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sábado, 12 de julio de 2014

El absentismo y la ausencia: No voy porque no quiero


Hoy cumple 100 años mi abuela Conchita. Concepción Lázaro de Villar nació con los inicios de la I Guerra Mundial, se casó el 29 de febrero de 1936, le pilló el comienzo de la Guerra Civil en Madrid (mi abuelo Leopoldo y ella salían, al parecer, de ver la película ‘Nuestra Natacha’ en la Gran Vía), tuvo a su hija Maribel, la primogénita, el 1 de enero de 1937 y tras más de 50 años de casados, once hijos y más de una treintena de nietos, enviudó hace un cuarto de siglo. Vive en una residencia en la zona de Arturo Soria, donde profesionales de la atención a ancianos la cuidan muy probablemente mejor que su propia familia. Y mentalmente se encuentra, en la mayor parte de las ocasiones, ausente.
La enfermedad o mal de Alzheimer (técnicamente, DSTA: Demencia Senil de Tipo Alzheimer) es una enfermedad neurodegenerativa que se manifiesta como deterioro cognitivo y está asociada a otros trastornos de conducta. Es la forma más común de demencia, suele aparecer a partir de los 65 años y fue observada por primera vez en 1901 por Alois Alzheimer (19864-1915), publicada en 1906 (al analizar post-mortem el cerebro de su paciente Auguste Deter, del asilo mental de Frakfurt) e identificada por Émile Krepelin (1856-1926), fundador de la psiquiatría científica moderna (creó el Instituto Max Planck de Psiquiatría de Múnich en 1917). Suyos son los conceptos de paranoia y psicosis maniaco-depresiva. Kraepelin se opuso a Freud en su concepción de la relación entre psiquiatría y psicoanálisis y los trastornos del sueño.
Jaime Guibelalde, Director de Desarrollo de Negocio de Talent en ManpowerGroup (Right Management y FuturSkill), me ha regalado su libro ‘No voy porque no quiero o la fiebre del absentismo’, escrito junto a Sergi Riau. Diplomado en Marketing y MBA, Guibelalde (Madrid, 1970) ha publicado además diversos artículos y cuentos en revistas profesionales.
El libro, bellamente ilustrado por D. José María Guibelalde, cuenta la historia de la multinacional WLTD que contrata para su filial española a un experimentado Director de Recursos Humanos, con el objetivo básico de reducir drásticamente su tasa de absentismo. Además, debe gestionar también a su familia, con un niño de 5 años que es un terremoto, una niña entrada en la adolescencia, y una esposa que de vez en cuando le pone firme”.
He disfrutado mucho de esta novela de gestión. Es amena, muy entretenida y nos muestra verdades como puños. El DRH es consciente de que el absentismo se debe a un cúmulo de circunstancias, fomenta un CRA (Comité de Reducción Absentismo), lo define adecuadamente, evalúa el impacto en la cuenta de resultados del mismo (Ausent sería el equivalente a su tercer cliente, con unos costes similares al margen bruto que les aporta el mejor cliente) y actúa para bajarlo del 8% al 6%, a través del cambio cultural y un decálogo muy práctico. Productividad, transformación cultural, gestión de RR HH, implicación de los mandos intermedios. Escrito de una forma muy entretenida, Jaime y Sergi saben muy bien de lo que están hablando.
El absentismo, como dicen los autores en el título, es una fiebre. Un aumento de la temperatura (en este caso, en la empresa), ocasionado por una serie de factores (como una infección o una inflamación, en el caso del cuerpo humano). Si el 70% de los profesionales se van de una compañía por una mala relación con su jefe, la situación es similar respecto al absentismo. Es consecuencia de un insuficiente Liderazgo.
Se ha calculado que el absentismo en España es equivalente a 11’6 días al año por trabajador, el más alto de nuestro entorno. En EE UU es de menos de la mitad (4’9 días). Según datos del Ministerio de Trabajo, en 2003 fue del 3% y en 2010 del 3’8%; según el INE, fue del 4’8% en 2009 y del 4’6% en 2010 (se computan horas no trabajadas por incapacidad temporal).
Nekane Rodríguez de Galarza publicó en un Informe sobre Absentismo un interesante artículo sobre los intangibles que afectan al mismo: - Talento: saber (capacidad), querer (compromiso), poder (entorno)
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- Flexibilidad: la necesidad de poder atender nuestro trabajo, debe poder combinarse en cierta medida con nuestras obligaciones personales.
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- Calidad directiva: saber gestionar expectativas, responsabilizar, ayudar, enseñar, facilitar, exigir resultados, comunicar, convencer, no imponer, ilusionar, humildad, crear espíritu de equipo, etc.”
La fiebre del absentismo suele tratarse de dos formas. Las empresas tayloristas, que no por casualidad sufren de un mayor absentismo, a través de un control aún más rígido, la desconfianza y el “ordeno y mando” de sus jefes. Las empresas humanistas (Human Age), definiendo aún mejor el propósito de lo que hacen (Misión, Visión y Valor), a través de la libertad responsable de sus profesionales (y tomando medidas correctoras en quienes no merecen esa libertad y responsabilidad) y con más y mejor Liderazgo (líderes-coaches).
En el caso de las empresas tayloristas, la reducción del absentismo no se traslada a mejoras de productividad, porque lo que aparece es el “absentismo emocional” (despido interior, zombis corporativos): menor compromiso físico, mental, emocional y de valores. Personas que van a su puesto de trabajo, pero no aportan lo deseable. Menor empleabilidad, en definitiva.
La frase que más me ha gustado en ‘No voy porque no quiero’ es “Conociendo a este tipo (el presidente del Comité de Empresa) y a Javier, nuestro Director General, me pareció un milagro que en TWHD no viviéramos en permanente huelga”.
Mi gratitud a Jaime y a quienes nos enseñan cómo reducir (realmente) el absentismo, tan perjudicial para la competitividad de nuestras empresas.