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jueves, 7 de noviembre de 2013

Mi adiós a Lawrence Klein y la posibilidad de predecir el futuro


Primera de las dos jornadas de Coaching de Equipo en el Hotel Jaizkibel de Fuenterrabía. Todavía no entiendo cómo los equipos se improvisan (en realidad, un “equipo” que se improvisa no es tal, sino un grupo humano que no genera sinergias sino antisinergias, resta en lugar de sumar). Anoche, cena deliciosa en Sebastián, junto a la plaza de armas de Hondarribia. Y desde entonces, ayudando a forjar un equipo de verdad, de alto rendimiento.
Ayer leí el obituario de Lawrence Klein (falleció el 20 de octubre), el premio Nobel de Economía que mejoró considerablemente la predicción económica. Nacido en 1920, se atrevió a predecir el boom económico de los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial, lo que era insólito en la época (hasta su maestro, Keynes, se había sumado al pesimismo general). Desde 1946, el crecimiento económico anual superó el 3’8% desde 1946. “El único test satisfactorio de una teoría económica es su capacidad predictiva”, afirmaba el Dr. Klein.
Doctorado en el MIT (en 1944), su director de tesis fue Paul Samuelson, otro premio Nobel. Pasó a ser profesor de Chicago, trabajando sobre los modelos econométricos de otro Nobel, Jan Tinbergen. Como se interesó por la teoría económica marxista, brevemente se afilió al PC y en 1954 fue represaliado por McCarthy en su “caza de brujas”. Klein pasó de Michigan a Oxford y allí estuvo cuatro años. Asesoró a varios presidentes de EE UU (entre ellos, Carter) y a los dirigentes chinos posteriores a Mao. Volvió a la Universidad (Pensilvania), donde se jubiló hace ya 20 años.
Lawrence Klein está ligado a una de mis “posibles vidas” (la real, la del talento, el liderazgo y el coaching, la posible de “inversiones extranjeras en España”, para la que me fichó Arthur Andersen en los 80, y la de predicción económica) por el Instituto Universitario L. R. Klein de la Universidad Autónoma de Madrid (donde estudié de 1982 a 1987), que dirigió Antonio Pulido San Román. Habría ido a Wharton, a la Universidad de Pensilvania, a trabajar con el equipo de Klein y hoy mi vida sería muy distinta. Es curioso cómo determinadas decisiones te pueden afectar drásticamente.
He estado leyendo Cuando los físicos asaltaron los mercados, de James Weatherhall. En castellano, se subtitula El fracaso de querer predecir lo impredecible. En inglés el libro se llama The Physics of Wall Street. A brief history of predicting the unpredictable (de fracaso, nada). De hecho, el autor comienza contándonos el caso de Jim Simons, el mejor gestor de fondos del mundo (mejor que Soros y que Warren Buffet), físico que creó un fondo, Medallion, en 1988. En 10 años ha obtenido un rendimiento del 2.500% (el de Soros, 1.700%). Medallion pertenece a Renaissance, considerado “el mejor departamento de física del mundo”; lo forman doctorados en física, matemáticas y estadística, pero no en finanzas. Simons tiene una fortuna personal de 10.600 M $. En 2008, el Medallion Fund creció un 80%, “mientras el mundo se derrumbaba a su alrededor” (Berkshire Hathaway, por ejemplo, afrontó las mayores pérdidas de su historia).
Este relato de la participación de los físicos en Wall Street nos lleva al París del fin de siglo XIX, a Las Vegas y el Rat Pack, al Pentágono y las comunas hippies… Fascinante. La tesis (probada) es que los modelos (en este caso, predictivos) se hunden varias determinadas circunstancias, como que algunos físicos perdieron su esencia y utilizaron sofisticados modelos financieros sin conocer su uso ni su finalidad (si has visto la peli Margin Call, esto te sonará respecto a Lehman Brothers).
Un texto muy interesante. A partir de “big data”, y con conocimientos adecuados, podemos predecir lo que va a pasar (la física del caos nos enseña que no sabemos exactamente cuándo ocurrirá, pero que hay un “atractor extraño”). Mi agradecimiento a James Weatherhall, que nos abre los ojos respecto a lo que ha pasado y está pasando.