadership en Melbourne.
         La propuesta de los autores se divide en tres partes:
         I. Los peligros del conocimiento. Sí, “el conocimiento es poder” (Francis Bacon). Saber nos hace sentir seguros y valorados. Sin embargo, tendemos a considerar nuestro conocimiento como una propiedad a mantener (Nassim Nicholas Taleb). David Rock, el padre del NeuroLiderazgo, que amenazar nuestras certezas es para el cerebro como un ataque físico. Michael Gazzaniga (Universidad de California) llama “intérprete” a nuestra red neuronal en el hemisferio izquierdo que nos impulsa a buscar sentido y orden en todo. Por ello, hemos de ser prudentes, porque podemos estar “cegados por la confianza” (por ejemplo, el 94% de los profesores universitarios se considera por encima de la media). La especialización tiene sus límites (por el llamado “sesgo de anclaje” de la economía conductual). El poeta griego Archillochus divide a las personas en zorros (saben de muchas cosas) y erizos (saben mucho de una cosa). En sus predicciones, los erizos se equivocan más que los zorros. La pretensión del conocimiento (por ejemplo, respecto a la crisis económica) puede producir ceguera. Las expectativas sobre nuestro conocimiento están determinadas por nuestra infancia (Yiannis Gabriel, Universidad de Bath). Se aparenta que se sabe, hay obediencia ciega a la autoridad, el conocimiento evoluciona constantemente, vivimos en un mundo VUCA, pasamos de lo simple a complicado, a complejo y a caótico. “Es un acertijo envuelto en un misterio dentro de un enigma” (Churchill).
         II. En el límite. Diana y Steven se refieren a Finisterre: el camino de Santiago desafía expía el “pecado del conocimiento”. Miedo a ser incompetente, mentalidad fija (Carol Dweck), reacciones de pasividad y derrotismo, de parálisis por el análisis, pensamiento catastrófico (ponerte en lo peor), pasar a la acción, resistencia. Los artistas se sienten “como en casa” cruzando los límites. Los exploradores (como Edurne Pasaban, la primera mujer en escalar los 14 ochomiles) se plantean una montaña cada vez. Los  científicos se plantean la libertad de desviarse. Los emprendedores descubren lo que viene.
III. Capacidades “negativas”. Hemos de “vaciar la taza”, tener mente de principiante, pasar del control a la confianza, aferrarnos al propósito y a los valores (“nuestros valores nos ayudan a encontrar nuestro verdadero norte”, Bill George). Hemos de soltarnos, saber decir “no sé”, albergar dudas, trabajar la resistencia, cerrar los ojos para ver, observar, crear un espacio para el silencio, escuchar (Otto Shrmer, del MIT, distingue entre escucha de descarga, factual, empática y generadora, según el grado de profundidad), desafiar las suposiciones, desafiar a la autoridad, preguntar, improvisar, generar múltiples hipótesis, conectar diferentes perspectivas, asumir riesgos, explorar, experimentar, aceptar los errores, fracasar rápido, preguntarnos “¿Por qué no?”, asumir nuestra responsabilidad, hacer locuras y jugar, utilizar el humor, fomentar la curiosidad y la creatividad, mostrar vulnerabilidad desde la valentía, ofrecer compasión y empatía, solidaridad, fluidez, antifragilidad. Los autores citan a Antonio Machado, “Se hace camino al andar”.
Un libro interesante. Particularmente, no creo que el peligro sea el conocimiento en sí, sino la autocomplacencia de que uno lo sabe todo. En palabras de Sócrates, padre del coaching en Occidente (por su método, la mayéutica), “sólo sé que no sé nada”. La humildad es, ya sabes, la voluntad de seguir aprendiendo siempre.
Anoche estuve viendo en Yomvi ‘Amor sin control’ (Thanks for sharing), película de 2012 escrita y dirigida por Stuart Blumberg, con Mark Ruffalo, Gwyneth Paltrow, Tim Robbins, Pink, Josh Gad, Joely Richardson y Patrick Fugit. Tres sexoadictos comparten las mismas sesiones en plan “alcohólicos anónimos”. Un planteamiento interesante, buenos actores, un guión flojo, sin sorpresas. Una lástima; esperaba más.