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domingo, 4 de mayo de 2014

La sociedad del cansancio y la ética erótica


Estos días de descanso he estado leyendo bastante filosofía. Entre mis lecturas, ‘La sociedad del cansancio’, de Byung-Chul Han y ‘Ética erótica’ de Javier Sádaba.
Buyng Chul-Han, de origen coreano, estudió Filosofía en Friburgo y Literatura alemana y Teología en Múnich. Es profesor de filosofía en Karlsruhe y ‘La sociedad del cansancio’ es su primera obra traducida al castellano. La tesis es que “Prometeo está cansado”. Toda época tiene sus enfermedades, y las de esta década del XXI no son virales sino neuronales. El siglo pasado era una época inmunológica; la actual es de depresión, TDHA, trastorno limite de personalidad o de síndroem de desgaste ocupacional. Estamos en la “masificación de la positividad”. De la sociedad disciplinaria de Foucault, hemos pasado a la “sociedad del rendimiento”. Por eso produce depresivos y fracasados. El sujeto de rendimiento es dueño y soberano de sí mismo. De ahí el aburrimiento profundo. El autor contrapone la “vida activa” (Hannah Arendt) a la “vida contemplativa”. “La moderna pérdida de creencias hace que la vida humana se convierta en algo efímero. La vida nunca ha sido tan efímera como ahora”. La pérdida de la actividad contemplativa es corresponsable de la histeria y el nerviosismo de la moderna sociedad activa.
Nietzsche proponía aprender a mirar, a pensar, a hablar y a escribir. Claves de la vida contemplativa. “El exceso del aumento de rendimiento provoca el infierno del alma”.
Javie Sádaba, vasco afincado en Madrid, catedrático de Ética de la Universidad Autónoma (le recuerdo hablando con José Antonio Marina en el “córner de los filósofos” durante el X aniversario de Thinking Heads), acaba de publicar ‘Ética erótica’, un tratado que reivindica la vida buena y la felicidad más allá del típico enunciado de deberes (que ya da cierta pereza). El autor también cita a Hannah Arendt (la banalidad del mal), a Nietzsche (la transformación de los valores).
La Ética erótica trata de la buena música, de la amistad, del sexo y el amor. Es la erotización de la ética (al esencia del ser humano es el deseo), un ideal en el que deseo y voluntad cabalgan juntos. Una educación de la sensibilidad. Una ética de los valores ciudadanos, civilizada. Del “carácter” (que, etimológicamente, significa estar “grabado”, “marcado”). Una ética que reconoce la importancia de la imaginación (“es uno de sus mejores aliados”, opina Sádaba).
Una ética de la sexualidad, del erotismo y del humor. Ya sabes, el concepto de humor nace en Hipócrates (los cuatro humores o estados de animo: sanguíneo, flemático, bilioso y melancólico). La paradoja es la forma más intelectualizada de ejercitar el humor.
La ética erótica es una diferente manera de sentir, de espíritu eutópico (buen lugar). Sádaba concluye: “Que la ética, teórica y práctica, no se ocupe solo de lo que se debe hacer, sino de lo que se puede hacer”.
Mi gratitud a Byung-Chul Han, a Javier Sádaba y a los buenos filósofos (con Marina en la “pool position”) que nos enseñan a contemplar, a observar, a reflexionar, a pensar y a vivir mejor.