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lunes, 13 de abril de 2015

El Talento de Eduardo Galeano y los 7 pecados capitales de los malos comunicadores


Empezamos la jornada en Aranjuez, el altar de Júpiter, en el Palacio del Nuncio, donde comparto reunión de Estrategia con 70 compañer@s de Manpower. Hemos sido puntuales en el inicio y en la finalización. Tras la cena, nos aguarda una actividad lúdica y de team-building.
He lamentado mucho el fallecimiento del gran pensador uruguayo Eduardo Galeano, a los 74 años. Lo cité varias veces en ‘Del Capitalismo al Talentismo’. Desde el inicio: “Andamos como ciegos en un tiroteo: desconcertados, asustados, y buscando caminos para que este mundo no esté organizado contra la gente”. Y en su lucidez como “eterno joven”. Escribía: “Eduardo Galeano es un escritor uruguayo que nació en 1941. “Tengo 71 años, pero me siento capaz de nacer cada día”, le respondió a la periodista Ima Sanchís en una Contra de La Vanguardia (Ima le había entrevistado a los 60, a los 67, “y lo volveré a entrevistar mientras se deje, porque es una de las mentes más lúcidas y menos pedantes que conozco. Siempre original, su revisión de la historia, que cuenta a través de lo pequeño, ofrece la perspectiva de una sensibilidad que observa lo humano y los hechos por primera vez”).
Galeano le contó a Ima –nos contó a todos- en una reciente entrevista para La Vanguardia que “la economía está al servicio de la industria militar, que es el nombre artístico de la industria militar”. Este es “un mundo organizado para el desvínculo, donde el otro es siempre una amenaza y nunca una promesa”. El miedo es “el pretexto para que esta industria –la militar- pueda prosperar, porque necesita guerras y enemigos, y si no existen hay que inventarlos”. Eduardo Galeano pone el ejemplo de Nelson Mandela, uno de los mayores líderes políticos y sociales de nuestro tiempo, “que ha figurado en la lista de enemigos peligrosos para la seguridad de EE. UU. hasta el 2008. Durante 60 años el africano más prestigioso fue un terrorista para el país dominante. ¿Cómo vamos a creer en todo lo que nos cuentan sobre las amenazas terroristas?” Galeano reivindica la vida, por su capacidad de sorpresa. “Vivimos en un mundo inseguro, no sólo porque podemos ser robados, asaltados… Los coches matan más que las drogas, y el aire que respiramos y los pesticidas nos exterminan. Sólo si nos articulamos para defendernos de un sistema que es enemigo de la naturaleza y de la gente podremos hallar espacios de seguridad”. Este escritor uruguayo cree que todavía podemos elegir la defensa de nuestra dignidad en un mundo “donde, quieras o no, en algún momento tendrás que tomar partido entre los indignos y los indignados”. Otro ejemplo de incoherencia que nos propone es el del presidente Obama al recibir el premio Nobel de la Paz, con un discurso “de homenaje a la guerra justa y necesaria contra el mal”.
“La mayoría trabaja a contracorazón y termina viviendo una vida que no es la suya por las necesidades materiales, y eso es lo que hace que no se den cuenta de que murieron hace muchos años, la última vez que no fueron capaces de decir no”, explica Galeano. “No podemos confundir la grandeza con lo grandote, una de las confusiones del mundo actual. La grandeza no está en lo hechos espectaculares, está en la vida cotidiana” (esta reflexión nos remite a las palabras de Goethe: “La vida es corta, no la hagamos también pequeña”). Nos destruye “el conformismo, la aceptación de la realidad como un destino y no como un desafío que nos invita al cambio, a resistir, a revelarnos, a imaginar en lugar de vivir el futuro como una penitencia inevitable”. ¿Hay esperanza? Sí, en la solidaridad, “que es un sentimiento horizontal. La caridad es vertical, y no me gusta”. En la limitación del trabajo (“en el manicomio general, los franceses tuvieron un acto de cordura: ya que tenemos máquinas capaces, tengamos 35 horas de trabajo semanal, pero duró diez años”). Y en la utopía; Galeano cita a Fernando Birri, el patriarca del cine argentino: “La utopía sirve para caminar”.

“Cada minuto el mundo destina tres millones de dólares a armas y mueren quince niños de enfermedades curables. ¿Qué clase de especie es ésta que dice ser la racional?”
En la bibliografía de ‘Del Capitalismo al Talentismo’, dos grandes obras de Galeano: ‘Espejos. Una historia casi universal’ (2008) y ‘Los hijos de los días’. Descansa en paz, Eduardo.
He estado leyendo el último libro de Manuel Campo Vidal, ‘¿Por qué los profesionales no comunicamos mejor? Los siete pecados capitales del mal comunicador’ (RBA, 2015).
Campo Vidal nos recuerda que somos una sociedad que comunica mal (de niños no salíamos a la pizarra, no admiramos los discursos) y sin embargo mala comunicación significa baja productividad.
Los siete pecados capitales de los malos comunicadores son:
-       - La improvisación
-       - La falta de escucha
-       - El descontrol de tiempo
-      -  La arrogancia
-       - No saber empezar ni terminar
-       - Descuidar la comunicación no verbal
-       - El déficit o exceso de emoción

Comunicación es Liderazgo, y el autor pone como ejemplos Obama o Mandela, Mourinho y Guardiola, Adolfo Suárez, Rubalcaba o Rajoy.
Me quedo con sus diez consejos: Concéntrate antes de comunicar, Conoce el escenario, Vocaliza bien, Identifica al receptor, Ante la duda sé sencillo y natural, Di las cosas antes y claro, Sé breve, Mira a la cara, No te preocupes tanto por las preguntas y prepara las respuestas, Nunca mientas.
Mi gratitud a Manu y su equipo, a Campo Vidal y a Eduardo Galeano siempre.