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domingo, 19 de enero de 2014

Nelson Mandela: El largo camino a la Libertad, a la Paz y a la Felicidad


Fin de semana de líderes en el cine: “El lobo de Wall Street” (Jordan Belfort, interpretado por Leonardo di Caprio), en la película de Martin Scorsese y “Nelson Mandela: Del mito al hombre”, la versión cinematográfica de su autobiografía, “El largo camino a la libertad”.
Se trata de la historia de Nelson Mandela desde su niñez y juventud (su abuelo era el gran jefe de la tribu soxa) hasta su elección como presidente de la república sudafricana. En ese sentido, conecta cronológicamente con “Invictus”, de Clint Eastwood, basada en el espléndido libro de John Carlin, “El factor humano” (“Playing the enemy”, en inglés), que narra la presidencia de Mandela y su triunfo con el Mundial de Rugby al unir a negros y blancos (al parecer, Madiba aprendió el poder del deporte para cambiar la situación gracias a Samaranch y su invitación a la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos de 1992 en Barcelona).
El Liderazgo de Mandela, premio Nobel de la Paz con todo merecimiento, es fascinante. Una persona de una presencia muy impactante (por su altura, su elegancia, su distinción, su nobleza, su grandeza), que hacía sentir a cada persona con la que trataba como alguien muy importante, que tenía las ideas muy claras (su aparición en la televisión sudafricana para abominar la violencia y provocar unas elecciones libres y democráticas es muy inspiradora) y que servía a los intereses de su pueblo (de la nación en su conjunto, la “nación arco iris”, una vez fue elegido presidente). Una persona que sabía muy bien por lo que vivir y por lo que morir, llegado el caso.
Excelentes las interpretaciones del británico Idris Elba (Prometheus, Thor, Luther) como Nelson Mandela y de Naomi Harris (Skyfall) como Winnie Madikizela Mandela. Una cinta de dos horas y media que parece un documental y que quedará para la posteridad como un ejemplo vital del hombre que más ennobleció la política en su tiempo.
Releyendo, ya en casa, “El largo camino a la libertad” (publicado en 1994), dedicó su autobiografía (escrita de su puño y letra desde 1974) a sus hij@s, niet@s y bisnniet@s. Está dividida en once partes:
1. Una infancia en el campo. Su padre le llamó “Rolihlahla” (literalmente “arrancar una rama del árbol”; en término coloquial, “revoltoso”). De la casa real de Thembu “heredó” su presencia tan majestuosa. Nació un 18 de julio de 1918, con el fin de la Gran Guerra.
2. Johannesburgo, donde estudió Derecho y comenzó su labor como abogado.
3. El nacimiento de un luchador por la libertad. “Ser negro en Sudáfrica supone estar politizado desde el momento de nacer, lo sepa uno o no”. La sabia tutela de Walter Sisulu. La huelga minera de 1946. La Campaña de Desafío de 1952.
4. La lucha es mi vida. La Conferencia del CNA de finales del 52. La Constitución por la Libertad.
5. Traición. El 5 de diciembre de 1956 fue detenido por “Alta Traición”. El juicio comenzó en agosto de 1958 y concluyó el 29 de marzo de 1961. En lugar de pena de muerte (que era lo esperado), cadena perpetua para que Mandela y sus compañeros no se convirtieran en unos mártires.
6. La pimpinela negra. La clandestinidad. “Confieso que soy, en cierta medida, anglófilo”.
7. Rivonia. El fuerte en el que estuvo detenido. Sus palabras finales en el juicio fueron:” He dedicado toda mi vida a la lucha del pueblo africano. He combatido la dominación blanca y he combatido la dominación negra. He acariciado el ideal de una sociedad democrática y libre, en la que todas las personas convivan juntos en armonía y con igualdad de oportunidades. Es un ideal por el que espero vivir y que aspiro a alcanzar. Pero, si es necesario, es un ideal por el que estoy dispuesto a morir”.
8. Robben Island: los años oscuros. En una celda minúscula desde 1964. En 1969 fue apresada Winnie y su hijo Madiba Thembekile (Thembi) murió en un accidente de moto a los 25 años, con dos hijos. Se le denegó la autorización para ir al funeral de su hijo.
9. Robben Island: el comienzo de la esperanza. Se les concedió un uniforme, ciertos guardas comenzaban a hablar con ellos. En junio de 1976 reciben noticias de un levantamiento en el país (el levantamiento estudiantil de Soweto). Traslado a la prisión de Pollsmoor en 1982.
10. Hablando con el enemigo. Comienzo de negociaciones. Desde 1990, el Presidente De Klerk comenzó el desmantelamiento del apartheid.
11. Libertad. La liberación se produjo el 11 de febrero de 1991. El viaje a Ciudad del Cabo y a Johannesburgo. Anunció que se separaba de su esposa el 13 de abril de 1992. La muerte de Chris Hani, una de las figuras más populares del CNA. El 3 de junio de 1993 se fijaron las primeras elecciones no racistas para el 27 de abril de 1994. El 2 de mayo, De Klerk anunció que aceptaba los resultados. Mandela era el nuevo presidente de Sudáfrica. El 10 de mayo tomó posesión.
He repasado también “La sonrisa de Mandela”, el reciente libro de John Carlin (realmente magnífico, imprescindible). Su legado tiene que ver con la Compasión, Templanza y Generosidad. El arzobispo Tutu (y Carlin con él) lo resume en un concepto: Magnanimidad. “Su imagen se acerca más que ninguna figura pública del pasado reciente al ideal de héroe” (Lucy Hughes-Hallet, “Héroes”). A Carlin, el primer occidental que le entrevistó, le enseñó la importancia de la generosidad, y que se puede ser al mismo tiempo un gran político y una gran persona.
¿Liderazgo? Mi buen amigo John Carlin cita al novelista David Foster Wallace: “Un líder de verdades alguien que nos puede ayudar a superar las limitaciones de nuestra pereza individual y de nuestro egoísmo y debilidad y miedo y lograr que hagamos cosas mejores, y más difíciles que las que podemos hacer por nosotros mismos”. ¿Qué más se puede añadir?
Mi profunda gratitud a Madiba, a John, al equipo de “Mandela: Del Mito al Hombre”, a mis amigos que me han acompañado esta mañana al cine y a comer juntos y a mi buen amigo Santiago Vázquez, que publicó en su blog de APD: “Mandela. Ser feliz depende mucho de querer serlo”: www.apd.es/inicio/Entrada.aspx?i=dfb26c43-e8f4-47cd-808f-69d6b3a94cd3 La Felicidad, como la Libertad, es una opción personal, aunque requiera de un largo camino.