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viernes, 18 de julio de 2014

Liderazgo en Servicios Centrales. Piketty, W. James, Waldo Emerson y Aristipo


18 de julio, Día Internacional de Mandela, el primero sin el gran Madiba entre nosotros. Hace un año, estaba con los profesionales de Iberia (la compañía aérea que está inmersa en una transformación admirable) precisamente tratando el Liderazgo del ser más noble de nuestro tiempo (sus valores de Compasión, Templanza y Generosidad deben guiarnos siempre). Hoy le he homenajeado modestamente con una sesión de Coaching Estratégico de la que me siento particularmente orgulloso (un directivo que creará riqueza y empleo en un país del África subsahariana) y ultimando una preciosa propuesta de Liderazgo de Servicios Centrales para una de las principales empresas de nuestro país. Mi gratitud a Araceli y Manel, que conforman un equipazo en el Centro de Excelencia, y a Jaime, que añade muchísimo valor desde su planteamiento comercial y relacional.
La dicotomía entre el núcleo y la red, protones y electrones, está presente desde Maquiavelo, en la rivalidad entre condes (en la Corte, junto al monarca) y duques (en los territorios conquistados). En los procesos de transformación, las redes comerciales han sufrido y disfrutado de más recortes y más formación/desarrollo. Es condición necesaria. La condición suficiente, que marca la diferencia, es el Liderazgo (Marcar la pauta, Hacer equipo, Infundir energía positiva) de los Servicios Centrales. Invertir en su desarrollo (partiendo de una adecuada valoración de su talento en términos culturales de la organización, de servicio al cliente interno y de calidad directiva) resulta vital, enormemente rentable.
He estado leyendo el número de este mes de ‘Filosofía Hoy’. En portada, el francés Thomas Piketty. “Qué hacemos con la desigualdad en el siglo XXI”. Además, Dussel, el filósofo de la Liberación. La relación de Heidegger con el nazismo y el esencial de William James.
Ya he hablado en este blog sobre Piketty y su best-seller ‘El Capital en el siglo XXI’. Trata un tema candente, la desigualdad que crece, lo hace desde una investigación profunda (una sociedad cada vez más desigual se autodestruye) y propone simplemente una tontería (un impuesto del 80% sobre la riqueza desmesurada, que simplemente provocaría que los muy ricos se fueran a otro país más favorablemente fiscalmente). La revista dedica siete páginas a la obra de este pensador: su tesis básica (“Cuando el rendimiento del capital en tasa porcentual se sitúa por encima del porcentaje de crecimiento de la economía total, se está dando cauce a la contradicción principal del capitalismo”), la predicción (“vuelven a dominar las dinastías familiares por encima de la meritocracia”, “la masa de trabajadores pobres se acabará rebelando contra la minoría rica”), la intervención del Estado (“gravando a los ricos con impuestos”), las críticas de los escépticos a su modelo (“los Rockefeller, Vanderbilt, etc ya no están en las listas de los más ricos” “han entrado familias que hace unos años eran desconocidas: Carlos Slim, Amancio Ortega, Warren Buffet).
Estamos en un cambio de época, ya sabes, del Capitalismo al Talentismo. Este nueva era es desigual en sus consecuencias (el dualismo de personas con talento y otras que no emplean su talento y viven alienadas por la sociedad del espectáculo), pero no debe serlo en sus orígenes. La igualdad de oportunidades y la meritocracia son fundamentos de libertad. Tal vez la desigualdad sea intrínseca al capitalismo, pero eso poco importa porque ya estamos en otra historia.
Me ha gustado también el especial sobre el filósofo pragmático William James (1842-1910), padre de la psicología (el otro es el alemán Wilhelm Wundt). Fue el primer profesor en impartir psicología en EE UU, allá por 1875. Sus obras, ‘La voluntad de creer’ (1897), ‘Pragmatismo’ (1907), ‘Las variedades de la experiencia religiosa’ (1907), ‘El sentido de la verdad’ (1909), ‘Un universo pluralista’ (1909) y, ya póstumas, ‘Memorias y ensayos’ (1911), ‘Ensayos sobre el empirismo radical’ (1912) y ‘Cartas’ (1920).
Sus principales aportaciones son el Pragmatismo (“Solo es verdadero aquello que funciona en la práctica”), la Fe (“Las creencias espirituales aportan ciertos beneficios al individuo que las alberga a la hora de alcanzar la felicidad”), la Psicología (“El mayor descubrimiento de mi generación es que un ser humano puede cambiar su vida cambiando su actitud mental”) y el empirismo radical (hay que fijar no solo en los hechos, sino en las relaciones entre ellos). Otras de sus reflexiones: “El pesimismo conduce a la debilidad; el optimismo, al poder”, “El camino voluntario y soberano hacia la alegría, si la perdemos, consiste en proceder con alegría, actuar y hablar con alegría, como si esa alegría estuviera ya con nosotros”, “Hasta ahora se pensaba que para actuar había que sentir. Hoy se sabe que el sentimiento aparece cuando empezamos a actuar”. Y mi favorita, aunque no aparezca en este dossier (la utilizo mucho en Coaching): “el pájaro no canta porque sea feliz; es feliz porque canta”. Para este verano, me leeré su bibliografía.
Contemporáneo de William James, amigo íntimo, padrino de su primogénito, fue Ralph Waldo Emerson (1803-1882), el transcendentalista de Nueva Inglaterra. Discípulo de Thomas Carlyle, nos dejó grandes aportaciones sobre la religión, el esfuerzo y la perseverancia, la vida en comunidad, la naturaleza física y espiritual… “El alma es grande y sencilla. No es una aduladora, no es una seguidora; nunca apela a sí misma. Cree en sí misma”, “El carácter enseña por encima de nuestra cabeza”, “Quien aspire a ser humano debe ser inconformista”, “Lo único que me concierne es lo que debo hacer, no lo que la gente cree que he de hacer”.
Y me ha sorprendido la figura de Aristipo de Cirene, discípulo de Sócrates y filósofo hedonista. Defendía el conocimiento sensualista, a través de los sentidos, y conseguir la vida feliz a través del placer y la ausencia de dolor. De lengua sagaz, practicó la ataraxia (la imperturbabilidad del ánimo, la serenidad) y disfrutó del presente. En ese sentido, es uno de los filósofos más modernos. Irónico, ingenioso y de verbo fácil “se lo pasó bien, realmente bien” (Jaime Fernández-Blanco Inclán).
Me llevo de esta publicación varias lecturas pendientes: ‘El bonobo y los diez mandamientos’, de Franz de Waal; ‘José Ortega y Gasset’ de Jordi Gracia; ‘Nietzsche y la utopía del superhombre’, de Manuel Penella; ‘Fuego y cenizas’, de Michael Ignatieff y ‘Una gloria incierta. India y sus contradicciones’, de Amartya K. Sen y Jean Drèze. 
Gracias a Amalia Mosquera, directora de ‘Filosofía Hoy’ y a su equipo: José Mª, Pilar, Jaime, Carlos, Marisa, Gonzalo y Javier. Necesitamos de mucha y buena filosofía para descubrir y mejorar el mundo.