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martes, 4 de marzo de 2014

La gran virtud de la Libertad


Despertador a las 6 de la mañana y salida a las 7 en autocar desde Tel Aviv hacia Masada, en el sur de Israel.
La fortaleza de Masada, construida por el rey Herodes Agripa, simboliza el dominio del Imperio Romano. En el año 66 d.C. los zelotes.
He tenido el privilegio de hablarles a los seis equipos del Challenge 2014, antes de iniciar el ascenso a la fortaleza de Masada (440 metros sobre el nivel del mar), sobre la Libertad. “Podrán quitarnos la vida, pero no nos quitarán la libertad”, exclamó el escocés William Wallace, “corazón valiente”, a su gente antes de iniciar la batalla. La libertad es uno de los mayores anhelos humanos.
La Libertad es un valor, sin duda. Y es un gran motivador. Como nos han enseñado los investigadores, la motivación no es extrínseca (el palo y la zanahoria, la amenaza de un castigo o la promesa de un premio). Nadie motiva a nadie. La motivación es intrínseca, y se centra en tres activadores: el propósito (el sentido de lo que hacemos), la maestría (nuestra voluntad de aprender) y la autonomía (sí, la libertad). El Liderazgo ha de tenerlo siempre en cuenta.
La Libertad es un valor y también una Virtud. La libertad se logra, se conquista, se merece. La Libertad forma parte de una moneda cuyo reverso es la Responsabilidad, la capacidad de respuesta, la capacidad de gobernarnos y dar ejemplo. No hay Libertad sin Responsabilidad.
Y como bien sabemos, la libertad de cada un@ de nosotr@s termina en la libetad de l@s demás. De ahí la importancia de la convivencia y el valor de la tolerancia (a su vez, reverso de la diversidad). Educarnos en la convivencia es esencial para la libertad bien entendida.
Un muro serpenteante de 700 kilómetros separa Israel de su vecina Jordania. Una lástima, una tristeza, una vergüenza. En pleno siglo XXI, en este mundo VUCA, parece mentira este nivel de conflicto.
¿Qué podemos hacer cada un@ de nosotr@s respecto a la Libertad? Primero, reflexionar y valorarla. A lo largo de la historia de la humanidad, la libertad ha sido la excepción y no la regla. En estos momentos, con los trágicos sucesos de Ucrania y Venezuela en primer plano, comprobamos una vez más que ciertos dictadores prefieren imponer sus normas a permitir la libertad de sus pueblos (en el mundo de las organizaciones, las empresas “human age” se distinguen de las tayloristas, de las tóxicas, en cómo practican en su seno la libertad). Hemos de ser ejemplo individual, personal y colectiva en la apreciación de la libertad.
Y debemos asumir la libertad en toda su grandeza, desde la responsabilidad y la convivencia. Somos seres sociales y la libertad debe ser de tod@s.
En esta zona del mundo, parece que lentamente se están dando lentamente los pasos adecuados. En la ceremonia de los Óscar de anteanoche, en el apartado de películas de habla no inglesa (que ganó “La gran belleza”), se presentó una película palestina. Hay importantes puntos de desencuentro (el estatus de Jerusalén, la consideración de los judíos, la repatriación de los refugiados palestinos…). La guerra aquí es por cultura, por religión (Israel como patria del pueblo judío), por tierra (las fronteras) y por agua (cómo se reparte entre Israel y Palestina).
Almuerzo en Masada (en la zona de restauración, bajo la fortaleza), viaje en autocar a la frontera sur de Israel y Jordania, junto al Golfo de Aqaba, y en otro autocar, ya en tierras jordanas, hasta llegar al Hotel en Wadi Moussa, junto a Petra, a las 20,30 h.
“El desierto no es para vivir; es para cruzarlo”, nos ha enseñado Emérito mientras bajábamos por el desierto, junto a los beduinos (el pueblo de las 3T: Tienda, Tribu y Tradición) en la tierra de Benjamín, Samaría. Mi gratitud a Jansi, Javier, Emérito y nos guías por este territorio.