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lunes, 31 de agosto de 2015

Ricki, la felicidad y la desigualdad


El fin de semana pasado Zoe y yo hemos ido a ver Ricki, por el atractivo de Meryl Streep, por supuesto, y también porque la dirige Jonathan Demme (‘El silencio de los corderos’, ‘Philadelphia’, ‘El mensajero del miedo’). Es la historia de Ricki Rendazzo (nombre artístico), que deja a su familia en Indiana para liderar una banda de rock en California. A petición de su exmarido Pete (Kevin Kline) porque la hija de ambos, que se acaba de divorciar, ha intentado suicidarse. La película se hunde porque la guionista, Diablo Cody (‘Juno’, ‘Young Adult’, ‘Jennifer’s body’, ‘United States of Tara’) se empeña en retratar mujeres renegadas.
Muy acertada la crítica (que he leído después) de Javier Ocaña, titulada ‘Desvergüenza narrativa’: http://cultura.elpais.com/cultura/2015/08/27/actualidad/1440691310_075083.html “La pregunta es si el empeño de la guionista Diablo Cody por contrastar dos modelos de vida americana no le ha llevado a componer el núcleo central de película, el de la visita de la protagonista a su familia, más idiota del cine reciente. No son agua y aceite sentimentales (el amor es ciego); son agua y aceite narrativos./ Porque no estamos ante un relato trascendente en el que el pasado sea eludido como figura retórica, como ejercicio de estilo, sino ante la más espectacular de las desfachateces sobre la esencia en el dibujo de personajes. Como es injustificable, no se hace la menor mención sobre el pasado, y punto. No sobre lo que no funcionó, que eso es fácil, sino sobre lo que sí funcionó durante bastante tiempo para que dos mundos tan antagónicos llegaran a estar unidos y a dar como fruto nada menos que tres vástagos. Es, pura y simplemente, caradura narrativa./ Cada una de las secuencias de ese eje central, casi una hora, empeora a la anterior: la actitud ante el suicidio, el dolor de la enferma, la cura a base de donuts y peluquería, la marihuana en el frigorífico, la reacción de la madrastra... Pasado al desastre, y como ya lo que estás deseando es escuchar a la gran orquesta de feria en la que toca Streep, el desenlace mejora con la boda. Salvo que te preguntes por qué se reconcilian.”
Más allá de si la Streep es capaz de interpretar a quien sea, la cinta es interesante porque Ricki, que vive su sueño, gana 445 $ a la semana como cajera de una especie de WalMart llamado Total Food, en tanto que su ex es un ejecutivo de marketing de una multinacional (la farmacéutica Lilly, por ejemplo) y se ha casado de nuevo con una chica de color, Maureen. En la película, por cierto, los afroamericanos no salen muy bien parados: hay una mención negativa sobre Obama (Ricki votó dos veces a Bush porque su hermano murió en Vietnam), su supervisor en el hipermercado es un joven que le reprende con una falsa sonrisa y varios invitados a la boda del hijo de Ricki y Pete, de clase alta, le critican.
Desigualdad. Tim Robbins, actor entrevistado con motivo de la última película de Fernando León de Aranoa, ‘Un día perfecto’ y que ha estado este verano en España con su versión de ‘El sueño de una noche de verano’, opina que “vivimos secuestrados por una minoría muy rica y muy poderosa que tiene en sus manos una inmensa maquinaria de propaganda para convencer a la gente de que lo que les conviene a ellos es lo mejor para todos. Ahora mismo, la lucha es entre el siglo XIX y el siglo XXI. Hay unos pocos millonarios que quieren seguir en el siglo XIX, pero al final perderán esa batalla.”  