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martes, 26 de mayo de 2015

Errores de Marca en las pasadas elecciones


Me resistía a escribir sobre las últimas elecciones municipales y autonómicas. Sin embargo, lo mío no son las ideologías sino el Talento y el Liderazgo, y he optado por una solución intermedia.
De entre los numerosos artículos de análisis (o supuesto análisis) sobre lo ocurrido, creo que uno de los más acertados es el de Esteban Hernández para El Confidencial. He tenido el honor de que Esteban me haya entrevistado en varias ocasiones (sobre Clase Creativa o el deporte, por ejemplo) y le tengo por un periodista cabal y talentoso. Sus siete claves (http://blogs.elconfidencial.com/alma-corazon-vida/tribuna/2015-05-26/el-gran-error-del-pp-y-otras-lecciones-que-aprendimos-el-domingo-para-las-generales_854676/) son las siguientes:
        
“1. El dinero sigue siendo determinante. En un contexto de pérdida de poder adquisitivo, de escasez de empleo, de trabajos mal pagados y de ausencia de expectativas de mejora para buena parte de la población, es inevitable que el gobierno que ha dispuesto medidas de ajuste que han ahondado esa situación quede deteriorado y pierda voto y poder. Y es natural, además, que aumente la aceptación de las opciones políticas que abogan por medidas económicas que palíen ese deterioro. El reparto del voto que aparece en los distritos de Madrid es buen ejemplo de cómo la izquierda ha salido reforzada en su conjunto.  
2. Lo nuevo y joven es atractivo, pero los viejos siguen manejando el cotarro, como en casi todo. El reparto total del voto en las CCAA (salvo Andalucía, Cataluña y Galicia, donde no había elecciones autonómicas) arroja el siguiente reparto, señalado por Pau Marí-Klose: PP: 34,5%. PSOE: 28,1%, Podemos: 16,1%. Los de Pablo Iglesias han tenido los resultados que hubieran soñado IU, y Ciudadanos los que habría firmado UPYD hace un año, pero no han logrado sobrepasar ese lugar secundario. En el mapa autonómico, los únicos colores que aparecen son el rojo y el azul. El reparto se ha modificado, los lugares de poder no, y sin el poder sigues siendo el partido pequeño que ejerce de muleta, lo que suele ser una muy mala opción a medio plazo.    
3. La creciente importancia del voto útil. El descontento sólo produce cambio si hay alguien que lo recoja y concentre. El más que probable aterrizaje de Manuela Carmena en el Ayuntamiento de Madrid ha sido posible no porque uniera a los activistas, como le gusta leer a la izquierda antipodemos, ni tampoco por la personalidad de la candidata (que fue un factor importante a la hora de concitar simpatías), sino porque se extendió la idea de que era la opción más efectiva para sacar del Ayuntamiento al PP. La diferencia de votos en la ciudad de Madrid entre su candidatura y la de Podemos a la Comunidad, más de doscientos mil, puede explicarse porque todo el mundo tenía claro que Carmena era la destinataria del voto útil. Esto es algo que se ha repetido a lo largo de las elecciones: allí donde había una alternativa clara, el voto de cambio se ha concentrado en un candidato. Y a la inversa: allí donde el votante del PP sentía que el poder podía perderse, Ciudadanos ha estado muy por debajo de sus previsiones.
4. Lo simbólico es relevante, pero no basta. Los grandes triunfos de Podemos han tenido mucho de simbólico: cinco eurodiputados era un resultado cuantitativamente irrelevante, pero señalaba de manera inequívoca que la política iba a cambiar. Su liderazgo ocasional de las encuestas no tuvo consecuencias en términos de poder, pero subrayaban que eran una fuerza a tener muy en cuenta. Y los triunfos en Madrid, Barcelona, Zaragoza o La Coruña no son gran cosa si tenemos en cuenta los resultados en su conjunto, pero son muy relevantes si los interpretamos como tendencias futuras. En realidad, el escenario madrileño (con el PSOE sobrepasado y Podemos como segundo partido por lo menos) era la opción que tenían hace pocos meses en la cabeza Errejón e Iglesias cara a las generales, pero hoy por hoy están lejos de que ese objetivo se generalice.
5. Los partidos han hecho lo de siempre, pero más. Es muy frecuente. Cuando sienten presión, las formaciones políticas recurren a las tácticas en las que se encuentran más cómodos, pero suben el volumen. Le ha ocurrido al PP en esta campaña, donde ha reutilizado discursos típicos de la era Aznar y ha recurrido a su habitual insistencia en los grandes peligros que acecharían a España si ganasen los bolivarianos, pero también a Podemos: sus mensajes ("llega el momento del cambio, hay que recuperar la dignidad, hay que echar a los corruptos, tenemos ilusión, no miedo") son los mismos que hace un año, sólo que los han amplificado y los han hecho más agresivos en campaña. Dicho de otro modo, Podemos se ha dedicado a crear expectativas y el PP a meter miedo, como de costumbre. Lo que ha cambiado es la intensidad: cada vez recurren más a mensajes puramente emocionales (unos ni siquiera han presentado programa en Madrid, los otros lo tienen, pero indefinido) y ese es el camino que seguiremos en las generales.
6. Al PP le gusta equivocarse. Es un partido especializado en apretar el botón rojo de autodestrucción. Esperanza Aguirre era una muy mala elección como candidata, porque si bien podía activar el voto de fieles del PP, también generaba mucho rechazo entre los demás votantes. Si en Madrid, un contexto particularmente activo en los últimos tiempos, escoges a una candidata que solo por serlo va a convencer a mucha gente de que vaya a votar contra ti, es más que probable que te ocurra lo que te ha ocurrido.
7. Y por último, lo más viejo. Cuando las cosas van mal para la gente, el partido en el poder suele salir muy desgastado de su gestión. ¿Que el PP ha perdido muchos votos? Claro. Hay crisis, a mucha gente le va mal, el telón de fondo es de la corrupción, hay tensiones internas evidentes. ¿Esperábamos otra cosa?
Gracias, Esteban, por esta comprensión de lo que está pasando. Lejos de alarmarnos, esta aparente hecatombe es una muestra más del paso “del Capitalismo al Talentismo”, una era conceptual (diseño, relato, sinfonía, empatía, juego, propósito), conductual y de generosidad, una aparente juventocracia dominada por la gerontocracia, una nueva era del espectáculo en la que los medios tradicionales son reemplazados por los innovadores. ¿El eje arriba/abajo (ricos contra pobres) o el nuevo/viejo (los de siempre, con jerarquías de partido, frente a lo fresco, con listas abiertas)? Lo que se debate es la centralidad del tablero: quien ahí se sitúa –en la mente de los votantes- se lleva el gato al agua.
Ha fallecido a los 88 años el director de cine Vicente Aranda Ezquerra. He hablado de él varias veces en este blog y he visto de él una veintena de películas, desde ‘La muchacha de las bragas de oro’ (1979) a ‘Luna caliente’ (2009), pasando por las dos partes de ‘El Lute’, ‘Tiempo de silencio’, ‘Amantes’, ‘La pasión turca’, ‘Libertarias’, ‘Juana la Loca’, ‘Carmen’ o ‘Tirante el Blanco’. Afín a Juan Marsé (hizo versiones cinematográficas de ‘Si te dicen que caí’, ‘El amante bilingüe’, ‘Canciones de amor en Lolita’s club’), descubrió al final un tema recurrente en su cine: “Todos queremos ser otro”. Y, esto, en términos de amor, nos provoca insuficientes intelectuales y emocionales. Mi gratitud y admiración a tan gran cineasta.