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martes, 29 de diciembre de 2015

El maestro ignorante


Comienza la segunda parte de la Navidad 2015, en Madrid con mis grandes amigos (mis “hermanos venezolanos”) Nelson y Myrna.
Después de llegar ayer de Holanda, hoy en Soria para pasar la jornada con el excelente equipo de la Fundación Trilema, ver la película ‘Profes. La buena educación’ (tenía muchísimas ganas) y compartir con excelentes maestros y con la Fundación que está a la vanguardia de la mejora de la calidad docente en España algunas reflexiones sobre el Talento, la Tecnología y la Sociedad. Mi profunda gratitud a Carmen Pellicer, a Ana Agud y a todas y cada una de las personas que forman Trilema. Sois un gran ejemplo de “Quijotes” por un futuro mejor.
         La lectura de ayer, en el avión de Ámsterdam a Madrid, fue ‘The ignorant maestro’ (El maestro ignorante) de Itay Talgam. El maestro Talgam (Tel Aviv, 1958) es director de orquesta y durante más de dos décadas ha compaginado su liderazgo musical con conferencias a empresas. Licenciado en Filosofía por la Universidad Hebrea de Jerusalén, estudió piano y tras servir en el ejército de su país, siguió estudios de dirección con Leonard Bernstein en Fontainbleu. Debutó en 1987 con la Orquesta de París, ha sido el primer israelí en dirigir la Filarmónica de San Petersburgo y la Ópera de Leipzig y en su país ha conducido la mítica IPO (Israel Philarmonic Orchestra), la Nueva Ópera de Israel, la Sinfónica de Jerusalén o la Orquesta de Cámara de Israel.
Atención a su TEDGlobal 2009 ‘Liderar como los grandes directores de orquesta’, con más de dos millones de visitas: www.ted.com/talks/itay_talgam_lead_like_the_great_conductors?language=es En el libro, parte de la figura icónica del director de orquesta como símbolo del Liderazgo, y nos provoca con un par de ideas poderosas. La necesidad de “cubrir los gaps” como líderes, aprovechando las oportunidades, y pasar de ser “conferenciante principal” (keynote speaker) a “escuchador principal” (keynote listener). Escuchar con atención como clave del liderazgo.
¿Qué hace el director (la directora, en el caso de grandes talentos artísticos como Inma Shara)? Difundir felicidad. Ya sabes, de jefes a GeFes, generadores de felicidad. La música es un lenguaje universal, y el instrumento que “toca” el director es la orquesta en su conjunto, como un todo.
Itay Talgam utiliza a seis grandes directores como ejemplos de Liderazgo: el “comandante” Ricardo Muti (1941), el paternal Arturo Toscanini (1867-1957) fruto de la época de los dictadores, el tranquilo Richard Strauss (1864-1949), el gurú Herbert Von Karajan (1908-1989), el “bailarín” Carlos Kleiber (1930-2004) y el maestro del diálogo Leonard Bernstein (1918-1990).
Como sabes, el estilo de Liderazgo es propio de cada un@ y se compone de siete “actividades de liderazgo”: mandar, gestionar, cohesionar, participar, orientar, entrenar y representar (las mejores prácticas). Muti, Toscanini, Strauss, Karajan, Kleiber y Bernstein eran más de gestionar, mandar, cohesionar, orientar, participar y entrenar respectivamente. Y todos pusieron en valor su liderazgo.
Talgam cita un antiguo proverbio: “Si miras al cero, verás el cero. Pero si miras a través del cero, verás el infinito”. El autor toma el concepto (y así lo señala) de ‘The ignorant schoolmaster (El profesor ignorante). Cinco lecciones de emancipación intelectual’, de Jacques Rancière (Stanford University Press, 1991): http://abahlali.org/files/Ranciere.pdf Rancière toma a su vez la idea del pedagogo Joseph Jacotot (1770-1840), que desarrolló el método de educación “panecástica”. Rancière escribe: “El método socrático del cuestionamiento que busca que el/la estudiante lidere su propio conocimiento es de hecho el método de un auténtico maestro”. Saber es la mitad de la historia; la otra mitad es admitir la ignorancia. Si no, ¿cómo vivir en la curiosidad, la apertura de miras, el pensamiento crítico, la delicia del descubrimiento?
Ya nos lo enseñó Sócrates: “Solo sé que no se nada”; así destaca la platónica “belleza del Alma” que Aristóteles contribuyó a cultivar mejor que nadie. Por eso José Antonio Marina propugna que a los profesores empecemos a llamarles “entrenadores”. Me apunto.
Rancière, y Jacotot antes que él, ligaban la educación a una comunidad humana equitativa. Cada persona es dueña de su destino, en la medida que aprende lo que desea. “La equidad no se da, no se pide; se practica, se verifica”. En opinión de estos pensadores, no hay “jerarquía de capacidad intelectual” entre el maestro y el alumno. Es lo que Itay Talgam propone en las orquestas y en las empresas. Es algo obvio, evidente, en el coaching ejecutivo (y no digamos en el coaching estratégico).
Me gusta la palabra “emancipar”, del latín “emancipare”, verbo jurídico que significaba en la antigua Roma sacar a un hijo de la patria potestad de su padre (en principio, la mayoría de edad). El prefijo “ex”, separación del interior al exterior; el vocablo “mancipium”, de “manus” (mano, poder, posesión) y “capere” (coger, tomar). Emancipar como liberar (también del latín “libertas”, y ésta del germánico “leude”, gente libre, en oposición a “volk”, gente guerrera, o del griego “lipto”, desear”, y éste del sánscrito “lub-dhas”). Alguien es libre cuando tiene la libertad de desearse –y conseguir- cosas para sí mism@. Liebe, love.
“En la Amistad como en el Amor, la ignorancia contribuye más a nuestra felicidad que el conocimiento”, François de La Rochefoucauld (1613-1680).