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domingo, 3 de agosto de 2014

La Inteligencia Emocional, en 10 hábitos clave y cómo generarlos


Anoche estuvimos viendo en DVD ‘Los juegos del hambre: En llamas’, otra de las películas del malogrado Phillip Seymour Hoffman, y el tercer partido de pretemporada del Real Madrid, en Michigan contra el Manchester United. Más allá del récord de espectadores (109.000), fue un mal partido del equipo blanco. CR solo jugó los 20 minutos finales, Bale estuvo muy solo, Casillas no paró prácticamente nada y lo del falso 9 de Isco es un experimento fallido. Ancelotti ha prometido que su equipo irá a la final de la Supercopa (12 de agosto en Cardiff contra el Sevilla de Unai Emery) con otro espíritu. Veremos.
He estado leyendo ’10 Hábitos de la Gente con Alta Inteligencia Emocional’, de Diego Lossada en AutoayudaPráctica.com. Las personas con alta inteligencia emocional:
1.    Son conscientes de su estado emocional.
2.    Sus juicios están basados en hechos, no en suposiciones.
3.    Transforman lo negativo en positivo.
4.    Son capaces de poner límites y ser firmes si es necesario.
5.    Se rodean de personas positivas.
6.    Viven el presente.
7.    Cuidan muy bien sus pensamientos y sus palabras.
8.    Compran años de vida (a través de la experiencia de otras personas: leen, reflexionan, etc).
9.    Saben cuándo es el momento oportuno para hacer algo.
10. Tienen los ojos, la mente y el corazón abierto.
Gracias, Diego, por esta valiosa reflexión que me ha hecho recordar los inicios de la Inteligencia Emocional y que tan bien nos puede venir en verano.
Como sabes, el concepto de “Inteligencia Emocional” es de Peter Salovey y John Mayer (1990) y lo popularizó Daniel Goleman en un best-seller (unos cinco millones de ejemplares) a mediados de los 90. Es la capacidad de gestionar nuestras propias emociones y las emociones de los demás.
¿Hasta qué punto podemos modificar esa capacidad, nuestra inteligencia emocional (que es determinante en nuestra vida? Te recomiendo un artículo de mi admirado José Antonio Marina, ‘Educación del Carácter, Núcleo de la Personalidad’, en Cuadernos de Pedagogía, nº 396. www.educacion.navarra.es/documents/27590/203401/Educacion_caracter+MARINA.pdf/b8a65f02-a33d-44a5-82bd-a51f1854e3a8 En él, JAM nos recuerda que el carácter, desde la antigua Grecia, es el conjunto de hábitos que configuran una personalidad. Los buenos hábitos se llaman virtudes, y los malos, vicios. La Virtud (la areté) era la suma de fortalezas intelectuales (como el pensamiento crítico, el razonamiento, la argumentación, la creatividad) y morales: la tenacidad, la conciencia moral, la capacidad de elegir, la valentía, la capacidad de resistir el esfuerzo y aplazar la recompensa… Carácter, en griego, se decía “Ethos”.
Marina nos enseña que hay tres niveles. La personalidad recibida (género, habilidades intelectuales básicas, temperamento). La personalidad aprendida (mediante la experiencia y el aprendizaje): carácter. La personalidad elegida, por el proyecto de vida. “Si no fuéramos libres, nuestra personalidad y nuestro carácter se confundirían”, explica José Antonio.
Afortunadamente, somos libres (el libre albedrío está indisolublemente ligado al humanismo, como explicaba en ‘El triunfo del Humanismo en la empresa’). Sin embargo, aprovechamos poco esa libertad para cambiar a mejor.
Recordemos el experimento de Walter Mischel con 16 niñas y 16 niños de 4 años y chuches (marshmallow test), realizado en Stanford en 1970 y replicado muchas veces en este medio siglo. Puedes verlo en Youtube: www.youtube.com/watch?v=IQzM8jRpoh4 A l@s impulsiv@s que se comen la chuchería inmediatamente, les va peor en la vida (en términos de calificaciones académicas, índice de masa corporal y otras variables), tal como se comprobó en 1990. Aplazar la recompensa es un gran predictor del éxito en la vida.
¿Podemos aprender, mejorar, asumir nuestra libertad, para que el carácter sea el elegido por nosotr@s? Volviendo a la Inteligencia Emocional, Goleman hablaba de cinco dominios que algunos convertimos en 5 S: Seguridad, Serenidad, Superación, Servicio y Sinergia.
La Seguridad en un@ mism@, la Autoconfianza, es consecuencia del conocimiento propio. Debemos autodisciplinarnos en el diagnóstico, en elevar nuestra autoestima y autodignidad, con hábitos tales como “Ser conscientes de nuestro estado emocional” o “Vivir el presente”.
La Serenidad, el autocontrol, debemos trabajarlo con hábitos como “Emitir juicios basados en hechos y no en suposiciones” o “Ser capaces de poner límites y ser firmes” (Asertividad).
El espíritu de Superación, de marcarnos objetivos, de fluir (ponernos retos para elevar nuestras capacidades a la altura de esos retos), a través de hábitos como “Transformar los pensamientos negativos en positivos” (Optimismo) o “Saber muy bien cuándo es el momento oportuno para hacer algo”.
El componente de Servicio, la Empatía, la Orientación a los demás, con hábitos como “Rodearse de personas positivas” o “Cuidar muy bien de los pensamientos y las palabras”.
La generación de Sinergia a través de ser un equipo, de la influencia honesta, de la autoridad moral (Liderazgo), mediante hábitos como “Comprar años de vida” (aprender de l@s demás) o “Tener los ojos, la mente y el corazón abiertos”.
Puedes convertir estos hábitos en “tus” hábitos, tu forma habitual de comportarte por ti mismo (lo que es harto complicado), o ayudad@ por un/a coach, alguien que te acompañe en la aventura de la educación de tu carácter. Tú decides.
Mi agradecimiento a Walter Mischel y a José Antonio Marina por enseñarnos tanto de nuestra naturaleza humana.