El reto, para Tim Robbins, es la desigualdad: “Los bancos quiebran y es la parte más débil de la sociedad la que carga con el sacrificio. Hay una parte muy importante de la clase media que está pasando a ser clase baja. Todo esto no tiene sentido porque el dinero que va a la clase media, y no a los ricos, es el que de verdad da vigor a la economía. Es el momento de pensar qué vamos a hacer con los pobres no solo porque es injusto, sino porque en cualquier momento puede estallar”. De Obama, como legado, quedará “que introdujo en la sociedad un deseo de cambio”. Y queda como esperanza el arte, con su poder de la emoción. “Como artista, tienes la capacidad de crear una empatía emocional con el público y generar una conexión que, en el mejor de los casos, puede ser transformadora”.
También el número de septiembre de Actualidad Económica trata sobre la desigualdad. “La desigualdad llevaba 30 años creciendo, especialmente en EEUU y GB. Todo el mundo lo sabía, pero se trataba de un debate académico, un asunto técnico” (Branko Milanovic, que ha sido economista jefe del Banco Mundial y ahora es profesor del City University en Nueva York). Esta autoridad mundial en desigualdad considera que la crisis la ha convertida en candente actualidad. “El contribuyente no entendió que se rescatara a los ricos”. En palabras de Adela Cortina, catedrática de Ética, “hemos llegado a un nivel de desigualdad que pone en peligro la democracia”. Cada año fallecen 1’5 M de personas en los países ricos por desigualdad de ingresos (Naoki Kond, U de Yamanashi).
La desigualdad se mide por el coeficiente de Gini, creado por Corrado Gini (1884-1965). En la Unión Europea, los menos desiguales son los países nórdicos (Noruega está en el 23’7%; Dinamarca, en el 28’1%) y en la cola estamos España (33’7%), Portugal (34’2) y Grecia (34’4%). Estados Unidos está en el 47%; por encima, México, Perú y Ecuador. Chile, Paraguay, Colombia y Brasil superan el 52%. China está por encima del 61% (la media mundial se sitúa en el 63) y Sudáfrica, Namibia, Comores y Seychelles están por el 65%.
El premio Nobel Paul Krugman ha puesto de manifiesto que desde 1975 en EE UU los sueldos de los percentiles 90-95 se han duplicado respecto a los medianos. Mientras el salario mínimo ha caído un 30% en términos reales, la retribución de la alta dirección se ha multiplicado por cuatro. Es un hecho (que recoge Miguel Ors en AE) que “los países desarrollados son hoy menos equitativos”. “Medir la desigualdad exige realizar determinadas opciones que no son neutras” (Antonio Villar, U Pablo de Olavide). Por ejemplo, utilizar el indicador de los “superricos” (1% de la población), que acapara en EE UU el 20% de la riqueza nacional, como ha denunciado Piketty. Su riqueza se reproduce al 5% anual, en tanto que la media es del 2%.
Según la encuesta de patrimonios de 120 países, cuando se analiza la renta por niveles y lo que ha sucedido con la riqueza de 1988 a 2008, aparece la “curva del elefante” (Milanovic, ‘Global Income Inequality by the numbers in History and How, 2012). Una larga trompa: las rentas del 1% más acomodado han mejorado un 60% en estas dos décadas. La mediana, un incremento mayor, del 70-80%. En los percentiles 50-60, los ganadores de la globalización: 200 M de chinos, 90 M de indios, 120 M de brasileños, indonesios, mexicanos y egipcios. Y “el tercio inferior también ha registrado avances significativos”. La gente que vive con menos de 1’25 $ diarios ha pasado del 44% al 23%. Entre 2002 y 2008, pequeño descenso de la desigualdad, aunque el Gini del mundo esté en el 70%.  