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jueves, 18 de diciembre de 2014

El Talento de Woody Allen


Segunda jornada de la semana en Barcelona, con reuniones internas de revisión del año y preparación de la nueva temporada. Cena del Comité de Dirección en la Barceloneta, frente al Mediterráneo. Ha sido un año intenso, del que podemos sentirnos sanamente orgullos@s.
Ayer en el AVE y después por la noche he estado viendo el documental (escrito, dirigido y producido por Robert Weide) sobre Woody Allen, un talento polifacético: cómico, músico (clarinetista), escritor, actor. El cine, como director, le ha permitido generar su propio mundo personal (algo similar a Charlie Chaplin) hasta convertirse en una Marca poderosa en el séptimo arte.
A partir de los 5 años, se volvió un gruñón. Sus abuelos llegaron a Estados Unidos desde Rusia. Su padre fue el dueño de un cine de Brooklyn y acabó perdiendo su fortuna; su madre trabajaba para él. Fue ella la que inculcó a sus hijos que tenían que estudiar. En el cine Midwood, junto a su casa, vio muchísimas películas. A los 17 empezó a tocar el saxofón; y de ahí al clarinete. Practicaba y practicaba. “Woody no hace nada que no crea que puede hacer muy bien”, dice su hermana. Le gusta tocar el clarinete aún más que dirigir películas. Sensibilidad musical, que le permite hacer grandes comedias, muy emotivas.
Tras el Instituto, Alan Konisberg (su verdadero nombre) empezó a escribir chistes para un periódico (por ejemplo, “un hipócrita es un tipo que escribe un libro sobre el ateísmo y reza para que se venda”). Escribía unos 50 chistes diarios, a 25 $. Con 17 años, ganaba más dinero que sus padres. Desde entonces, lo escribe todo con una máquina de escribir alemana, una Olimpia portátil, que está seguro que le sobrevivirá.
Se casó a los 18. En sus palabras, “ya había ido al cine, a la bolera, a restaurantes… No le quedaba otra cosa que casarse”. Salieron de casa de sus padres, pero no funcionó. En uno de sus monólogos, decía: “Me casé con una mujer muy inmadura. Un día, mientras me estaba bañando, entró de repente y me hundió mis barcos”. En 1965, le invitaron a ir a trabajar a Tamiment, una zona de recreo donde había espectáculos en vivo de fin de semana. Con 21, escribía para Sid Caesar, un genio de la comedia, junto a Mel Brooks.
Woody se veía como escritor, pero no como un cómico que saliera a un escenario. Otros le vieron así. Mort Sahl (que lo hacía todo diferente: personal, fresco, innovador) fue su gran fuente de inspiración. Woody Allen creó un estilo propio. Por ejemplo, “tengo que hablar de los anticonceptivos orales. Hace unos días le pedí a una chica que se acostara conmigo y me dijo: ¡No!”.
Una persona tan tímida como él sufría mucho en el escenario. Pero de ahí salió en televisión (“así es como se forjan los ídolos nacionales”): boxeó contra un canguro, cantó con un perro, cantó (horriblemente) vestido de frac y con sombrero de copa…
¿Cómo entró en el mundo del cine? Cuando actuaba en el Blue Angel (iban muchas estrellas allí), Shirley McLaine llevó a un amigo, Charles Feldman, un productor. Le ofreció 20.000 $ por escribir ‘¿Qué hay, Pussycat?’. Le modificaron casi todo. “Si la hubiera dirigido yo, sería una peli muchísimo más graciosa, pero habría hecho menos dinero”. Desde la siguiente, las dirigiría él. La primera, ‘Toma el dinero y corre’ (1969), un pseudo-documental. Los ejecutivos de la productora no sabían qué opinar; sin embargo, la cinta fue un completo éxito desde el principio.
