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sábado, 28 de noviembre de 2015

Demografía empresarial y Prosperidad económica


Este soleado y agradable fin de semana “toca” leer dos libros espléndidos de Economía: ‘En busca de la properidad’, de Javier Andrés y Rafael Domenech, y ‘Acabemos con el paro’ de Daniel Lacalle.
         Tarde de cine. He ido a ver ‘Sinsajo. Parte II’ en versión original subtitulada. El término icónico “Mockinjay” es más sonoro que la palabra en castellano, “Sinsajo”. Concebido como un cruce entre el “mockingbird” (ruiseñor, sinsonte) y la “jabberjay” (un pájaro inventado, suma de “arrendajo” y “farfullar”; esto es, “charlajo”). Pilar Ramírez, la traductora de ‘Los juegos del hambre’, se inventó Sinsajo como mezcla de “sinsonte” y “arrendajo”. Creativo, sí, pero no suena muy cinematográfico.
Enrique Alpañés recogía hoy en ‘Tentaciones’ de El País que los propios protagonistas de la película consideran que trata temas políticos y sociales muy actuales, como:
- Los realities han ido demasiado lejos. “Es una versión extrema de la televisión”, explica Josh Hutcherson (que interpreta a Peeta Mellark). Candidatos, entrevistas, polémica, más y más sangre…
- La guerra se emite en directo. “Todo está grabado y editado, liderado por un asesor de comunicación”, cuenta Jennifer Lawrence (Katniss Everdeen en la saga). La imagen, bélica y de los políticos, lo es todo.
- El futuro tiene nombre de mujer. Stephen King definió a la “Sinsajo” como “nombre cursi, chica guay”. Una líder vulnerable, no siempre con las ideas claras, que hace lo correcto y es cercana. Nada que ver con los tiranos Snow (Donald Sutherland) y Alma Coin (Julianne Moore, con un puntito Hillary).
- La importancia de la moda. Juegos (competición, lúdico) y vestimenta. Jennifer Lawrence, la actriz mejor pagada en la actualidad, es imagen de Dior.
- La realidad supera a la ficción. La Junta Militar tailandesa detuvo a 8 estudiantes por hacer el saludo del sinsajo (3 dedos juntos).
La cinta es entretenida, un homenaje al difunto Phillip Seymour Hoffman (Plutarch Heavensbee), que al final se sale con la suya.
Ya en casa, he visto el primer episodio de la temporada 41 de Saturday Night Live, con Miley Cirus y, sí, Hillary Clinton. Muy divertido. Así es la “sociedad del espectáculo”, en la que l@s politic@s se autoparodian.