Los grandes perdedores han sido los percentiles 75-90, justo donde arranca la trompa. Las clases medias europeas y norteamericanas (las “Ricki” de la película). “El tercer mundo se ha quedado con las tareas intensivas en mano de obra, lo que ha condenado al paro a millones de trabajadores poco cualificados” (Antonio Cabrales). El profesor Toribio (IESE) añade que la tecnología también juega: de 1915 a 1980, la educación avanzó más que la tecnología, lo que permitió igualar las rentas; desde entonces, la enseñanza redujo la producción de titulados. Globalización + revolución tecnológica: “Aunque la lucha contra la pobreza debe ser nuestra máxima preocupación, eso no significa que no deba importarnos la desigualdad, porque tiene consecuencias”.
En los 70, Arthur Okun lanzó ‘La gran disyuntiva’. O equidad o crecimiento. ¿Se mantiene? Aquí aparece el talentismo. Volviendo a Milanovic: “La principal razón de este cambio es la cada vez mayor relevancia del capital humano para el desarrollo. Cuando el capital físico era el factor decisivo, el ahorro y la inversión resultaban clave y era importante disponer de un contingente de ricos que podían apartar una proporción de sus ingresos mayor que los pobres”. Pero ahora se necesitan ciudadanos bien formados, “algo difícil en una sociedad que no reparte bien su renta”. La relación entre desigualdad y crecimiento es difícil de medir, apunta Pijoan. Porque en la justicia social hay dos variables: “La expectativa de ganar mucho dinero incentiva el trabajo y la inversión en educación, y las sociedad que toleran esas diferencias crecen más. Por el contrario, la desigualdad de oportunidades provoca una mala asignación de capital humano, porque quienes acceden a las becas, a los puestos de dirección o a los créditos no son por lo general los más inteligentes ni los más preparados” (Gustavo Marrero, U de La Laguna). Con su colega Juan Rodríguez (UCM) han analizado 26 estados de EE UU y llegado a la conclusión de que la igualdad de oportunidades favorece el crecimiento. Conclusión: “Los gobiernos deben nivelar el terreno de juego y dejar que todos compitan a base de trabajo y talento y generen desigualdad de la buena”.
La redistribución es como las drogas: según la dosis, cura o mata. Reduce las diferencias, pero puede desanimar al talento. El gasto social debe ser inteligente: por ejemplo, ayudar al talento femenino, porque tiene baja igualdad de oportunidades.
Gaetan Lion (2012) ha demostrado que no hay, a nivel mundial, correlación entre Gini y crecimiento del PIB. La hay negativa (a Gini más bajo, más crecimiento) en países en vías de desarrollo, y positiva (a más desigualdad, más crecimiento) en los países desarrollados. El sociólogo Zygmunt Bauman, premio Príncipe de Asturias, afirmó en febrero de 2014 en la Fundación Rafael del Pino que el coeficiente de Gini debería ser el nuevo PIB.  
Sí, la desigualdad es enorme. Pero millones de asiáticos, iberoamericanos y africanos (4/5 de la humanidad) han salido de la miseria a costa de la clase media occidental. Ors concluye: “Ese es el gran desafío: lograr que las instituciones funcionen imparcialmente, no solo las laborales, sino las educativas y las financieras, para que los empleos, las becas y los créditos se asignen en función del talento, y no de la pertenencia a grupos de edad, lobbies o clases sociales”.
La igualdad “mala” es el “café para todos”, que desemboca en una pesadilla totalitaria como la de la Venezuela actual. La buena es la equidad, que ya definió Aristóteles como “tratamiento desigual de situaciones desiguales”. Igualdad ante la ley, igualdad de oportunidades, distinto empleo del talento de cad@ un@.

