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domingo, 30 de agosto de 2015

Talento y Crisis migratoria. Una Europa demasiado lenta


Me preocupa especialmente este último, porque es un triste síntoma de falta de Liderazgo en la UE. Se ha desequilibrado Siria, más de 4’5 millones de personas han huido del conflicto, las mafias se aprovechan de ello y nuestra comunidad de naciones reacciona tarde o nunca, lo que es éticamente muy reprobable.
Ayer publicaba Luis Ayllón el artículo ‘Una Europa demasiado lenta’. Es el siguiente: http://abcblogs.abc.es/luis-ayllon/public/post/una-europa-demasiado-lenta-16391.asp/
“Hace menos de un año, la entonces comisaria europea de interior, la sueca Cecilia Malmstrom, puso el ojo sobre la actuación de las Fuerzas de Seguridad españolas en la frontera de Melilla. Aquellos asaltos a la valla no eran nada para lo que está sucediendo ahora en otros países de Europa, pero la comisaria no encontró un minuto para pasarse por allí y ver sobre el terreno lo que sucedía.
Los dirigentes europeos del Norte sólo han comenzado a sensibilizarse con la presión migratoria que sufrían los del Sur, hasta que las mafias que trafican con seres humanos han encontrado resquicios para introducir refugiados por el centro de Europa. Antes, han tenido que morir miles de personas en el Mediterráneo mientras la Unión Europea seguía dando muestras de su lentitud  la hora de tomar decisiones. Y aún ahora se escandalizan de las actuaciones de la Policia de Macedonia o del muro que construye Hungría en su frontera con Serbia ante la avalancha de personas que les llega huyendo de la guerra.
Es verdad que no está en la mano de la UE resolver por sí sola el problema migratorio, porque resulta esencial actuar en los países desde donde parten quienes buscan entrar en Europa. Eso, en lugares como Siria, Irak o Libia no es hoy viable, aunque sí ha dado resultado en algunos africanos.
Sin embargo, las crisis que periódicamente afectan a distintas partes del mundo, suelen destapar las vergüenzas de la UE, incapaz de tomar decisiones rápidas o de lograr ponerse de acuerdo ni en asuntos migratorios, ni en temas económicos, ni en cuestiones de política exterior o de seguridad. Pese a que el club ya reúne a 28 Estados deseosos de caminar juntos, los miembros de la UE siguen pensando en claves nacionales más que europeas y, así,  resulta difícil avanzar.
Las convocatorias urgentes de Consejos Europeos terminan convirtiéndose en parches para tratar de paliar los problemas que se presentan, como se ve en las crisis migratorias. Y los resultados suelen ser los que marcan los pesos pesados de la Unión, mientras al presidente del Consejo Europeo, cuyo nombre la inmensa mayoría de ciudadanos europeos no conoce, no le queda más remedio que plegarse a sus decisiones.
Cuando decimos que falta Liderazgo, ¿a qué nos estamos refiriendo? Ya sabes que liderar es esencialmente marcar la pauta, hacer equipo e infundir energía.
Marcar la pauta le cuesta un mundo a la UE por el dilema, que expresara Ulrich Beck, de “una Alemania europea o una Europa alemana” (http://blogs.elpais.com/cafe-steiner/2013/05/una-europa-alemana.html). La crisis ha erosionado las democracias europeas, que prefieren seguir la “lógica del riesgo” (del miedo) que la de las democracias. Desde el poder burocrático y con el pavor al populismo (que simboliza Ziriza), se ha optado por “la estrategia del rehusar, del no hacer, de no invertir”. Beck escribió: “Alemania se ha convertido en un país demasiado poderoso como para permitirse el no tomar decisiones”. Es como ese Bayern (tan querido por grandes amigos) que domina su Bundesliga pero no llega a la final de la Champions. Ulrich decía que su país ha pasado del “lastre de la historia” al “lastre de la maestría”, enseñando a ese Sur cigarra y no hormiga a ser más austero (nuestro país, que en realidad no ha cambiado de modelo productivo, cuya calidad directiva es baja y que no ha adelgazado el peso del Estado, pasa por alumno aplicado). Si Merkel es la líder de esta Europa, que tome las riendas de una vez y no nos engañemos con cargos de cuyo nombre ni nos acordamos, que no tienen influencia real.
Cada país de la UE va a lo suyo porque sus gobernantes son elegidos en elecciones generales y el coste de la solidaridad, más allá del discurso, les parece mayor que los réditos del egoísmo nacional. Estrechez de miras. En el mundo actual, la falta de sinergias de la Comunidad Europea está convirtiendo esta parte del mundo en un museo frente a la pujanza de BRICS y compañía.
Y finalmente, la evanescencia del “sueño europeo” (Jeremy Rifkin). ¿Dónde está la ilusión? ¿Cómo conseguir que los jóvenes se involucren en el proyecto? Asistimos a la paradoja de que los refugiados tienen más ganas de pertenecer y vivir en la Unión que los que aquí nacieron.
Parece que olvidamos que hace 70 años, durante la II Guerra Mundial, 50 Millones de europeos se exiliaron voluntaria o forzosamente, que durante el régimen nazi huyeron 500.000 alemanes y tras nuestra guerra civil 500.000 compatriotas y que después de la IIGM, Alemania se recuperó espectacularmente en buena medida por los tres millones de inmigrantes provenientes de la Europa mediterránea (Francia recibió 2’5 M, Reino Unido dos millones y Suiza un millón). Si vamos más atrás, de 1870 a 1930, EEUU recibió a 27 M de europeos, Argentina más de 6 M. Brasil más de 4 M, Canadá 4 M, Cuba 610.000 y Uruguay medio millón.
