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domingo, 7 de diciembre de 2014

Espíritu de superación, con la E de Endeudamiento


Domingo soleado aunque frío, sin despertador (hoy Zoe no tenía entrenamiento matinal). Me he comprado, junto con la prensa habitual, el CD de ‘El País de Música’ titulado “Se nos rompió el Amor”. Una antología deliciosa: “19 días y 500 noches” (Joaquín Sabina), “Corazón partío” (Alejandro Sabina), “Piensa en mí” (Luz Casal), “Algo de mí” (Camilo Sesto), “Frente a frente” (Jeanette), “Me cuesta tanto olvidarte” (Mecano), “Tómame o déjame” (Mocedades), “Devuélveme la vida” (Antonio Orozco con Malú), “Y te vas” (José Luis Perales), “Quiero beber hasta perder el control” (Los Secretos), “Sin ti no soy nada” (Amaral), “Te quiero igual” (Andrés Calamaro), “Cero” (Dani Martín), “Si tú no estás” (Rosana). 15 temas imprescindibles, que invitan exquisitamente a la melancolía. Como escribe Rosa Montero: “Esto no es un disco. Esto es una bomba lacrimógena”. Para yonquis de la nostalgia.
Con esta banda sonora, me he dedicado a tratar de leer (porque muchas veces es meramente repasar) la prensa de hoy. Me quedo con la historia del procurador Francisco de Acuña, que recorría con lanza y vestimenta de caballero andante las tierras de La Mancha para “desfacer entuertos” y en quien al parecer ser inspiró Miguel de Cervantes (en el libro ‘En un lugar del talento’ un servidor comentaba que Don Quijote es una metáfora de Ignacio de Loyola, una personalidad netamente española). En su espacio semanal, el maestro José Antonio Marina (con quien tuve el placer de estar antes de ayer, gracias a Carmen Pellicer, en la reunión de AECOPE) nos habla de las grúas y de la pregunta que le hizo al ministro De Guindos sobre los más de 2 M de desempleados que proceden de la construcción: “habrá que esperar a que la construcción vuelva a emplearlos”. Confío en que no (al menos, muchos de ellos). La construcción, que suponía el 75% de la inversión en 2005, ha bajado 20 puntos. Creo (de creer y de crear) que los desempleados descubran su verdadera vocación, “estudien” (no necesariamente como se hacía antes; la FP o la formación virtual son grande opciones) y empleen su talento en un nuevo mundo, global, tecnológico y de mayor valor añadido. Tengo la fortuna de pertenecer a una gran organización que está involucrada en mejorar el mercado laboral de nuestro país, para l@s jóvenes, l@s desemplead@s con más de 45 años, las personas con riesgo de exclusión social, etc.
En Emprendedores & Empleo, Tino Fernández lanza una pregunta muy interesante: “¿De verdad puedes ser amigo de tu jefe?”. Se basa en una consultora de Atlanta que dogmatiza que más de 6 horas semanales con tu jefe es perjudicial. Lástima que no le haya preguntado a Javier Fernández Aguado, gran experto en Aristóteles (su versión de la ‘Ética a Nicómaco’ es magnifica), que nos habría aclarado que para el sabio de Estagira y coach de Alejandro Magno existen tres clases de amistad: por placer (la de los jóvenes), por utilidad (la de los viejos) y por interés (que suelen acabar en reclamaciones y reproches). “La amistad perfecta es la de personas buenas e iguales en virtud (areté) ya que éstas quieren el bien el uno del otro”. Desde el sano orgullo, es la que un servidor cree que tiene con su jefe: lealtad, sinceridad, disfrute, sinergias.
Me ha encantado la entrevista de dos páginas de Berta González de la Vega a mi buen amigo (y mentor del Human Age Institute) Mario Alonso Puig: “Si cambia tu mente, cambia tu vida”.  “No nacimos para una vida mediocre, sino para una llena de orgullo y de ilusión”. La alternativa de sentirse víctima es muy tóxica.
En El País Negocios, cómo Azkoyen ha enderezado la nave, la economía colaborativa, el futurólogo Mike Wlash (“los e-mails y las web tienen los días contados”) y los cambios en la dirección de Pepsico Europa (Ramón Laguarta es el nuevo CEO) y Coca-Cola España (Jorge Garduño sustituye a Marcos de Quinto como DG).
El libro de hoy ha sido el de José María Gay de Liébana, el economista catalán que participará en el VI Afterwork APD de Barcelona. Se trata de ‘España se escribe con E de endeudamiento’, una radiografía económico-financiera de nuestro país, que se ha ido “ultraendeudando” por vivir por encima de sus posibilidades y, como si de una droga se tratara, consumiéndola más y más hasta “abocarse al abismo” (siempre en palabras del autor). Gay de Liébana considera que los gobiernos que mienten a los ciudadanos (sea consciente o inconscientemente) deben dimitir.
El llamado “economista del sentido común” analiza las cuentas del fútbol (la Liga de las estrellas, el Real Madrid y el FC Barcelona), las cuentas del IBEX y los casos de éxito (Inditex, Mercadona, Damm y el Real Club de Tenis Barcelona). Frente a la “España trémula y de rumbo torcido”, el seny de “las finanzas de pizarra”.
En el cine, hoy he ido a ver en familia ‘Exodus. Dioses y reyes’, de Ridley Scott. Una película sobre el segundo libro del Antiguo Testamento (la esclavitud de los hebreos en Egipto durante 400 años y su viaje guiados por Moisés hacia la Tierra Prometida).
Me gusta el cine del veterano Ridley Scott: ‘Alien’, ‘Blade Runner’, ‘Thelma y Louise’, ‘1492: La conquista del paraíso’, ‘Tormenta blanca’, ‘La teniente O’Neill’, ‘Gladiator’, ‘Hannibal’, ‘El reino de los cielos’, ‘Un buen año’, ‘American ganster’, ‘Red de mentiras’, ‘Robin Hood’ y por supuesto el anuncio de Apple, ‘1984’ (considerado el mejor de la historia). Sin embargo, en sus más de 30 cintas como director, también hay sombras como ‘Prometheus’, ‘Black Hawk Derribado’ o ‘Los impostores’. Todas son de una factura técnica exquisita, pero muy dependientes del talento de sus protagonistas.
En esta ocasión, la gente salía del cine preguntando y preguntándose: “¿Te ha gustado la película?”. Tras dos horas y media de metraje y 140 M $ de presupuesto (cinco veces ‘Lo Imposible’, para que nos hagamos una idea), implica que el espectáculo impacta (las plagas de Egipto, la apertura de las aguas), pero los personajes no movilizan emocionalmente. Christian Bale (Moisés) y Joel Edgerton (Ramsés) están fríos. Ben Kingsley y Sigourney Weaver no aportan, como secundarios de lujo, lo suficiente. 
Puede ser que se rodara en poco tiempo (74 días), que a Ridley Scott (77 años) ya solo le vayan los desafíos tecnológicos o que, como en el caso del ‘Noé’ de Darren Aranofsky (en el que Russel Crowe, actor fetiche de Scott, relevó a Christian Bale), lo espectacular pretenda suplir a lo emotivo. En cualquier caso, se trata de una historia sagrada tan conocida que no puede haber suspense y tras la que el espectador sale como si nada, cuando estamos hablando del pueblo judío volviendo a la tierra prometida. Un ejemplo de superación como pocos.