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sábado, 14 de septiembre de 2013

Richard Branson, el emprendedor que perdió la virginidad


Vuelo de ayer Madrid-Caracas 6673 con Iberia. Se dio la circunstancia de que el sistema de vídeo se estropeó (en cualquier caso, las películas previstas –El Gan Gatsby, Monsters University y Benjamin Button- ya las he visto y comentado en este blog, por cierto); como he tenido de “vecino” a Fernando, un ingeniero sevillano que trabaja en esta zona del Caribe (Venezuela, Cuba, etc), ha sido un vuelo muy agradable. Mi agradecimiento a él y a toda la tripulación, que hicieron todo lo posible porque el viaje fuera grato. Ya en Maiquetía, en el aeropuerto de Caracas, me recibió mi gran amigo Nelson Ríos, presidente de Congresis, los especialistas internacionales en Desarrollo Gerencial.
Hoy, desayuno con los medios (Meridiano, Nacional, El Universal, El Mundo, Emprendedores) por la mañana y cena en la residencia del Dr. José Miguel Torres Viera en Caurimare.
La principal lectura de ayer fue el libro Perdiendo la virginidad, subtitulado Cómo he sobrevivido, me he divertido y he ganado dinero haciendo negocios a mi manera, de Richard Branson, fundador del grupo Virgin.
Había leído este libro en su versión original hace más de una década, pero me ha alegrado adentrarme en esta edición actualizada, de 627 páginas.
Primero, por su prólogo, de otro gran emprendedor, Xavier Gabriel (La bruixa d’Or). En él, Xavier reconoce que aunque pensaba que nunca encontraría a un verdadero ídolo, cuenta con dos: Albert Einstein y Richard Branson. Un hombre que, según la observado, siempre ríe (“A Branson, la sonrisa lo llena de sinceridad, felicidad, amabilidad, delicadeza, simpatía, sencillez, honestidad, confianza y alegría”). Sí, Einstein no sonríe (debe ser “una sonrisa interior”, dice Xavier Gabriel) y Branson lo hace todo el tiempo. La sonrisa de Branson es al Talentismo lo que la sonrisa de la Gioconda fue al Capitalismo.
“Cuando conocí a Richard Branson, me sentí como si estuviera en el espacio; es decir, una gran sensación de libertad, de éxito, de ilusión y de visión de futuro… todo orientado a conseguir lo imposible”. Tanto Branson como Xavier Gabriel creen y experimentan que “nada es imposible” (esa es su clave como emprendedores, como grandes marcas profesionales). La recomendación final del prologuista es la siguiente: “Así pues, cuando llegues del trabajo a tu casa, disfruta de los tuyos; y, a la mañana siguiente, cuando salgas de casa, que sea ya sonriendo. De esta manera contagiarás a tus vecinos con el optimismo de tu alegría y llegarás al trabajo dispuesto a solucionar los problemas cotidianos con una sonrisa. Verás que merecerásasí el aplauso de tus empleados o compañeros, tus clientes y tus amigos (como afortunadamente es mi caso), a quienes tengo el honor de dedicarles también estas palabras”. Gracias a ti, Xavier, por este estupendo prólogo. El prólogo ya justifica contar con este libro.
Branson divide su autobiografía (primorosamente escrita, con la sana ambición y la convicción de un emprendedor) en 33 capítulos, desde su infancia, de 1950 a 1963 (en “una familia cuyos miembros habrían matado unos por otros”), su internado en Stowe (el director del colegio le dijo: “Una de dos, o irás a la cárcel o serás millonario”), su primera empresa (la revista Student), la venta de discos por correo (“nos llamaremos Virgin porque somos completamente vírgenes en los negocios”), las tiendas (Virgin Records), la producción musical (Mike Oldfield, Sex Pistols, Culture Club, The Human League, Phil Collins, Janet Jackson), las dificultades en 1980, “el éxito puede llegar sin avisar” (1980-82), Virgin Books, Virgin Atlantic (y la lucha contra BA), la preparación para el salto (1989-90), Virgin Cola, Virgin Money, Virgin Rail, Virgin Active, Virgin Galactic… e iniciativas como Los Mayores (The Elder), con Nelson Mandela, Carter y Desmond Tutu. “A pesar de dar trabajo a alrededor de 40.000 personas, Virgin no es un gran grupo, sino una gran marca con muchas empresas pequeñas detrás”. “Me parece de sentido común que, si cuentas con un equipo de personas felices y motivadas, tienes muchas más probabilidades de tener a clientes felices. Y, en su debido momento, los beneficios resultantes harán felices a tus accionistas”. Richard Branson no oculta temas personales, como cuando se enamoró de su futura esposa, Joan Templeman (su actual mujer), que estaba casada con un productor musical. “Normalmente, me formo una opinión sobre las personas en los primeros treinta segundos después de conocerlas, pero de Joan me enamoré casi desde el primer momento en que la vi”.
Creo que para ser un/a emprendedor/a de verdad, hay que utilizar buenos modelos. Y el de Sir Richard Branson es sin duda uno de los mejores. Su sentido de la marca, si trabajo como “marca profesional” (Branson está indisolublemente asociado a Virgin), la diversidad de sus líneas de negocio, la protección de su reputación… nos enseñan mucho.
Larga vida a los grandes como Branson y a las personas que emprenden su propia vida.