Estoy con Joshcka Fisher, de quien hablaba en ‘Del Capitalismo al Talentismo’ y que se ha referido a este momento como “Parálisis migratoria”. Este es su artículo de hace cuatro días (ww.caffereggio.net/2015/08/26/paralisis-migratoria-de-joschka-fischer-en-el-pais/)
     Durante muchos siglos, Europa fue un continente plagado de guerras, hambrunas y pobreza. Millones de europeos se vieron obligados a emigrar por una privación económica y social. Cruzaron el Atlántico en barco hasta Norteamérica y Sudamérica, y llegaron a lugares tan lejanos como Australia, huyendo de la miseria y buscando una vida mejor para ellos y para sus hijos.
Todos ellos, según la terminología del actual debate sobre inmigración y refugiados, eran “migrantes económicos”. Durante el siglo XX, la persecución racial, la opresión política y los estragos de dos guerras mundiales se volvieron causas predominantes de la huida. Hoy, la UE es una de las regiones económicas más ricas del mundo. Durante décadas, una mayoría de europeos ha vivido en Estados democráticos pacíficos que defienden sus derechos fundamentales. La propia miseria y migración de Europa se han vuelto un recuerdo distante (si no completamente olvidado).
Y, sin embargo, muchos europeos se sienten amenazados una vez más, no por Rusia, que presiona para expandirse a costa de sus vecinos, sino por los refugiados y los inmigrantes —las personas más pobres del mundo—. En tanto cientos de personas se ahogaron en embarcaciones en el mar Mediterráneo este verano (boreal), se empezaron a escuchar voces en casi todos los rincones de Europa, 26 años después de la caída de la cortina de hierro, que reclaman aislamiento, deportaciones masivas y la construcción de nuevos muros y cercos. En Europa, la xenofobia y el racismo declarado avanzan descontroladamente, y los partidos nacionalistas, incluso de extrema derecha, están ganando terreno.
Al tiempo, este es sólo el comienzo de la crisis, porque las condiciones que llevan a la gente a huir de su tierra natal no harán más que empeorar. Y la UE, muchos de cuyos miembros tienen los sistemas de bienestar social más grandes y mejor equipados del mundo, parece sentirse abrumada por esta crisis, política, moral y administrativamente. Esta parálisis crea un riesgo significativo para la UE. Nadie cree seriamente que los Estados miembros individuales —particularmente Italia y Grecia— puedan superar por sí solos los desafíos planteados por la migración.
Existen tres causas detrás de la migración a Europa: el continuo malestar económico de los Balcanes occidentales; la agitación en el gran Oriente Medio, y las guerras civiles y conflictos de África. La intensificación o expansión de la guerra en el este de Ucrania rápidamente podría convertirse en una cuarta causa de fuga. En otras palabras, toda la inmigración que Europa enfrenta hoy en día está arraigada en las crisis agudas de su propio vecindario. Y, sin embargo, es poco lo que la UE puede hacer para abordar cualquiera de ellas. Dada su debilidad en materia de política exterior, Europa sólo puede tener un impacto menor en las guerras y conflictos que asuelan a África y Oriente Medio (aunque su influencia, por más pequeña que sea, debería utilizarse y desarrollarse). Los Balcanes occidentales, en cambio, son una historia diferente. Croacia ya es miembro de la UE; Montenegro y Serbia han comenzado las negociaciones para serlo; Albania y Macedonia son candidatos de accesión, y tanto Bosnia y Herzegovina como Kosovo son candidatos potenciales.
Por qué la UE no se ha involucrado más en los Balcanes occidentales sigue siendo el secreto de la Comisión Europea y los Estados miembros. El resultado absurdo, sin embargo, es que los ciudadanos de los países candidatos de la UE son objeto de procedimientos de asilo, porque no existe para ellos ninguna posibilidad de una inmigración legal a la UE.
La crisis de refugiados de este verano resalta otro problema estructural: la demografía. En tanto las poblaciones europeas envejecen y se achican, el continente necesita de la inmigración. Sin embargo, muchos en Europa se oponen férreamente a la inmigración, porque también implica un cambio social. A la larga, los responsables de las políticas tendrán que explicarle a su pueblo que no se puede tener prosperidad económica, un alto nivel de seguridad social y una población en la que los pensionados representan una carga cada vez mayor para la población económicamente activa. La fuerza laboral de Europa debe crecer, apenas una razón por la cual los europeos deberían dejar de tratar a los inmigrantes como una amenaza y empezar a verlos como una oportunidad.”

Efectivamente, el talento que viene de fuera es una oportunidad y no una amenaza. La miopía al respecto es clara ausencia de Liderazgo.
Mi gratitud a los emigrantes, que valientemente salieron de su país en busca de una vida mejor. Todos tenemos ejemplos en nuestras familias.