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miércoles, 7 de octubre de 2015

Rumbo a la Atlántida, a la verde y volcánica Azores


Según la tradición, el descubridor Diogo do Silves se quedó tan impresionado por las aves azores (Accipiter gentilis), allá por 1427, que llamó así al archipiélago. Los franceses las invadieron y la flota de D. Álvaro de Bazán (el almirante invencible) las recuperó para Felipe II. A mediados de marzo de 2003, los presidentes George W. Bush, Tony Blair, José María Aznar y Durao Barroso se reunieron aquí para declararle la guerra a Sadam Hussein.
Las Azores es un archipiélago de 9 islas en tres grupos (oriental: San Miguel y Santa Maria; central: Terceira, Graciosa, San Jorge, Pico, Faiai; occidental: Flores y Corvo) con una superficie de 2.333 Km2. El volcán de Pico es la montaña más alta de Portugal. Hay en las Azores 115 especies protegidas y 215 amenazadas.
Entre las posibles localizaciones de la Atlántida (relato de Platón) se encuentra un punto entre las columnas de Hércules (Gibraltar) y América. Cuando fue descubierta, no había signo de vida.
En 2013, se descubrió una misteriosa pirámide gigante submarina entre Terceira y São Miguel en las islas Azores. Diocleciano Silva, el propietario de un yate privado, fue el descubridor de la estructura piramidal a 40 metros bajo el agua. Según las lecturas batimétricas (el relieve del fondo marino) la misteriosa pirámide es de aproximadamente 60 metros de altura y tiene un ancho de 8.000 metros, ubicada cerca del Banco Dom João de Castro. La pirámide parece estar alineada con los cuatro puntos cardinales, de manera similar a la Gran Pirámide de Guiza.
Según Silva, la pirámide no es de origen natural, debido a su forma perfecta, y los expertos ya están investigando la misteriosa formación con la ayuda de la Armada portuguesa.
Los arqueólogos tienen esperanzas de que realmente se trate parte de la isla mítica de la Atlántida, ya que recientemente la Asociación Portuguesa de Investigación Arqueológica identificó evidencias arqueológicas en la isla de Pico que apoya su creencia de que hubo una civilización anterior a la llegada de los portugueses hace miles de años. Se trata de una gran variedad de estructuras piramidales protohistóricos, algunas de ellas de más de 13 metros de altura. Lo que realmente sorprendió a los expertos es que las estructuras parecían haber sido construidas según una orientación en concreto, alineada con los solsticios de verano, lo que sugiere que fueron construidas con un único propósito. Además, los arqueólogos afirmaron haber encontrado pinturas rupestres en la isla Terceira de hace miles de años. En los últimos tres años, una serie de antiguos restos arqueológicos han sido identificados en las nueve islas del archipiélago de las Azores. Incluyen un epígrafe de la época romana, santuarios cartagineses, arte rupestre y estructuras megalíticas, aunque nada parecido a la pirámide bajo sus aguas.
El pasado sábado, la portada del suplemento ‘El viajero’ de El País lo dedicaron a la “verde Azores”. Artículo de Javier Martín.
Azores es un paraíso “de hortensias azules, de cráteres verdes, de piscinas naturales y aguas termales, de laberintos de piedra negra, iglesias de basalto y cal, delfines amarillos y panes de azúcar y sal. No hay destino más natural en Europa”. “Los caminos, más que forestales, son florales. Cuesta creer que cuando llegaron los primeros portugueses, en 1427, aquí hubiera poco; ni un indígena ni un animal, más allá de algún murciélago, dicen, pero tampoco nada de la flora que ha convertido hoy al archipiélago en un jardín de colores”.
