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viernes, 6 de junio de 2014

Liderazgo y educación emocional


Tras el maravilloso II Congreso Nacional de Jóvenes de APD, patrocinado por la Fundación ManpowerGroup y celebrado en Kinépolis de Pozuelo, anoche marché con Manuel Solís, DG de Manpower, de Madrid a Bilbao en coche. Y esta mañana, reunión en Logroño con los responsables de Asturias, Cantabria, País Vasco, Navarra, La Rioja, Aragón y Castilla-León, además del Presidente, DG Comercial y Head of Talent del Grupo. He disfrutado mucho de esta reunión en la capital riojana, en la que se han combinado aspectos estratégicos y operativos, de presente y de futuro, con el Liderazgo en la práctica (líderes VUCA en un VUCA world) como clave de sostenibilidad y desarrollo.
Esencial el artículo del maestro José Antonio Marina en El Mundo, ‘El fundamento de la educación emocional’.
Marina “se siente en medio de un huracán”, porque muchas cosas se están moviendo muy rápidamente en educación y no podemos quedarnos al margen. Se trata del Factor E como denominador común. JAM cita la portada de Newsweek: “La competencia escolar importa más que el cociente intelectual”, al psicólogo Adam Cox (autor de ‘No Mind Left Behind’), que habla de una revolución educativa, al premio Nobel de Economía James Heckman (cuyas investigaciones utiliza un servidor para demostrar que en el Talentismo la educación es la inversión más rentable), a Adele Diamond (Universidad de la Columbia Británica), a Walter Mischel (Columbia), a Terri Moffit, a Paul Tough, a Swanson (el Factor E correlaciona con la comprensión lectora y la creatividad), al propio Daniel Goleman en su último libro (comentado en este blog), ‘Focus’. El Factor E es el fundamento de toda posible educación emocional.
¿Qué quiere decir “Factor E”? Marina nos aclara que E procede de “executive control”. Son las funciones ejecutivas del cerebro (lo que José Antonio ha llamado “inteligencia ejecutiva”). La Universidad de Michigan lo denominó en su día “habilidades no cognitivas” (non cognitive skills): la constancia, la resiliencia, la determinación, la autorregulación, la autoeficacia, el autocontrol, la autodisciplina, los hábitos de trabajo, la resistencia al esfuerzo y la capacidad de soportar la frustración. “Las funciones ejecutivas son las que nos hacen humanos” (Ray Baumeister). Están localizadas en los lóbulos frontales. Marina nos recuerda que un compatriota, Joaquín Fuster, acaba de publicar un magnífico libro, ‘Cerebro y libertad’, precisamente sobre el Factor E. Y que el profesor Tirapu-Ustárroz lidera a un importante grupo de neurólogos españoles especializado en las funciones superiores del cerebro. También en esto estamos a nivel mundial.
Las funciones ejecutivas, Factor E, se dividen en cuatro grupos: Gestión de la atención, Gestión de la memoria, Gestión de las emociones, Gestión del comportamiento. A diferencia del resto de los animales, podemos dirigir voluntariamente la atención, lo que es magnífico. Podemos decidir lo que queremos aprender. Podemos canalizar nuestras emociones. Podemos elegir metas y dirigir nuestra conducta hacia ellas. Como muy bien dice Marina, podríamos llamar al Factor E “Factor Voluntad”, si esta palabra no estuviera tan desprestigiada (si no lo has hecho, te aconsejo encarecidamente leer ‘El misterio de la voluntad perdida’ de JAM). “Hay que tener en cuenta que las funciones ejecutivas permiten que el cerebro humano se construya a smismo﷽﷽﷽﷽﷽la comprension funciones ejecutivas permiten que el cerebro humano se construya e leer ',la comprension í mismo. Somos los diseñadores de nuestra propia inteligencia”.
En las aulas, muchos de los problemas surgen del subdesarrollo del Factor E: trastorno por déficit de atención, impulsividad, escasa tolerancia al esfuerzo, dificultad para mantener metas, problemas de aprendizaje, fracaso en la interacción social, adicciones, agresividad, falta de responsabilidad, incapacidad para tomar decisiones… incluso enfermedades mentales.
¿Cómo mejorar el Factor E? “Cuando en un aula se trabaja por proyectos, se cuida el aprendizaje de la atención voluntaria, se le enseña a saber aplazar la recompensa y a mantener el esfuerzo, se le ayuda a organizar su memoria y saber usarla, y se le entrena en lo que llamamos habilidades metacognitivas, se está educando el Factor E, tal vez sin saberlo”. Un par de ejemplos positivos: la Universidad Nebrija ha creado una Cátedra de relaciones entre inteligencia ejecutiva y educación, patrocinada por el Banco Santander, que dirige el maestro Marina; la Universidad de Padres, que también dirige mi admirado José Antonio. “Sería estupendo que, por una vez, un modelo educativo español estuviera en primera línea abriendo nuevas fronteras”, escribe nuestro mejor pensador.
En el ámbito empresarial, también hay buenas noticias. Ayer, en el Congreso de Jóvenes, sobrevoló el concepto del Factor E entre los de pasión, pensar como un genio, dirigir tu propia vida, hacer Marca personal y profesional, entusiasmo… Sí, la inteligencia ejecutiva. Y esta mañana, en un grupo de “supervivientes” (como se han denominado mis compañer@s, tras haber avanzado con éxito en estos años tan difíciles). Factor E es lo que le he pedido a Jorge Carretero, que ya está en América con nuestros chicos de La Roja, para repetir el triunfo en el Mundial.
El Talento es Conocimiento/Habilidad, Actitud y Compromiso. La Actitud (competencias) es cuestión de Inteligencia Emocional. El Compromiso, de Inteligencia Ejecutiva. 
En tiempos duros, no se puede ser blando, sino ejecutivo de verdad. Necesitamos, en el Talentismo, personas con Factor E en compañías “Human Age”. Mi gratitud a José Antonio, Raúl, Manu y a todos los que nos inspiran para desarrollar el Liderazgo a partir de nuestra atención, memoria, emociones y hábitos saludables.