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martes, 17 de septiembre de 2013

Manual para los guerreros del Meme


Ayer disfruté mucho tanto de la larga entrevista que me realizó la escritora y periodista María de los Ángeles Octavio (me he comprado el libro De qué va el cuento, una antología con 40 escritores venezolanos, entre ellos María, y pienso leerlo en este viaje), del almuerzo-conferencia sobre Ser un Equipo con el ejemplo de “La Roja”, nuestra selección, ante el equipo de dirección de marketing de Sodexo y en CAVESPA (Cámara Venezolano Española) ante los principales ejecutivos de las empresas de nuestro país y la embajada de España, sobre “El talento español que admira el mundo” y cómo cultivarlo (la metáfora del azafrán que empleamos la Dra. Leonor Gallardo y un servidor en Messi, Falcao y Cristiano Ronaldo), con los casos de éxito de nuestros compatriotas Iker Cassillas, Andrés Iniesta y David Villa. Hoy, reuniones con diversas empresas (y celebración del 63º cumpleaños de Nelson Ríos, mi “hermano venezolano”) y mañana, mi participación en el III Ciclo de Liderazgo Gerencial, con un taller de 8 de la mañana a 5 de la tarde.
He estado leyendo Memecracia. Los virales que nos gobiernan, de la periodista Delia Rodríguez (redactora jefe de El Huffington Post). “¿Por qué nos seducían los discursos de Steve Jobs?, ¿de dónde salen los montajes del Cristo de Borja?, ¿por qué triunfó el Gangnam Style?, ¿cómo se eligieron los iconos del 15-M?, ¿cómo manipula Obama nuestras emociones?”. Todo ello se explica, escribe Delia, desde la Memecracia, los virus mentales que dominan nuestra mente.
La autora nos dice en la introducción que el periodismo se ha convertido en “una industria contaminante que lanza vertidos a la sociedad” y por eso la profesión es la segunda peor valorada en España. ¿Qué son los memes? Ideas que saltan de mente en mente. La palabra la inventó, ya sabes, el zoólogo Richard Dawkins en su libro El gen egoísta (1976). Los memes son a la cultura lo que los genes a la naturaleza, en cuanto material genético. Los memes son material de imitación; no necesitan de verdad, de bondad, ni de belleza necesariamente. Lo que deben hacer es difundir, contagiar, para sobrevivir. Cada complejo de memes adaptado es un “memeplex” (Susan Blackmore, 2000). Es memeoide (término acuñado por el ingeniero Keith Henson) la persona cuyo comportamiento está totalmente dirigido por los memes. “La única manera de aprender y crecer es cambiar nuestro sistema de creencias, cambiar nuestra programación memética”.
Estamos en “la lucha por la atención”. Ejemplos: la película catalana El sexo de los ángeles: 6.000 espectadores en los cines españoles, 400 M de descargas en China. Una especie de jungla mediática en la que “una buena historia lo es todo”. Desde Homero a Steve Jobs, las buenas historias mantienen una serie de constantes: estructura (planteamiento, acción creciente, clímax, desarrollo y desenlace), arquetipos (Jung) y temas (Joseph Campbell, Las mil caras del héroe). Somos lo que (nos) contamos. “Programa o sé programad@” (Douglas Rushkoff. Delia cita al Dr. Paul Zak y sus estudios sobre la oxitocina, para revelar que es imposible no compartir (“la emocionalidad se multiplica”).
Y de ahí al poder del grupo (del equipo, me permito añadir, cuando hay una “visión compartida”). Partiendo de los “seis grados de separación” de Stanley Milgram al número de Dunbar (150). Facebook intenta ampliar ese “número mágico” con “lazos fuertes” y “lazos débiles”. ¿Cuál es el factor para que algo se viralice hasta la extenuación (Cincuenta sombras de Grey, por ejemplo)? “Una vez sembrado un meme, su comportamiento es imprevisible, y parece que lo será siempre”. Es la física del caos.
