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lunes, 23 de septiembre de 2013

La herencia de Chávez


Ya de nuevo en España, después de 10 días muy intensos en Venezuela: desayuno de prensa y entrevistas con distintos medios de prensa, radio y televisión, dos cenas de gala (en casa del Dr. José Miguel Torres y con motivo del 65º aniversario de la Sociedad Anticancerosa de Venezuela), seis conferencias a sendas empresas e instituciones (CAVESPA, Sodexo, Banco Mercantil, Polar, Banco Exterior, PwC) y el Ciclo de Liderazgo Gerencial de toda una jornada, para descansar día y medio en playa Grande. Mi más absoluto agradecimiento a Nelson, Myrna, Morelba, Rosario, Daniela, María Corina y sus familias, a la señora Tere, a José, Natalia, Elizabeth y Sergio, Miren, Raúl, Pedro, Luis y sus equipos  y al más de un millar de venezolanos que he tenido la oportunidad de tratar directamente esta semana pasada. ¡Súper chévere!
La otra cara de la moneda fueron los cuatro controles a los que me sometieron en Maiquetía y que, aún así, me dejaran la maleta en Caracas. Menos mal que los profesionales de Iberia son extraordinariamente amables y me han asegurado que mañana la maleta estará en España.
Para tratar de entender lo que le ocurre a este maravilloso país, he estado leyendo Venezuela, ¿nación o tribu? La herencia de Chávez, de Miguel Ángel Perera. El Dr. Perera, que es uno de los grandes antropólogos venezolanos (dirigió el Instituto Caribe), se atreve a “hurgar en los mecanismos de la llamada identidad nacional”. Fascinante. Y dedica el texto “a los que se van o se han ido”.
En el prólogo, el autor se pregunta respecto a Chávez: “¿cómo es que después de 12 años de gobierno todavía no se le ha revocado el mandato mediante los mecanismos constitucionales vigentes, si pensamos que Carlos Andrés Pérez fuer destituido por el Congreso Nacional por cometer delitos de corrupción y peculado insignificantes al lado de los que son denunciados periódicamente bajo la gestión del comandante presidente? ¿Qué determina la obscena obsecuencia de ministros, militares y parlamentarios de la actual Asamblea Nacional?”. Y concluye: “La tribalización de ese espacio geográfico llamado Venezuela, con sus singularidades culturales y económicas, puede extraviarnos del camino a seguir para ser un país, una república en el sentido de la racionalidad política y de la convivencia civil, sumiéndonos en la maraña onírica y complaciente de los mitos arquetipales; en las fábulas de sus gestas fundacionales y en otras quimeras más recientes”.
Venezuela es una colección de mitos, explica Perera, el más importante de los cuales es Simón Bolívar. Hay un mito en la guerra de la independencia, en la patria-nación y en la venezonalidad (que oscila entre la nostalgia y la utopía). “Sigue privando en una aplastante mayoría de los venezolanos el mito del país inmensamente rico predestinado por la naturaleza a asegurar a todos sus habitantes el mayor bienestar material”.
El culto al héroe (Bolívar) fundamenta la organización social, y eso ha llevado a la “mitificación santurrona” del Libertador. Hay un Bolívar marxista, un Bolívar fascista, un Bolívar cristiano, un Bolívar pagano, un Bolívar mestizo.
Hugo Chávez Frías ha llevado su régimen al “delirio bolivariano”, con un culto a Bolívar mezclado con santería. Chávez emergió de la explosión de su fallida asonada en medio de una profunda crisis social y de legitimidad de las instituciones y los partidos de la cuarta república. Se considera heredero directo de la lucha armada de los 60 y 70, su revolución nació con el “Caracazo” (1989) y el 4 F de 1992, y como prestidigitador de la palabra (“en un orden político basado en la dominación carismática la palabra sostiene para sus adeptos tanto la nueva historia como su futuro), ganó las elecciones y cuando se borró la oposición, se hizo cargo de todo el régimen.
Luces y sombras. “Con Chávez los sectores populares más desposeídos han alcanzado un protagonismo que sobrepasa el ofrecido por los partidos políticos tradicionales”. Las misiones (20.000 profesionales cubanos merced al Convenio de 2003-2004) tienen como función la adhesión popular al régimen. Pero “llamado a ser anticapitalista, el chavismo, procurando desarrollar una economía socialista desde el rentismo estatal, ha profundizado la consolidación del viejo capitalismo de Estado como ningún otro gobierno”. Un sistema que aspira proyectarse al siglo XXI, anclado en el XIX.
“El chavismo no pasará de ser otro fiasco histórico, una revolución con pies de barro, en un país altamente lluvioso, que se sostuvo con mitos frágiles y de reciente factura como el guaicapurismo, la negritud rebelde, el espíritu “socialista” de Bolívar, el “Caracazo” y los fallidos golpes de Estado de 1992, que como movimientos insurrecionales no reflejaron otra cosa que la descomposición y crisis de legitimidad circunstancial de la democracia y de sus instituciones”.
Perera dedica el último tercio del libro a “la tribu que somos”. El parejismo o igualitarismo nacional, el estado y el rencor como bases de la in-convivencia nacional, la república como proyecto sin terminar, el omnipresente petróleo (descubierto en 1914, 12 años después superaba a todos los demás productos de exportación), el caudillismo y la tutela militar… En la Venezuela tribal, la tribalización es el alcance y propósito de la revolución.
Muy interesante la perspectiva que nos ofrece esta Herencia de Chávez. Gracias, profesor Perera, por ofrecernos esta visión del pasado, presente (¿y futuro?) de Venezuela.