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lunes, 17 de marzo de 2014

Ocho apellidos vascos: diversidad cultural y enamoramiento


Como te comenté ayer en este blog, fui a ver por la tarde “Ocho Apellidos Vascos” con mi padre y mi hermana Patricia. Hacía tiempo que mi padre no se reía tanto en el cine. Me ha encantado comprobar que esta comedia española ha arrasado en taquilla durante su primer fin de semana.
“Ocho Apellidos Vascos” se ha colocado en el número 1 de la taquilla española el pasado fin de semana, en su estreno ,con una recaudación estimada de 2.830 millones de euros, el 40% de la recaudación total del fin de semana, y casi triplicando a la siguiente del ranking. Excelentes resultados.  La cinta se ha estrenado en 320 cines y 400 pantallas, logra un promedio de 8.844€ por cine y 7.075€ por pantalla, el mejor ratio del mercado. Es el mejor estreno del año en España y la mejor apertura de una película española desde “Lo Imposible” de Jota Bayona la mejor apertura de una comedia española que parte de un concepto original y en la decimoquinta mejor apertura de una película española en la historia.
En lugar de tratar, como tantas la Guerra Civil, esta película bromea con la diversidad cultural entre andaluces y vascos. Amaia (Clara Lago), una joven euskalduna, celebra la despedida de soltera en Sevilla con sus amigas. Allí conoce a Rafa (Dani Rovira), un andaluz que se enamora de ella. Va a buscarla a Euskadi (más concretamente, a Guetaria) y allí se hace pasar por vasco ante la atenta mirada de su padre, Koldo (Karra Elejalde) y con la ayuda de una cacereña, Mercedes (Carmen Machi). Con guión de Borja Cobeaga y Diego San José , esta divertida cinta explota con mucha gracia todo los tópicos de ambas culturas.
Para analizar la diversidad cultural, el modelo más eficaz es el que presentaron el británico Charles Hampden Turner y el holandés Fons Trompenaars en 1997, en su libro “Riding the waves of change”. Estos expertos en las culturas nacionales nos hablan de siete parámetros:
1.

Trompenaars and Hampden-Turner concluded that what distinguishes people from one culture compared with another is where these preferences fall in one of the following seven dimensions:
  1. Universalismo versus particularismo.
  2. Individualismo versus comunitarianismo.
  3. Específico versus difuso.
  4. Neutral versus emocional.
  5. Logro versus adscripción.
  6. Tiempo secuencial versus sincrónico.
  7. Dirección interna versus externa.
En el planeta, los anglosajones se sitúan en un extremo (universalistas, individualistas, específicos, neutrales, de logro, de tiempo seuencial y dirección interna) y los chinos en el opuesto (particularistas, comunitarios, difusos, emotivos, de adscripción, de tiempo sincrónico y dirección externa). En España, los vascos son más retraídos, menos emocionales (al menos, externamente), de dirección interna, de conseguir cosas, más concretos… Todo ello es producto de una geografía, de unos antepasados, de un modelo de sociedad. Y los andaluces, precisamente por esas circunstancias tan diferentes, se sitúan en el otro extremo.
Sin embargo, puede surgir el amor. La antropóloga Helen Fisher, de la Universidad de Rutgers, ha estudiado por qué nos enamoramos y de quién. Antes que ella, Pines (1992) llegó a la conclusión de que el enamoramiento es un proceso en varias etapas: cercanía geográfica, apariencia atractiva y personalidad, descubrimiento de similitudes y revelación de necesidades psicológicas profundas con la capacidad mutua de satisfacerlas (parece que una descripción tan “lógica” del proceso le quita la magia, pero así es). Pines demostró que la imagen romántica interna juega un papel muy relevante en nuestras elecciones y que las experiencias infantiles del amor moldean esta imagen.
Helen E. Fisher (1947) lleva estudiando científicamente la atracción amorosa durante mas de 30 años.  Es la mayor experta mundial en la biología del amor y de la atracción. En 2005 condujo un estudio para match.com cuyos resultaron se publicaron en el libro “¿Por qué él? ¿Por qué ella? La ciencia de la seducción” (2009). En su libro “Por qué amamos: La naturaleza y la química del amor romántico”, nos habla de tres sistemas cerebrales relacionados con este impulso:
1.     Lujuria (la líbido)
2.     Atracción (emocional)
3.     Apego (sentimientos profundos de unión).

El amor puede comenzar con cualquiera de ellos (se puede tener sexo y después enamorarse, o primero enamorarse y luego acostarse, o apegarse –tener un largo romance-). El amor es enfocarse intensamente en “el otro”. Energía, intensidad emocional, interdependencia, reacciones físicas (corazón, respiración). “Quien lo probó, lo sabe”, escribió Lope. Lo más importante es el pensamiento obsesivo.  “El amor romántico es una motivación más poderosa que el sexo”, opina Fisher.
¿De quién nos enamoramos? Helen Fisher divide a la población en cuatro sistemas neuroquímicos que derivan en pensamiento y comportamiento:
-       L@s exploradores/as: Creativ@s, temperamento artístico, color amarillo, dopamina.
-       L@s constructores/as: Sensibles, temperamento guardián, color azul, serotonina.
-       L@s directores/as: Razonadores, temperamento racional, rojo, testosterona.
-       L@s negociadores/as: Intuitiv@s, temperamento idealista, verde, oxitocina.
Los estudios de Fisher con más de 100.000 personas a partir de un cuestionario de 56 preguntas demostraron que no hay dos personas iguales. Nuestra personalidad se fundamenta en la infancia, en las experiencias de los primeros años y en los rasgos de temperamento (un 50% de lo que somos). Existe un test en internet para conocer nuestro tipo predominante.
Los negociadores son imaginativos, empáticos, intuitivos y expresivos. ¿Ejemplos? Bill Clinton, Gandhi, Sarkozy y Carla Bruni, la protagonista de “Sexo en Nueva York”. Casan bien con los directores. Los exploradores buscan la aventura (John F. Kennedy, Diana de Gales, Angelina Jolie) y casan bien con otros exploradores. Los constructores pretenden crear, son convencionales y leales (George Washington, Colin Powell, Tiger Woods, Jennifer Anniston) y casan con otros constructores. Y los directores son analíticos, lógicos, decisivos (Hillary Clinton, Albert Einstein, Donald Trump, Margaret Thatcher) y casan bien con los negociadores.
Esa es la fórmula de la atracción. Exploradores con exploradoras, constructoras con constructores. Y, como en “Ocho apellidos vascos”, un negociador como Rafa (expresivo, intuitivo, imaginativo) con una directiva como Amaia (lógica, imperativa, decisiva). Esa es la gracia del amor.