Gracias a Miguel Ors Villarejo por su magnífico artículo, a los profesores Branko Milanovic (excelentes sus libros ‘Los que tienen y los que no tienen’ y ‘La era de las desigualdades’), Villar, Marrero y Rodríguez.

domingo, 30 de agosto de 2015

Talento y Crisis migratoria. Una Europa demasiado lenta


Me preocupa especialmente este último, porque es un triste síntoma de falta de Liderazgo en la UE. Se ha desequilibrado Siria, más de 4’5 millones de personas han huido del conflicto, las mafias se aprovechan de ello y nuestra comunidad de naciones reacciona tarde o nunca, lo que es éticamente muy reprobable.
Ayer publicaba Luis Ayllón el artículo ‘Una Europa demasiado lenta’. Es el siguiente: http://abcblogs.abc.es/luis-ayllon/public/post/una-europa-demasiado-lenta-16391.asp/
“Hace menos de un año, la entonces comisaria europea de interior, la sueca Cecilia Malmstrom, puso el ojo sobre la actuación de las Fuerzas de Seguridad españolas en la frontera de Melilla. Aquellos asaltos a la valla no eran nada para lo que está sucediendo ahora en otros países de Europa, pero la comisaria no encontró un minuto para pasarse por allí y ver sobre el terreno lo que sucedía.
Los dirigentes europeos del Norte sólo han comenzado a sensibilizarse con la presión migratoria que sufrían los del Sur, hasta que las mafias que trafican con seres humanos han encontrado resquicios para introducir refugiados por el centro de Europa. Antes, han tenido que morir miles de personas en el Mediterráneo mientras la Unión Europea seguía dando muestras de su lentitud  la hora de tomar decisiones. Y aún ahora se escandalizan de las actuaciones de la Policia de Macedonia o del muro que construye Hungría en su frontera con Serbia ante la avalancha de personas que les llega huyendo de la guerra.
Es verdad que no está en la mano de la UE resolver por sí sola el problema migratorio, porque resulta esencial actuar en los países desde donde parten quienes buscan entrar en Europa. Eso, en lugares como Siria, Irak o Libia no es hoy viable, aunque sí ha dado resultado en algunos africanos.
Sin embargo, las crisis que periódicamente afectan a distintas partes del mundo, suelen destapar las vergüenzas de la UE, incapaz de tomar decisiones rápidas o de lograr ponerse de acuerdo ni en asuntos migratorios, ni en temas económicos, ni en cuestiones de política exterior o de seguridad. Pese a que el club ya reúne a 28 Estados deseosos de caminar juntos, los miembros de la UE siguen pensando en claves nacionales más que europeas y, así,  resulta difícil avanzar.
Las convocatorias urgentes de Consejos Europeos terminan convirtiéndose en parches para tratar de paliar los problemas que se presentan, como se ve en las crisis migratorias. Y los resultados suelen ser los que marcan los pesos pesados de la Unión, mientras al presidente del Consejo Europeo, cuyo nombre la inmensa mayoría de ciudadanos europeos no conoce, no le queda más remedio que plegarse a sus decisiones.
Cuando decimos que falta Liderazgo, ¿a qué nos estamos refiriendo? Ya sabes que liderar es esencialmente marcar la pauta, hacer equipo e infundir energía.
Marcar la pauta le cuesta un mundo a la UE por el dilema, que expresara Ulrich Beck, de “una Alemania europea o una Europa alemana” (http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2013/05/una-europa-alemana.html). La crisis ha erosionado las democracias europeas, que prefieren seguir la “lógica del riesgo” (del miedo) que la de las democracias. Desde el poder burocrático y con el pavor al populismo (que simboliza Ziriza), se ha optado por “la estrategia del rehusar, del no hacer, de no invertir”. Beck escribió: “Alemania se ha convertido en un país demasiado poderoso como para permitirse el no tomar decisiones”. Es como ese Bayern (tan querido por grandes amigos) que domina su Bundesliga pero no llega a la final de la Champions. Ulrich decía que su país ha pasado del “lastre de la historia” al “lastre de la maestría”, enseñando a ese Sur cigarra y no hormiga a ser más austero (nuestro país, que en realidad no ha cambiado de modelo productivo, cuya calidad directiva es baja y que no ha adelgazado el peso del Estado, pasa por alumno aplicado). Si Merkel es la líder de esta Europa, que tome las riendas de una vez y no nos engañemos con cargos de cuyo nombre ni nos acordamos, que no tienen influencia real.
Cada país de la UE va a lo suyo porque sus gobernantes son elegidos en elecciones generales y el coste de la solidaridad, más allá del discurso, les parece mayor que los réditos del egoísmo nacional. Estrechez de miras. En el mundo actual, la falta de sinergias de la Comunidad Europea está convirtiendo esta parte del mundo en un museo frente a la pujanza de BRICS y compañía.
Y finalmente, la evanescencia del “sueño europeo” (Jeremy Rifkin). ¿Dónde está la ilusión? ¿Cómo conseguir que los jóvenes se involucren en el proyecto? Asistimos a la paradoja de que los refugiados tienen más ganas de pertenecer y vivir en la Unión que los que aquí nacieron.