“Cada isla con un color. San Jorge, castaña, por la luz que reflejan sus rocas; Terceira, lila, por las glicineas; Santa María, amarilla, por su vegetación en verano; Graciosa, blanca, por sus rocas; Flores, rosa, por sus azaleas; Corvo, la más lejana y solitaria, un punto negro bañado de lava, la negra. San Miguel es la isla verde. Es irresistible bajar al Lago do Fogo, en el centro de San Miguel, para bañarse en sus aguas mansas y templadas. Pero no se puede dejar la isla sin sufrir sus desfiladeros de sube y baja, y llegar a las Furnas, donde, haga frío o calor, nieble o solee, hay que zambullirse en las aguas termales y chocolatosas de Terra Nostra, de día o de noche, entre la bruma vaporosa y gigantescas araucarias que nos hacen sentirnos únicos”.
Imprescindibles:
1. Saborear las cracas. Las lapas a la parrilla son una curiosidad. El cavaco, como una langosta de delicioso toque dulzón, es un capricho. Pero las cracas son una experiencia singular. Es un crustáceo que vive en colonias y se disfraza de roca. Parecen y pesan como rocas, pero en sus orificios se esconde un manjar de sabores confusos, entre cangrejo, percebe y caracol. Exquisito.
2. Bañarse en la laguna termal de Terra Nostra. Un lago de aguas termales, ferrosas, de café con leche, que tiñen bañadores, piel y pelo. Una sensación única entre árboles gigantescos. El jardín de 12 hectáreas, de 1775, es único en el mundo.
3. Visitar el Santuario de la Esperanza. Un monumento singular en Ponta Delgada (San Miguel), con sus paneles de azulejos del siglo XVIII, la imagen del Cristo, revestido de joyas acumuladas desde hace tres siglos, y su capilla de coro bajo.
4. Caminar entre los cráteres de Sete Cidades. El mirador de Vista del Rey, en San Miguel. Su caldera volcánica alberga dos grandes lagos, uno verde y otro azul, según la luz. El sendero se sigue entre paredes de hortensias.
5. Observar cachalotes. En 1987 se dejaron de cazar ballenas en Azores. Dos años después, Serge Viallelle y Alexandra Telles crearon Espaço Talassa, en Lajes de Pico, el mejor centro de observación de cetáceos del archipiélago.
6. Nadar en piscinas naturales. El origen volcánico, con su placas de lava hasta el mar, facilitó la creación de piscinas naturales que, además, al escudarse entre las rocas tienen el agua más templada.
7. Pasear por el volcán de Capelinhos. En 1957 comenzó la erupción de un volcán submarino en Faial, que añadió 2’4 kms a la isla pero también llenó de lava los campos.
8. Conducir por la carretera del Nordeste. Tan tortuosa como sobrecogedora, la ruta conduce a la parte más olvidada de la isla de San Miguel, de Nordeste a Povoaçao, una locura de exuberantes desfiladeros y cascadas de una belleza inacabable.
9. Beber el único té europeo. En las lomas de Gorreana (San Miguel) crecen las únicas plantaciones de té de Europa.
Si puedo, leeré ‘As ilhas desconhecidas’, de Raul Brandao. Mi banda sonora para este viaje es la ‘Cançao do Mar’ (www.youtube.com/watch?v=v_2fyB4dj4U) de Dulce Pontes.
Fui a bailar en mi barco
Más allá del mar cruel
Y el mar rugiendo
dijo que fui a robar
la luz sin par
de tu mirada tan hermosa.

Vete a saber si el mar tiene razón
Ven aquí a ver bailar mi corazón

Si bailo en mi barco
No voy a la mar cruel
Y no le digo a donde fui a cantar
a sonreír, a bailar, a vivir, a soñar contigo.

Vete a saber si el mar tiene razón,
Ven aquí a ver bailar mi corazón.

Si bailo en mi barco
No voy al mar cruel
Y no le digo a donde fui a cantar
       a sonreír, a bailar, a vivir, a soñar contigo

Mi gratitud a Carlos Ongallo y a todo su equipo de EBS. Hacéis magia.