En 2000 se publicaron Liberando los ideavirus de Seth Godin y The tipping point de Malcolm Gladwell. Conceptos similares desde Nueva York y California que nos hablan de: 1) la idea pegadiza (Delia cita también a Chip y Dan Heath, con sus ideas que pegan: con valor social, disparadores, público y valor práctico), 2) los influyentes (disparadores de tendencias). Atención al libro The inluentials (2003) de Ed Keller y John Berry, en el que señalan cinco claves: activismo, conexiones, impacto, mentes activas y capacidad para generar tendencias. El libro incluye un checklist (muy práctico) de lo que debe tener tu meme para triunfar (26 items).
La segunda parte del libro se refiere a la Memecracia. Internet lo ha cambiado todo, porque “es como el alcohol” (Esther Dyson). La única forma de acabar con un meme es acabar con su portador, aunque no es tan sencillo (se denomina “efecto Streisand”, por la cantante Barbra Streisand, que denunció a una web por publicar una foto aérea de su mansión y consiguió que se propagara aún más). Estamos en “sobrecarga de información” (sonidos, textos, imágenes, vídeos, gifs animados, webs), con comunidades donde nacen los memes.
“Somos groupies de la información que nos excita” (Delia pone el ejemplo de Alberto Casillas y el 25-S), de modo que los memécratas lo aprovechan en la política (como casos de éxito, Esperanza Aguirre o el presidente Obama) o en la empresa (Mercadona), en la moda, en la publicidad… Desde el Ecce Homo de Borja a PSY y su Gangnam Style, pasando por los vídeos y fotos de gatitos.
Guerreros de la mente: un concepto poderoso. El término se acuñó en las páginas de Adbusters en 2000. La nueva revolución es una “guerra de guerrillas” de la información (Marshall McLuhan). “El futuro del activismo es el futuro del meme y sus guerreros”.
“Quod me nutrit, me destruit” (Lo que me alimenta me destruye), dice un tatuaje de Angelina Jolie. En la red, parece que tod@s somos iguales, “pero también aquí unos son más iguales que otros”. “Un famoso es una persona con grandes ingresos de atención” (Bernardo Huberman, HP). Es el “deseo mimético”. Si te conviertes en víctima del meme a tu pesar, Delia nos propone 9 ingeniosas técnicas: la técnica Bisbal (empeorarlo), la Calamaro (desaparecer), la Báñez (culpar a otro), la Álex de la Iglesia (crear una historia de redención), la Alejandro Sanz (invocar una motivación más elevada), la Pérez Reverte (entregarse a la polémica), la Gerard Piqué (aprovecharla para su imagen), la Paula Vázquez (fines económicos) y la Rajoy (no inmutarse). Toda una tipología.
Delia Rodríguez considera que “los periodistas nos estamos cargando el periodismo”, que está a la deriva de la meme. En España, entre 2008 y 2013 han cerrado 70 medios y se ha despedido a más de 10.000 periodistas. “Lo interesante de una crisis es que en realidad produce un tiempo de serenidad” (David Allen). La clave, nos dice Delia, es enfocarse y fluir (no puedo estar más de acuerdo con esa “sensación de fluidez”) para realizar ese “agotamiento del ego”. Como colofón, la autora nos regala un decálogo para guerreros del meme, que parte de la libertad (los memes se eligen), de la responsabilidad (sintonizar con los positivos, simplificar) y de la generosidad (no existe separación entre cuerpo y mente). “Vivir es atender lo que decide un@, no los demás”.
Gran libro. No sé si lo habría leído si no me lo hubiera recomendado (y regalado) mi amigo Roger. No cometas el mismo error que yo. Cómpralo, léelo y estúdialo. Sirve para mucho.
Mi gratitud a Delia y a l@s periodistas auténtic@s, que aman la verdad, la bondad y la belleza y trabajan por ellas, activistas que luchan porque este mundo sea un sitio mejor.