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miércoles, 26 de noviembre de 2014

La vida según Sheldon y los hábitos de los infelices crónicos


Esta mañana he estado en las nuevas oficinas de Right Management y Experis en Barcelona, en la Diagonal 567. Una maravilla. Además, están sobre el centro comercial L’Illa, donde se encuentra mi FNAC favorita (de hecho, he comprado allí hoy el nuevo libro de John Carlin sobre Óscar Pistorius).
Por la tarde, tras una reunión con un cliente, he cogido el Ave a Zaragoza y de allí a Pamplona. Mañana tenemos Coffee & Talent en la capital navarra. 
De la web de The Huffington Post me han gustado dos artículos cuyo contenido quiero compartir contigo.
El primero es sobre ‘Los siete hábitos de las personas crónicamente infelices’ de la coach estadounidense Tamara Star.
Tamara parte de las investigaciones de nuestra admirada Sonja Lyubomirsky y su regla del 40% (el 40% de la felicidad es estrictamente voluntario; solo el 10% es externo y el 50% es referencial –entornos felices). “A lo largo de los años, he aprendido que hay ciertos rasgos y hábitos que caracterizan a las personas crónicamente infelices”, explica la autora. Y añade: “Todos tenemos malos días, e incluso semanas, en los que caemos en las siete casillas. La diferencia entre una vida feliz e infeliz radica en la frecuencia y el tiempo que nos quedamos ahí.”
Desde su experiencia, éstas son las conductas habituales de las personas crónicamente infelices:
1. Piensan por defecto que la vida es dura. Un@ elige entre el victimismo o el protagonismo. “La perseverancia ante la resolución de problemas -en lugar de quejarse por las circunstancias- es un síntoma de una persona feliz.”
2. Creen que no se puede confiar en la mayoría de la gente. Las personas felices confían en las demás. “Creen en la bondad de la gente; no consideran que todo el mundo tiene intención de pillarlos. En general, la gente feliz se muestra abierta y simpática con las personas que conocen y desarrollan un sentido de comunidad a su alrededor.”
3. Se concentran en lo que va mal, no en lo que va bien. Cuestión de foco: ponerlo en la queja o en la iniciativa. “La gente feliz es consciente de los problemas del mundo, pero equilibran su preocupación con el conocimiento de lo que va bien.” Tamara lo llama “tener los dos ojos abiertos”. Es la perspectiva (los infelices son cíclopes que que solo ven lo negativo).
4. Se comparan con otros por envidia. “Una persona infeliz piensa que la buena suerte de los demás les está robando la suya.” La envidia lleva a los celos y al resentimiento.
5. Ansían controlar su vida. “Existe una diferencia entre el control y las ansias de conseguir nuestros objetivos. La gente feliz va dando pasos todos los días para lograr sus objetivos, pero se dan cuenta de que al final, pocas cosas se pueden controlar en lo que nos depara la vida”. La clave, ya sabes, en centrarnos en los objetivos, a sabiendas de que habrá cambios en el camino.
6. Piensan en el futuro con miedo y preocupación. “La gente infeliz tiene la cabeza llena de pensamientos negativos y no da una oportunidad a lo que podría salir bien.” El futuro es esperanzador o no, en función de nuestras expectativas. ¿Dejamos todo el espacio para el miedo o conseguimos que lo ocupe el amor?
7. Siempre hablan de cotilleos y quejas. “A las personas infelices les gusta vivir en el pasado.” Añoranzas (y lamentaciones) o futuro; ésa es la diferencia.
Es una cuestión de frecuencia. Gracias a Tamara y a Marina Velasco Serrano, traductora del artículo original.
En la misma web, Elena Santos se hace eco del libro ‘La vida según Sheldon’ de Toni de la Torre. Se trata de Sheldon Cooper (interpretado por Jim Parsons), protagonista de ‘The Bing Bang Theory’. Un científico muy inteligente, incapaz de mentir, de captar las ironías, maniático, averso al cambio y a las reacciones sociales (en realidad, sufre una variante del síndrome de Asperger). Para un servidor es el claro ejemplo de “inteligencia fracasada”, frente a la “inteligencia triunfante”, el buen uso de la inteligencia, que es como nos gusta definir el talento.
Las ocho frases características de Sheldon son:
1. “Penny, en esta casa tú eres la peculiar” (frente a la mayoritaria necesidad de ser “uniforme”, el valor de la diversidad).
2. “Yo no adivino. Como científico, solo llego a conclusiones basándome en la observación y en la experiencia” (el método lógico, inductivo).
3. Respondiendo a Penny, que le ha dicho “Tú eres mi amigo y los amigos se hacen regalos” : “Acepto tu premisa y rechazo tu conclusión” (socialmente, las conclusiones no son tan obvias).
4. Sobre sus amigos (que pueden ser un lastre): “Prefiero pensar que soy un estímulo para ellos” (el punto de vista es determinante).
5. "La necesidad de encontrar a otro ser humano con quien compartir la vida siempre me ha asombrado, quizá porque yo me encuentro interesante sólo a mí mismo. Y dicho esto, os deseo que seáis muy felices el uno con el otro, igual que yo lo soy conmigo mismo" (no hace falta necesariamente supeditar tu felicidad a tener pareja).
6. A Amy, su chica: “¡Oh, porras! Hace dos años ni siquiera nos conocíamos y ahora estoy en tu casa de noche. ¿Se puede ir más rápido?” (el tiempo es relativo).
7. “Sólo existe un tipo de droga para expandir el cerebro que yo admito: se llama escuela" (hay que aprender toda la vida).
8. A Penny, que llora porque se siente estúpida: “Eso no es motivo para llorar. Uno llora porque está triste. Por ejemplo, yo lloro porque los demás son estúpidos y eso me pone triste” (las emociones se pueden elegir).
No es que Sheldon, no precisamente dotado para la inteligencia ejecutiva, deba ser nuestro modelo de comportamiento (me gusta poner como ejemplo de su “inteligencia fracasada” que a un miembro del Rectorado, afroamericana, de quien depende su promoción, le regala el DVD de “Raíces” y le llama “hermana”). En cualquier caso, nos hace pensar sobre lo valioso que es combinar lo que Kahneman llama “pensar despacio” con el otro nivel de inteligencia, “pensar rápido”.
Mi gratitud a Toni, a Elena y a l@s guionistas de ‘The Bing Bang Theory’