Parece que olvidamos que hace 70 años, durante la II Guerra Mundial, 50 Millones de europeos se exiliaron voluntaria o forzosamente, que durante el régimen nazi huyeron 500.000 alemanes y tras nuestra guerra civil 500.000 compatriotas y que después de la IIGM, Alemania se recuperó espectacularmente en buena medida por los tres millones de inmigrantes provenientes de la Europa mediterránea (Francia recibió 2’5 M, Reino Unido dos millones y Suiza un millón). Si vamos más atrás, de 1870 a 1930, EEUU recibió a 27 M de europeos, Argentina más de 6 M. Brasil más de 4 M, Canadá 4 M, Cuba 610.000 y Uruguay medio millón.
Estoy con Joshcka Fisher, de quien hablaba en ‘Del Capitalismo al Talentismo’ y que se ha referido a este momento como “Parálisis migratoria”. Este es su artículo de hace cuatro días (ww.caffereggio.net/2015/08/26/paralisis-migratoria-de-joschka-fischer-en-el-pais/)
     Durante muchos siglos, Europa fue un continente plagado de guerras, hambrunas y pobreza. Millones de europeos se vieron obligados a emigrar por una privación económica y social. Cruzaron el Atlántico en barco hasta Norteamérica y Sudamérica, y llegaron a lugares tan lejanos como Australia, huyendo de la miseria y buscando una vida mejor para ellos y para sus hijos.
Todos ellos, según la terminología del actual debate sobre inmigración y refugiados, eran “migrantes económicos”. Durante el siglo XX, la persecución racial, la opresión política y los estragos de dos guerras mundiales se volvieron causas predominantes de la huida. Hoy, la UE es una de las regiones económicas más ricas del mundo. Durante décadas, una mayoría de europeos ha vivido en Estados democráticos pacíficos que defienden sus derechos fundamentales. La propia miseria y migración de Europa se han vuelto un recuerdo distante (si no completamente olvidado).
Y, sin embargo, muchos europeos se sienten amenazados una vez más, no por Rusia, que presiona para expandirse a costa de sus vecinos, sino por los refugiados y los inmigrantes —las personas más pobres del mundo—. En tanto cientos de personas se ahogaron en embarcaciones en el mar Mediterráneo este verano (boreal), se empezaron a escuchar voces en casi todos los rincones de Europa, 26 años después de la caída de la cortina de hierro, que reclaman aislamiento, deportaciones masivas y la construcción de nuevos muros y cercos. En Europa, la xenofobia y el racismo declarado avanzan descontroladamente, y los partidos nacionalistas, incluso de extrema derecha, están ganando terreno.
Al tiempo, este es sólo el comienzo de la crisis, porque las condiciones que llevan a la gente a huir de su tierra natal no harán más que empeorar. Y la UE, muchos de cuyos miembros tienen los sistemas de bienestar social más grandes y mejor equipados del mundo, parece sentirse abrumada por esta crisis, política, moral y administrativamente. Esta parálisis crea un riesgo significativo para la UE. Nadie cree seriamente que los Estados miembros individuales —particularmente Italia y Grecia— puedan superar por sí solos los desafíos planteados por la migración.
Existen tres causas detrás de la migración a Europa: el continuo malestar económico de los Balcanes occidentales; la agitación en el gran Oriente Medio, y las guerras civiles y conflictos de África. La intensificación o expansión de la guerra en el este de Ucrania rápidamente podría convertirse en una cuarta causa de fuga. En otras palabras, toda la inmigración que Europa enfrenta hoy en día está arraigada en las crisis agudas de su propio vecindario. Y, sin embargo, es poco lo que la UE puede hacer para abordar cualquiera de ellas. Dada su debilidad en materia de política exterior, Europa sólo puede tener un impacto menor en las guerras y conflictos que asuelan a África y Oriente Medio (aunque su influencia, por más pequeña que sea, debería utilizarse y desarrollarse). Los Balcanes occidentales, en cambio, son una historia diferente. Croacia ya es miembro de la UE; Montenegro y Serbia han comenzado las negociaciones para serlo; Albania y Macedonia son candidatos de accesión, y tanto Bosnia y Herzegovina como Kosovo son candidatos potenciales.
Por qué la UE no se ha involucrado más en los Balcanes occidentales sigue siendo el secreto de la Comisión Europea y los Estados miembros. El resultado absurdo, sin embargo, es que los ciudadanos de los países candidatos de la UE son objeto de procedimientos de asilo, porque no existe para ellos ninguna posibilidad de una inmigración legal a la UE.
La crisis de refugiados de este verano resalta otro problema estructural: la demografía. En tanto las poblaciones europeas envejecen y se achican, el continente necesita de la inmigración. Sin embargo, muchos en Europa se oponen férreamente a la inmigración, porque también implica un cambio social. A la larga, los responsables de las políticas tendrán que explicarle a su pueblo que no se puede tener prosperidad económica, un alto nivel de seguridad social y una población en la que los pensionados representan una carga cada vez mayor para la población económicamente activa. La fuerza laboral de Europa debe crecer, apenas una razón por la cual los europeos deberían dejar de tratar a los inmigrantes como una amenaza y empezar a verlos como una oportunidad.”