Demografía empresarial. El pasado jueves se presentó una investigación de José Carlos Fariña y Elena Huergo (Universidad Complutense) para Fedea: la empresa española tiene de media 4’6 empleados; la italiana, 5’8; la británica, 10’4 y la alemana, 12. Si el tamaño medio se acercara al de nuestros vecinos, la productividad crecería un 15% y el PIB lo mismo. Las empresas más grandes “son más intensivas en capital físico, humano y tecnológico, más propensas a exportar, acceden más fácilmente a la financiación y son más innovadoras”. El estudio también demuestra una clara correlación entre inversión en I+D y supervivencia. En nuestro país, solo el 40% de las empresas nacidas hace cinco años siguen vivas.
El libro ‘En busca de la prosperidad. Los retos de la sociedad española en la economía global del siglo XXI’ de Javier Andrés y Rafael Doménech (catedráticos de la Universidad de Valencia) es magnifico. Un análisis de lo más profundo de lo que nos pasa y de cómo remediarlo.
Desde un enfoque dinámico y macroeconómico, “las debilidades de España no son resultado del azar o de nuestros genes”. Lo que ocurre es que tenemos una bajísima tasa de empleo y una productividad muy deficiente porque “utilizamos poco y mal el factor trabajo”. Producimos mucho menos por hora trabajada (3-4% menos que EEUU y la UE-8). Es una cuestión de capital humano (nuestros niveles educativos de la población activa son un 25-36% menores que los de las economías desarrolladas). Brechas del 20% en tasas de empleo, capital humano y capital tecnológico por descuidar tres factores: mercado laboral rígido, población activa poco formada y poca inversión en I+D (tamaño poco adecuado). “Cuanto menor es el porcentaje del empleo en empresas pequeñas o microempresas, mayor es la productividad de la economía”. Sí, la productividad de las empresas grandes (más de 250 empleados) es tres veces superior a la de las empresas pequeñas.
Más y mejor empleo. Tenemos un mercado laboral de dualidad extrema en la contratación, que no incentiva la formación en el puesto de trabajo, un diseño inadecuado de las políticas activas y pasivas (gastamos poco y mal). El paro en España es extraordinariamente volátil (evidentemente, por mala gestión). “Nuestro mercado de trabajo se ajusta vía cantidades, destruyendo y creando empleo”, en lugar de hacerlo por otras vías. “La flexibilidad en la contratación es deseable cuando está bien diseñada y aplicada”. La tasa de desempleo juvenil duplica la media en los países de la OCDE, y también en España. Ocurre, evidentemente, por “el desajuste entre las habilidades de la oferta de trabajo y las necesidades de la demanda por parte de las empresas”. De nuevo, la importancia de la formación y del capital humano. Los autores demuestran que “las relaciones laborales en España estaban diseñadas para el mundo anterior a la globalización”. El gasto en políticas activas por cada punto de desempleo es en España la mitad que en la OCDE. Si se hiciera mejor, habría ahorros en las prestaciones de desempleo. En políticas pasivas, el país gasta demasiado… y mal.
         Mercados, dimensión e internacionalización empresarial. “Durante años, España ha creado empleo a base de gastar por encima de sus ingresos, aumentando el endeudamiento exterior”. La internacionalización no puede imponerse por decreto: es cuestión de dimensión empresarial (la correlación entre tamaño empresarial y PIB/hora trabajada es más que evidente) y de lo escasas que son nuestras empresas grandes (efecto composición). Si el tamaño medio de la empresa española fuera el de Alemania, seríamos un 15% más productiva. El tamaño es debido a la calidad de las instituciones, al acceso a la financiación y, por supuesto, al talento (los Dres. Andrés y Doménech nos recuerdan la conexión entre distribución de capital humano y el talento para dirigir empresas medianas y grandes, como demostró el premio Nobel Robert Lucas). El tamaño de la empresa es el determinante más relevante de su internacionalización (Mónica Correa y Rafael Doménech, 2012). Respecto al capital tecnológico, las economías de escala aprovechan mejor el I+D+i.
Un sector público ineficiente. “La baja fiscalidad indirecta y el elevado peso de las cotizaciones sociales imponen un coste relativo sobre el trabajo respecto a los bienes de consumo muy superior al de otros países europeos”. El tamaño del sector público depende de las preferencias sociales, del desarrollo económico y la estructura demográfica y de la eficiencia de los servicios públicos. La ciudadanía cree que se pagan demasiados impuestos. El gasto público productivo ha seguido un patrón descendente en los últimos 10 años. España destina a educación un 1% menos de su PIB que la media de la OCDE. Respecto a los ingresos, es mejorable la eficiencia del sistema impositivo.
Instituciones, capital humano y desigualdad. Los autores parten de las tesis de Acemoglu y Robinson (2012) sobre instituciones inclusivas y extractivas. Las segundas son el “crony capitalism” o capitalismo de amiguetes. En España hay escaso control de la corrupción. Respecto al capital humano, baja calidad. Y mayor desigualdad (el índice de Gini ha empeorado).     
Excelente texto. Tan riguroso como bien escrito. Mi gratitud a Javier Andrés y a Rafael Doménech.
Mi frase favorita del libro es “Algunas empresas fracasan o no crecen porque el capital humano de las personas con responsabilidad de dirección y gestión son insuficientes”. Es como si ‘En busca de la prosperidad’ fuera una precuela de ‘Nuevo Management para Dummies’. El talento que no sea aprecia, se deprecia, y la empresa que no crece (que no sabe, puede o quiere crecer), se muere.
El diagnóstico está hecho. A ver si nuestro país “se pone las pilas” para elevar seriamente el tamaño de sus empresas, creando empleo desde una mejor calidad directiva.