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sábado, 6 de septiembre de 2014

El Capital Humano


He estado viendo en DVD ‘Il Capitale Umano’ (El Capital Humano), de Paolo Virzì. Basada en la novela de Stepehn Amidon, ‘Human Capital’, parte de un accidente de tráfico (el atropello de un ciclista en navidad) y en cuatro capítulos nos cuenta qué ocurre alrededor de este suceso. La familia del millonario Giovanni Bernaschi, un gran especulador de las finanzas, que lidera un fondo que promete un 40% de rentabilidad a sus inversores. Su mujer, aficionada al teatro porque fue actriz, y su hijo, en un colegio privado. Supuestamente, el joven Bernaschi sale con Serena, hija de Dino Ossola, un ambicioso agente inmobiliario cuya empresa está al borde de la quiebra. Un análisis muy inteligente sobre el capitalismo, la naturaleza humana y el amor. En 2013 recibió siete premios Donatello, entre ellos el de mejor película. En Italia se estrenó el pasado 9 de enero, en Portugal en mayo y en España no tiene fecha confirmada, lo que es una lástima.
El Capital Humano es el cálculo de la indemnización (en este caso, de un ciclista atropellado) en función de su edad y esperanza de vida, de las perspectivas de generación de ingresos y del daño emocional cometido a los familiares. De ahí el título de la película.
Como bien sabes, me encanta conocer la etimología de las palabras. “Capital” proviene del latín “capitalis”, relativo a la cabeza (Caput). De ahí términos como “capitán”, “capataz”, “capellán”, “capitolio”, “capítulo”… que tienen que ver con “los que mandan”, “la cabeza”. El problema es cuando, como ocurre con las jirafas, la cabeza se distancia demasiado del resto del cuerpo (como dicen en Makro, hemos de pasar “de jirafas a manada de lobos”).
“Humano” del latín “Humanus”, a su vez compuesto de “Humus” (la tierra) y el sufijo “anus” (como villano, pagano, italiano), que significa “procedencia”. Polvo eres y en polvo te convertirás. En muchas religiones, como la cristiana o la griega, la creación del hombre se hace a partir de arcilla. De hecho, en el libro ‘Por qué necesitas un coach’ comentaba que poseemos “mente de arcilla”, ni plenamente rígida (nuestro cerebro es muy plástico) ni totalmente líquida (no vale todo).
Por cierto, además de sólido, líquido y gaseoso, en la materia se encuentra un cuarto estado que en física y química se denomina “plasma”. Es un estado fluido similar al gaseoso, con la particularidad de que determinada proporción de las partículas está cargada eléctricamente y por tanto no hay equilibrio electromagnético. El plasma cuenta con determinadas propiedades que no se dan en los sólidos, líquidos ni en el estado gaseoso. El plasma asume la forma del contenedor en el que está encerrado, como el gas, pero a diferencia de éste pueden formar rayos, filamentos o capas dobles. En definitiva, hay efectos colectivos importantes, como puede verse en una lámpara de plasma.
Curiosamente, el plasma no es el estado menos frecuente en el Universo, sino el más frecuente. La mayor parte de la materia visible en el Universo está en estado de plasma, como el plasma intergaláctico o las estrellas.
La palabra “plasma” proviene del griego, y significa “objeto o figura moldeable”. De ahí “plasticidad”, “plastilina”, “plastificar”. Somos plasma en la medida que somos moldeables, que podemos evolucionar, cambiar, transformarnos.
Los humanos, obviamente, no somos “recursos” (un medio para alcanzar un fin), sino “capital” (activos). Las empresas tayloristas, que todavía abundan, utilizan a las personas como recursos, como costes a minimizar. Las empresas “Human Age” (las humanistas) cuentan con las personas como activos, e invierten en ellas.
Debemos recordar que en Economía el concepto de Capital Humano surgió para tratar de explicar aquella parte del crecimiento de una empresa o de un país que no depende de los factores clásicos de producción (la tierra, el trabajo). Fueron Hirofumi Uzaka (1965) y Robert Lucas (1988) quienes desarrollaron este idea. Este diferencial puede ser hasta del 90%. Por ello, como sabes la Calidad Directiva es hasta el 60% de la productividad y la competitividad y la tecnología (el uso apropiado de las nuevas tecnologías, que también tiene mucho que ver con el capital humano) el 30% restante.
El Premio Nobel de Economía 1992 Gary Becker (1930 – 2 de mayo de 2014) publicó en la Universidad de Chicago su obra ‘Human Capital’ en 1964. En los últimos 50 años, ha sido uno de los textos de mayor relevancia en los estudios económicos del comportamiento humano.
Mi gratitud al director Paolo Virzí por ofrecernos una película que ayuda a la reflexión y al Dr. Gay Stanley Becker por sus estudios sobre el Capital Humano.