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viernes, 29 de noviembre de 2013

Ambiciones, reflexiones y coaching. Qué podríamos aprender de Belén Esteban


AVE Madrid-Málaga a primerísima hora de la mañana, para impartir clase en el Programa de Coaching Ejecutivo y Deportivo de la Universidad de Málaga. Mi agradecimiento a  Raquel, Ana María y el resto del equipo de organizadores, por esta nueva edición de un Programa de Formación de tanto éxito.
Sí, he leído Ambiciones y reflexiones, de Belén Esteban. Me interesa por qué “la princesa del pueblo” tiene en apenas dos días tres ediciones, todo un éxito. Es la maquinaria de la televisión, especialmente de Telecinco, pero debe haber algo más.
Como explica Boris Izaguirre en el prólogo, “Belén Esteban lleva más de quince años atrapando la atención del espectador. Y España es uno de los países con mayor porcentaje de consumo televisivo”. Esta obra es fruto de conversaciones entre el venezolano y la ex de Jesulín de Ubrique, durante la primavera y el verano de 2013 en el Hotel Wellington, hotel de toreros (a un servidor es un establecimiento que le trae muy gratos recuerdos, cuando Alfonso Jiménez era el DG de la empresa propietaria). El libro está bien escrito (en 25 capítulos). No obstante, Boris Izaguirre es guionista y escritor (publicó su primera novela a los 26 años, hace 22; ha escrito una decena de obras, entre ellas Villa Diamante, finalista del Premio Planeta 2007, y varios ensayos).
Un ejemplo del estilo del libro es el inicio del capítulo 15º, dedicado a Fran: “Hay amores que ciegan y amores que matan. Amores tranquilos y amores tormentosos. Amores que dan y amores que quitan. Yo siempre he buscado en mi vida el amor con mayúsculas, querer y que me quieran. Acurrucarme en los brazos de un hombre para que me susurre palabras de amor al oído. Que me cuide, me mime, me proteja. Tampoco es mucho pedir, ¿no? Después de todo, cuando yo amo me entrego al cien por cien.”
¿Qué tiene de especial Belén Esteban? ¿Qué podemos aprender de ella como “marca”? Al hilo de su historia, de sus reflexiones y de lo que nos cuenta Boris Izaguirre en el prólogo, podemos ad-mirar (aprender a través de un relato como éste) aspectos como:
-       El nombre: “la princesa del pueblo”. Es del pueblo, de San Blas (barrio humilde de Madrid), y por eso se identifican con ella la mayor parte de las televidentes que consumen más de cinco horas diarias de televisión (Sálvame dura 4’5 horas).
-       El relato: pareja de un famoso torero, vive en la finca de su marido (“Ambiciones”, un Falcon Crest con toros, explica la Esteban), es expulsada junto con su hija Andrea por los padres de él y cuenta su vivencia por los platós. “Ante las puertas cerradas de Ambiciones, estaba naciendo una nueva Scarlett O’Hara, auténtica, española, completamente real”, cuenta su prologuista venezolano.
-       El personaje: claro, directo, llano, pensado, brutal. La fortuna es de l@s valientes. Y además, tiene “otro instinto infalible, que es saber con quién está hablando”.
-       El lema: “¡Arriba la Esteban!”. La supervivencia como instinto y convicción. Belén Esteban es “la mujer que tiene que enfrentarse sola a un mundo empeñado en ser adverso”.
-       10.000 horas. Belén Esteban lleva 15 años en la televisión (con Ana Rosa Quintana, con Jorge Javier Vázquez).
-       El ave fénix: “El rostro, los gestos, las expresiones, el ingenio, la picaresca y, desde luego, su voz, es como la del ave fénix, el ave mitológico que en ella se convierte en realidad”, escribe Boris.
-       La importancia de su representante, Toño, que es “su sombra”, como ella misma dice. Es quien la pone en valor.
Que Belén Esteban es una marca televisiva como pocas es indudable, nos guste o no el perfil que nos muestra. Podemos aprender bastante, por sorprendente que resulte, de un fenómeno mediático de esta envergadura.