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lunes, 12 de agosto de 2013

9 lecciones de Los Miserables: Lucha. Sueña. Desea. Ama


Lunes con los medios de comunicación. A las 9 he participado en el programa de radio Café y Fútbol, para hablar de nuestros libros (de la Dra. Gallardo y un servidor), y especialmente de la trilogía de “La Roja”, a dos días del partido en Guayaquil entre Ecuador y España. También he estado en Tele Amazonas y atendiendo a periodistas de diversos medios. Me agrada comprobar que se reconoce el liderazgo de nuestra selección y que podemos aprender mucho de ella.
Tenía pendiente leer Los Miserables, y por eso me he traído esta voluminosa obra (más de 700 páginas) que explica como pocas la naturaleza humana. La historia, ya sabes, de Jean Valjean, que después de 19 años en prisión logra “reinventarse” y convertirse en empresario y alcalde. Modestamente, creo que Los Miserables nos enseña valiosas lecciones como éstas:
- Siempre somos capaces de rehacer nuestra vida, si nos enfocamos hacia la fe (en el futuro, en nuestras capacidades, en la gente que nos quiere) y no en el miedo y en la humillación. Todos merecemos una segunda oportunidad para reinventarnos y aprender de nuestros errores. "Nada importa morir, pero no vivir es horrible."
- El poder del contexto, del entorno. “Es el presidio el que hace al presidiario”, "Ser un presidiario; es decir, el ser que en la escala social carece hasta de sitio. Después del último de los hombres está el presidiario."
- Es el ejemplo (el de Monsieur Charles Bienvenu, que perdona y ayuda a Jean Valjean tras haberle robado unos cubiertos de plata) el que inspira a cambiar. Es lo que haces, no lo que dices. "No hay mejor carcelero que uno mismo."
- Debemos sentir quiénes somos (en la versión musical, Jean Valjean canta Quién soy) y cómo podemos completar nuestra existencia. Nuestra propia identidad genera nuestra marca, nuestra huella. "En tiempo de revolución, la miseria es a la vez causa y efecto.", "Los que padecéis porque amáis, amad más aún. Morir de amor es vivir.", "En cierto grado de miseria se apodera del alma una especie de indiferencia espectral y se ve a los seres como a ánimas en pena."
- Valores como la generosidad, la honestidad, la solidaridad son esenciales (Jean Valjean, ya como Monsieur Madeleine, decide dar parte de sus ganancias a los pobres y es nombrado alcalde de la ciudad). El odio, por el contrario, no lleva a ninguna parte. "Llamar caballero a un presidiario, es dar un vaso de agua a un náufrago de la Medusa. La ignominia está sedienta de consideración."
- Aunque el pasado te persiga (Javert, en el caso de Jean Valjean), no debemos obsesionarnos con él sino mirar adelante. “En vano tallamos lo mejor posible ese tronco misterioso que es nuestra vida; la veta negra del destino aparecerá siempre."
- Es esencial luchar por un ideal, por quijotesco que parezca. La alternativa del inmovilismo siempre resulta peor. "Nada mejor que el sueño para engendrar el porvenir. La utopía de hoy es carne y hueso mañana."
- La vida acaba devolviéndote lo que le has dado (lo que los hindúes llaman “karma”). Los actos siempre conllevan consecuencias. "La probidad, la sinceridad, el candor, la convicción, la idea del deber son cosas que en caso de error pueden ser repugnantes; pero, aún repugnantes, son grandes; su majestad, propia de la conciencia humana, subsiste en el horror; son virtudes que tienen un vicio, el error. La despiadada y honrada dicha de un fanático en medio de la atrocidad conserva algún resplandor lúgubre, pero respetable. Es indudable que Javert, en su felicidad, era digno de lástima, como todo ignorante que triunfa."
- El corazón siempre triunfa sobre la mente. Es el caso de Cossette, la hija adoptada por Jean Valjean, y Mario, que superan todas las dificultades. "Es una extraña pretensión del hombre querer que el amor conduzca a alguna parte.", "La dicha suprema de la vida es la convicción de que somos amados, amados por nosotros mismos; mejor dicho amados a pesar de nosotros.”
Como suele presentarse en su versión musical, Los Miserables puede resumirse en cuatro verbos, en cuatro imperativos: Lucha. Sueña. Desea. Ama. "Amaos mucho, siempre. En el mundo casi no hay nada más importante que amar.", escribe Víctor Hugo en su magna obra.
Aunque Los Miserables es una de las mejores novelas de todos los tiempos, tal vez la música y la poesía expliquen mejor las emociones que la ficción literaria. No por causalidad, el sábado me encontré en un mural el siguiente poema de Mario Benedetti, Táctica y Estrategia.

Mi táctica es
mirarte
aprender como sos
quererte como sos

mi táctica es
hablarte
y escucharte
construir con palabras
un puente indestructible

mi táctica es
quedarme en tu recuerdo
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
pero quedarme en vos

mi táctica es
ser franco
y saber que sos franca
y que no nos vendamos
simulacros
para que entre los dos
no haya telón
ni abismos

mi estrategia es
en cambio
más profunda y más
simple

mi estrategia es
que un día cualquiera
no sé cómo ni sé
con qué pretexto
por fin me necesites.