Efectivamente, el talento que viene de fuera es una oportunidad y no una amenaza. La miopía al respecto es clara ausencia de Liderazgo.
Mi gratitud a los emigrantes, que valientemente salieron de su país en busca de una vida mejor. Todos tenemos ejemplos en nuestras familias. 

sábado, 29 de agosto de 2015

En el centenario de la más bella


Hoy se cumplen 100 años del nacimiento de Ingrid Bergman nacida en Estocolmo y fallecida, también un 29 de agosto, de 1982 en Chelsea. La segunda actriz con más Óscar (3), tras Katherine Hepburn (4) e igualada con Meryl Streep. Hija de un fotógrafo sueco y de madre huérfana, quedó huérfana de madre a los 2 años y de padre a los 12 años, con lo que tuvo que irse a vivir con su tío, que no quería que fuera actriz (aún así, ella estudió en la mejor institución del país, durante tres años) y solo le dejó hacer una prueba. Fue definitiva.

El pasado miércoles, Elvira Lindo publicaba un precioso artículo sobre la que llamaba ‘La más bella’: http://elpais.com/elpais/2015/08/25/estilo/1440520139_154078.html “Ingrid Bergman tenía el aspecto de alguien que disfruta de su oficio, de la comida y del amor”.
“Tengo en mis manos un álbum familiar. La vida en fotos de una de las mujeres más bellas del siglo XX. Una historia que comienza en Estocolmo, con la imagen de un bebé en 1915, y termina con el primer plano de una anciana de 67 años en Londres. Es Ingrid Bergman: desde que la fotografiara su padre en el próspero estudio que tenía en Suecia, donde posaba con fantasiosos disfraces; pasando por su estreno como actriz en Suecia; gozando de la condición de estrella en Hollywood y más tarde, viviendo su destierro italiano por haber desafiado la moral de la industria, al unirse, estando casada, a Roberto Rossellini.
Al cabo de los años, después de que los medios de cotilleo americanos se empeñaran en definir la vida de la actriz en Italia como desgraciada, cuando no lo fue, Ingrid volvió a Los Ángeles para recibir un Oscar, y como escribe Liv Ullman en el prólogo de este libro: salió al escenario, recibió su premio con el público puesto en pie, pero no se inclinó ante ellos. A Life in Pictures, 385 fotos ordenadas por su hija Isabella, muestran la vida de una mujer dueña de su destino. Mucho se escribe en estos días sobre esas actrices que, llegadas a la edad en que la industria deja de quererlas (o que las cataloga como unfuckable), se ven forzadas a intervenir su cara, aunque más que volver a la juventud sólo consigan parecerse a otras mujeres maduras operadas. 
Pero la rebeldía de Ingrid no se mostró solamente en los años de madurez. Cuando llegó a Hollywood los estudios proyectaron convertirla en una belleza asumible por los supuestos gustos del público. No se dejó. Su piel era luminosa; su cuerpo, real; tenía el aspecto de alguien que disfruta de su oficio, de la comida y del amor. Poseía un aire saludable de muchacha de campo, era grande y carnal. Sólo una base de maquillaje aplacaba unos mofletes demasiado ardientes. Su ejemplo para muchas mujeres no debiera ser cómo consiguió envejecer con dignidad, sino su determinación para atravesar los años asumiendo el atractivo que confiere cada etapa de la vida.”
Según el America Film Institute, Ingrid Bergman es la 4ª actriz leyenda de la pantalla (tras Katherine Hepburn, Bette Davis y Audrey Hepburn). En 50 años, 48 películas (entre ellas, ‘Casablanca’, ‘Por quién doblan las campanas’, ‘Luz que agoniza’, ‘Juana de Arco’, ‘Stromboli’, ‘Anastasia’ o ‘Asesinato en el Orient Express’), 11 obras de teatro, 7 en televisión. Trabajaba en sueco, alemán, inglés, italiano y francés y actuó en Suecia, Alemania, EE UU, Canadá, Inglaterra, Italia, Francia, España e Israel.