En ‘Sueños de seductor’, conoció a Diane Keaton y se enamoraron. Con United Artists rodó ‘Bananas’ (1971), ‘Todo lo que quería saber sobre el sexo… pero temía preguntar’ (1972), ‘El Dormilón’ (1973). Recogió influencias de Groucho Marx, Bob Hope e Ingmar Bergman: ‘La última noche de Boris Gruchenko’.
El punto de inflexión fue ‘Annie Hall’: menos carcajadas, mayor reflexión sobre los seres humanos. Cuatro Óscar: Mejor actor, mejor actriz, mejor director, mejor guión (el año de ‘La guerra de las galaxias’). “Tuvo la oportunidad de explorar sus límites como artista. Y la aprovechó” (Martin Scorsese). Hizo un drama, ‘Interiores’. “Siempre ha deseado que se le tome en serio. Es una bendición y una tortura”, ha declarado su 2ª exmujer. La siguiente, ‘Manhattan’, en blanco y negro. La carta de amor sobre Nueva York de un romántico, de alguien vulnerable. “Ten un poco de fe en la gente”.
‘Recuerdos’ (1980), su película favorita, no fue un éxito comercial. Influida por Fellini, el público no se identificó con ella. Es una cinta sobre la sensibilidad artística y los problemas que eso conlleva. Tras este fracaso, ‘La comedia sexual de una noche de verano’, de vuelta a la comedia con Mia Farrow como musa.
En los 80, ‘Zelig’ (1983), ‘Broadway Danny Rose’ (1984), ‘La rosa púrpura de El Cairo’ (1985), ‘Hannah y sus hermanas’ (1986), ‘Días de radio’ y ‘September’ (1987), ‘Otra mujer’ (1988), ‘Historias de Nueva York’ y ‘Delitos y faltas’ (1989). En los 90, ‘Alice’, ‘Sombras y niebla’, ‘Maridos y mujeres’, ‘Misterioso asesinato en Manhattan’, ‘Balas sobre Broadway’ –en medio del juicio contra Mia Farrow sobre la custodia de sus hijos-, ‘Poderosa Afrodita’, ‘Todos dicen I love you’, ‘Desmontando a Harry’, ‘Celebrity’, ‘Acordes y desacuerdos’, ‘Granujas de medio pelo’. “Si contratas gente con talento y no les mareas, te dan lo que les ha llevado a ser lo que son”.
El cineasta neoyorkino se convirtió en cosmopolita: Londres (‘Match point’, 2005), Barcelona (‘Vicky, Cristina, Barcelona’, 2008), París (‘Midnight in Paris’, 2011), Roma (‘Desde Roma con Amor’, 2012), la costa azul a principios del siglo pasado (‘Magia a la luz de la luna’) y de vuelta a los EE UU, a California (la espléndida ‘Blue Jasmine’, 2013, con Cate Blanchett). “Simplicidad”: es un director que cree en el relato, en la palabra escrita. “It’s just story-telling”. Su productividad es propia de los años 30 (John Ford, Raoul Walsh). De momento, 50 películas desde 1969; 4 Óscars y 14 nominaciones.
Además de ser un guionista fabuloso y elegir muy bien el reparto, consigue que sus actrices y actores reciban un montón de premios porque les da la libertad de hacer sus mejores actuaciones, sin presionarles. “Todo el mundo tiene tantas ganas de trabajar con él que dan su mejor versión para no decepcionarle”, ha comentado un crítico. La clave está en un buen casting (selección para el desarrollo). “Es el mejor director de actores con el que he trabajado”, Naomi Watts.
Y no tiene miedo al fracaso, porque no trata de “superarse a sí mismo”, sino de hacer intuitivamente lo que cree que debe hacer en cada momento. Al ritmo de una peli al año. “Cuando miro atrás, me agrada comprobar que he cumplido mis sueños de infancia”, ha declarado Woody Allen.
Un documental muy valioso sobre uno de los principales talentos del séptimo arte.