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miércoles, 16 de septiembre de 2015

La economía del absurdo: globalización low-cost, desmantelamiento industrial, desigualdad social


Lluviosa jornada en Madrid. Reuniones internas, coaching con un profesional que acaba de ser promovido a una posición internacional de relevancia y a la DG de una empresa multinacional de gran crecimiento, el mayor entre las grandes del sector. Por la tarde, reunión con el Head of Talent de una gran empresa, que está liderando enormes retos de fidelización y desarrollo en el nuevo ciclo económico.
He estado leyendo ‘La economía del absurdo. Cuando comprar más barato contribuye a perder el trabajo’, del profesor Josep Burgaya. El libro es Premio Joan Fuster 2013. Burgaya es Dr. en Historia contemporánea por la Universitat Autónoma de Barcelona, ha sido decano de la Facultad de Economía y Comunicación de la Universitat de Vic y dirige el posgrado de economía verde de la mencionada universidad.
El texto se inicia con una introducción sobre Economía y Moralidad. “La falta de escrúpulos, la carencia del mínimo sentido moral y la codicia como valor supremo permiten explicar los orígenes y las prácticas que durante años se impusieron en el sector financiero de la economía y que hincharon una burbuja especulativa que estalló y nos salpicó a todos a partir de 2008”.
Burgaya relata el derrumbamiento del Rana Plaza, una fábrica textil en Bangladesh, el 24 de abril de 2013, que supuso la muerte de 1.138 trabajadores y dejó 2.438 heridos de consideración. Es un ejemplo de “talleres del sudor”, donde se producen prendas que luego consumimos en Occidente. A los que murieron, les pagaban 38 € al mes. “La magia de Apple se difumina en las factorías de Foxconn”: el autor se refiere a la oleada de suicidios en Shenzhen, China, en una empresa hasta entonces desconocida. 18 muertos (30 intentos) en 3 semanas. Condiciones laborales repugnantes que provocaron este “cluster de suicidios” (Malcolm Moore, The Telegraph). Bajos costes laborales y mucho marketing, además de una “estrategia de planificación fiscal agresiva”. “Apple es el paradigma del tipo de empresa que todo el mundo quisiera que surgiera en su país, tanto el Gobierno como la ciudadanía”. Como escribe Josep, “¿quién no se ha emocionado con el discurso de Steve Jobs en Stanford?”. Beneficios reales intangibles, costes (Desindustrialización, Desempleo, Desigualdad) bastante evidentes. Un informe del FBI (ante la posibilidad de que asesorara al presidente George W. Bush sobre comercio internacional) describía a Steve Jobs como “superficial y cruel” en las relaciones interpersonales, como un narcisista al que el éxito le hacía tener una visión distorsionada de la realidad y le había hecho perder “la honestidad y la integridad”. “Steve Jobs. Una vergüenza americana” fue un artículo de Eric Altman (Universidad de Nueva York) y en la misma línea se manifestó Vicenç Navarro.
El autor pone ejemplos de multinacionales como Wal-Mart (el documental de 2005 dirigido por Robert Greenwald, ‘El alto coste de los precios bajos’): es el mayor importador de China (12% del total de EEUU, 35.000 M $ anuales). Una parte considerable de sus empleados cobra 8 $ la hora (por debajo del umbral de la pobreza). Su productividad es un 40% superior a sus competidores. El “efecto Wal-Mart” (Charles Fishman) supone menor empleo y salarios donde se sitúa. Según el economista David Neumark, por cada empleo que crea destruye 1’4, además de los negocios complementarios que cierran. Su cultura (según Burgaya) es una mezcla de arrogancia y valores muy conservadores de empresa familiar. Por su religiosidad ultra, censura publicaciones y videos en sus estanterías. Los Walton son la familia más rica del mundo, con una fortuna de 115.000 M $ (el PIB de Bangladesh). En 2007 tenían 73.000 M $. Hace 8 años, el equivalente a 35 M de familias de su país; en 2015, el equivalente a 55 M de familias. Han hecho donaciones al partido republicano, pero pocas obras de caridad. La empresa recibe unos 2.500 – 3.000 M $ en subsidios públicos (ayudas municipales y estatales). En México paga el 0’2% de su facturación. Wal-Mart factura el 3% del PIB estadounidense (el equivalente al de Suecia, un tercio del de España) y un 4% del consumo USA. Raj Patel lo ha llamado “un cráter económico de destrucción creativa”.
Globalización de la economía: el comercio mundial es ya el 60% del PIB del planeta (era el 20% hace un siglo) por liberalización comercial y reducción aduanera (del 10 al 5% en los países avanzados, del 25 al 13% en los de desarrollo), por beneficios fiscales para inversiones industriales, por las TIC e internet y el abaratamiento (un 70%) del transporte marítimo. Movilidad del capital (Dani Rodrik) que debería haber permitido la redistribución de los ahorros globales de una forma más eficiente. No ha sido así. La demanda de productos de consumo masivo en el 15% de la población mundial es a costa de la pobreza (para disponer de costes bajos). El premio Nobel Joseph Stigliz ha sido muy crítico con el movimiento de la globalización. Para Jeffrey Sachs, la globalización ha sido el reto económico más malogrado de los últimos 40 años. La hoja de ruta ha sido “el consenso de Washington”, las políticas ultraliberales (Thatcher, Reagan) y tres conceptos económicos: la teoría de las expectativas racionales (John Muth y Robert Lucas), el ciclo económico real (Finn Kydland y Edward Prescott) y la teoría de los mercados financieros eficientes (Eugene Fama). El FMI, Banco Mundial y OMC (Organización Mundial de Comercio) tomaron el mando, y China entró en esta última… con condiciones propias. Victoria pírrica para Occidente.