En 1948, la Bergman envió al director italiano Roberto Rossellini una de las cartas más famosas de la historia del séptimo arte: “Querido Sr. Rossellini: He visto sus cintas Roma, ciudad abierta y Paisá y las he disfrutado mucho. Si usted necesita una actriz sueca que habla muy bien inglés, que no ha olvidado su alemán, que no entiende mucho de francés y que en italiano sólo puede decir ti amo, estoy lista para viajar y hacer un filme con usted. Ingrid Bergman". La actriz ya tenía un Óscar, había protagonizado ‘Casablanca’ y había rodado con Cary Grant (romance incluido) ‘Recuerda’ de Hitchcock, con diseños de Dalí. Estaba casada con un dentista que la había acompañado a Hollywood y tenía una hija. La respuesta de Rossellini fue: “Acabo de recibir con gran emoción su carta que, por coincidir con mi cumpleaños, se ha convertido en el regalo más precioso. Ciertamente he soñado en rodar una película con usted y desde este momento me esforzaré en que sea posible. Le escribo una larga carta comunicándole mis ideas. Con mi admiración acepte, por favor, mi gratitud y mis cordiales saludos”. El film fue ‘Stromboli’, en el que estaba previsto que actuara Anna Magnani (amante de D. Roberto hasta la fecha). La conoció en Nueva York (el director recogía un premio) y posteriormente declaró: “Cuando estuve frente a ella, me pareció más hermosa de lo que había imaginado, la mujer más hermosa que había visto en mi vida. Sin maquillaje. Era más guapa al natural que en la pantalla. Resplandecía. La cámara jamás podría captar ese resplandor”. Cuando empezó el rodaje en las islas Eolias, ya había romance. La peli fue un fracaso y las cartas que les llegaron fueron atroces (solo Hemingway les apoyó). Nació el pequeño Roberto y una semana más tarde el Sr. Rossellini se divorció. En la primavera de 1950 ambos se casaron en México. El matrimonio duró siete años: un total de seis películas y tres hijos. La actriz que, según Hitchcock, “solo quería rodar obras maestras” (con él rodó tres cintas y fue una de sus primeras rubias), estaba harta de tanto fracaso comercial. Se casó por tercera vez, con un empresario teatral de origen sueco. Hollywood la recibió como a una hija pródiga, otorgándole dos estatuillas más en 1957 y 1974 (todavía sería candidata en 1982, séptima nominación, por ‘Sonata de otoño’).
Como curiosidades, ganó un Emmy póstumo haciendo de Golda Meir (fue a Israel a documentarse); como era más alta que Bogart, en las escenas juntos en ‘Casablanca’ él estaba sobre un taburete y protagonizó con Cary Grant en ‘Encadenados’ uno de los besos más largos de la historia del cine.
De ella es la famosa frase: “El secreto de la felicidad es tener buena salud y mala memoria”. Animaba a entrenar la intuición, a no arrepentirse de nada y definió mejor que nadie lo que es un beso (“un beso es un delicioso truco diseñado por la naturaleza para dejar de hablar cuando las palabras se vuelven superfluas”) y lo que significa envejecer (“es como subir a una montaña: vas perdiendo el aliento pero la vista es mucho mejor”).

Mi pequeño homenaje a la actriz más bella ha sido volver a ver ‘Casablanca’ (una de mis películas favoritas, junto con ‘Laura’ y ‘El hombre tranquilo’). Siempre nos quedará París. Y una deliciosa entrevista de 12 minutos que le hicieron en 1973, a los 58 años. www.youtube.com/watch?v=OIE4KGFLGQE ¡Qué señora! ¡Qué personalidad!