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martes, 27 de enero de 2015

Sin ti no soy nada


Jornada intensa entre propuestas de transformación a través del desarrollo del talento comercial (por la mañana) y reuniones internas (por la tarde). Un día del que sentirse particularmente satisfecho y orgulloso de la organización a la que uno pertenece.
Mi hija Zoe ha hecho un trabajo (exposición divulgativa) sobre el impacto negativo de los seres humanos en el medio ambiente. Lo ha dedicado a las abejas y su desaparición.
Se atribuye a Albert Einstein la frase “Si la abeja desapareciera, al hombre solo le quedarían cuatro años de vida”. Seguramente el sabio más reconocido del siglo XX nunca dijo tal sentencia; sin embargo, nadie le puede discutir al padre de la teoría de la relatividad su sabiduría. Independientemente de quien conectara a estos insectos voladores con nuestra especie, ellas son las responsables de la polinización, y si no polinizan, las plantas no nacen ni crecen, los animales herbívoros no pueden comérselas ni los carnívoros alimentarse de éstos. Es el ciclo de la vida, y formamos parte de la cadena alimentaria. De las cien especies de cultivos que proporcionan el 90% de los alimentos en el mundo, 71 se polinizan por las abejas.
Las colonias de “apis melífera” están descendiendo bruscamente, entre el 20% y el 90% anual. La causa es múltiple. De un lado, los pesticidas. Según la Comisión para el Control Alimentario de la Unión Europea (EFSA), la muerte en masa de muchas abejas se debe a un tipo de fertilizantes llamado neonicotinoides. Intervienen en el cerebro de las abejas y las hacen más lentas e incapaces de aprender. En 2013, la UE vetó el uso de tres pesticidas. Además, el ácaro Varroa (un parásito que se alimenta de la sangre de la abeja), los monocultivos, el calentamiento global…
Especial relación la de la abeja con el ser humano. Recuerdo un libro de Isaac Asimov, ‘Las amenazas de nuestro mundo’ (2000). Agujeros negros, supernovas, meteoritos, volcanes, terremotos, guerra nuclear. Ni rastro de la desaparición de las abejas.
Y es que pensamos mucho en el talento individual, cuando es la interacción, el contexto, lo que nos hace lo que somos. Deportistas de alto rendimiento que alcanzan logros sobresalientes gracias a sus compañer@s y sus entrenadores. Profesionales que crecen por sus entornos laborales (el Contexto, la tercera C del Talento junto con la Capacidad y el Compromiso). Somos una especie “condenada” a vivir juntos, para dar lo mejor de nosotr@s mism@s.

“Sin ti no soy nada”, como cantaba Amaral. Una lección de humildad. La nueva película ‘Into the woods’ (En el bosque) muestra precisamente la interacción entre los personajes de cuento: Cenicienta y Rapunzel, Jack y Caperucita, etc. Las mejores frases de la cinta (y del musical) son: “Me criaron para ser encantador, no sincero” (Príncipe de Cenicienta), “Cuanto más cuesta, es mejor tenerlo” (Príncipe de Rapunzel), “La oportunidad es un visitante que no está mucho tiempo” (Cenicienta), “Decides solo, pero nunca estás sola” (la panadera), “Cuidado con las cosas que dices; los niños las escuchan” (Bruja).
“Nadie es una isla” (John Donne, 1572-1631).
No man is an island,

Entire of itself,

Every man is a piece of the continent,

A part of the main.

If a clod be washed away by the sea,

Europe is the less.

As well as if a promontory were.

As well as if a manor of thy friend's

Or of thine own were:

Any man's death diminishes me,

Because I am involved in mankind,

And therefore never send to know for whom the bell tolls; 

It tolls for thee.