Fiscalidad desigual y globalmente insuficiente que se lleva por delante el Estado del Bienestar y genera desempleo.
Excepto Turquía y China, los países “fabricantes” se mueve con rentas per cápita por debajo de los 3.000 $. Bangladesh está en 700 $ y Vietnam, Nicaragua, India o Pakistán, por debajo de 1.500 $. Curiosamente, Bangladesh o Pakistán son menos desiguales (índices de Gini del 30%) que Estados Unidos (46’9%). Según el índice de pobreza multidimensional (IPM, elaborado por Acnur y la Universidad de Oxford en 2010), en Bangladesh hay un 57’7% de gente pobre; en Pakistán, el 50’9%.
En contraste, fábricas vacías en Occidente. Detroit llegó a tener 1’85 M de personas en los 40, y ahora 700.000 habitantes. Hace 50 años, la industria era el 40% del PIB de EEUU; hoy es el 16%. Tenía el 22% de la producción de vehículos y ahora es el 10% (China y Japón, el 40%). De producir el 40% del acero, ahora es el 6%. Deslocalización, economía de servicios, presión sobre los salarios, economía sumergida (que es el 20% de la economía). 6 M de estadounidenses no tienen más ingresos que los bonos de comida (100-200 $). Alemania es la excepción: desempleo por debajo del 6’5%, crecimiento del 3% del PIB en 2011, endeudamiento del 75% del PIB, gran ahorro (familiar) y un sector industrial del 28’6%. “Se ha llegado a afirmar que Alemania, después de perder dos guerras mundiales en el siglo XX, se ha impuesto ahora en Europa sin tener que realizar un solo disparo”.
La “sociedad post-industrial” (Daniel Bell, Alain Touraine) es un espejismo. Europa es una especie de “parque temático” (turismo; España recibe 60 M de visitantes, 12% del empleo, 10% del PIB). Visitan Barcelona (8 M) el doble que Brasil. “El trabajo se ha convertido en un bien escaso en el primer mundo”. Más aún el poco cualificado.
Apoteosis de las marcas: de fabricar productos a “configurar valores”. En palabras de Phil Knight (Nike): “Fabricar cosas ya no tiene ningún valor”. Con lo que gasta en publicidad en un día puede pagar el salario de 50.000 trabajadores chinos. El sector de la publicidad mueve 300.000 M $ anuales. Y eso que las marcas de lujo juegan otra liga (negocio de 75.000 M € anuales, más de un tercio del mercado mundial). Hiperconsumo: una camisa de GAP cuesta en Canadá 34 $ y el trabajador de El Salvador ha recibido 0’27 $ por pieza. Cultura del narcisismo (Christopher Lasch), del hedonismo, del “turboconsumidor” (Lipovetsky). “Comprar se ha convertido en el antidepresivo más común, con más adeptos que el prozac”. De satisfacer necesidades a satisfacer deseos, del ciudadano al consumidor. Un círculo vicioso: moda barata para salarios menguantes.
Corporatocracia: la hegemonía de las corporaciones. La facturación de Wal-Mart es 120 el presupuesto anual de Haití. En 1999, el CEO de Disney cobró en stock options el equivalente a 14 años de sus 19.000 trabajadores de la compañía en Haití. Tim Cook (Apple) tiene un salario fijo de 900.000 $, pero opciones sobre acciones de 371 M $ anuales. En la Antigua Grecia se consideraba justa una proporción de 5 a 1 en la remuneración; en el siglo XX era normal el 1-20; ahora en el Fortune 500 es habitual el 1-200 y hay casos de 1-1.000 Malos contribuyentes (en las islas Caimán, 50.000 habitantes, hay más depósitos bancarios que en Francia), que reducen el tamaño del Estado.
El filósofo John Ralston Saul se pregunta (es el título de su libro) ‘¿Cuándo se volvió más importante salvar un banco que un país?’ En España se han inyectado directamente 87.397 M € en capital, se han comprado activos por 67.888 M € y se han extendido avales del Tesoro por 64.112 M €. En total, 297.319 M €. Más 257.125 M € a un interés del 0’05%. En el mundo, un B $ directos y 4 B $ más indirectos. Para Joseph Stiglitz, la liberalización del mercado de capitales ha provocado una reducción salarial del 30%, un enorme desempleo y una inmensa deuda. “Y es que el cambio más importante en las últimas décadas ha sido el de la naturaleza del dinero, el cual ha dejado de ser una convención que cumplía una función instrumental, como facilitador y activador de la economía, para convertirse en una entelequia incomprensible”. Dinero para financiar el dinero. En su lugar, John Ralston Saul, hemos de pasar “desde el crecimiento superfluo al desarrollo necesario”.
Un libro muy interesante, que plantea este círculo vicioso de globalización low cost – desmantelamiento industrial en Occidente – desigualdad social.
Mi felicitación a Marta Saavedra, una de las mayores expertas en selección de nuestro país, por su cumpleaños, y mi gratitud a Inma, Jaime, Aitor, Idoia y María.