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viernes, 12 de julio de 2013

Talento y Liderazgo, en el ejemplo de Conche García Campoy


Hoy viernes he participado en el Curso “Mujer y Liderazgo” de Aliter Business School en Madrid. Se trata del curso con más ediciones de este tema en España.
Durante tres horas, hemos estado trabajando “Talento, Liderazgo y Calidad Directiva”, partiendo del ejemplo de la gran Concha García Campoy, que tan recientemente nos ha dejado.
Fue la coachtriz Carmen Santamaría (La hora de José Mota) la que en su página de Facebook me abrió los ojos sobre el artículo “Confesiones de un currito a las órdenes de una curranta: la Campoy” de Miguel Rabaneda. Todo un reconocimiento a una buena líder por parte de un colaborador. Lo hemos utilizado como “método del caso”.
El artículo de Miguel, que puedes leer en el blog www.contalentotv.com, comienza así: “Acababa de firmar el mejor contrato que había tenido nunca cuando me llamó ella. Fue clara, sabía lo que quería ¿A mí? Ay mi mare…

Me dijo lo que cualquier profesional quiere escuchar: “he visto tu trabajo y quisiera tenerte en mi equipo haciendo lo que más te gusta” Ya. Esto ya lo había oído antes. Pero va ella y lo cumple. Y así podría decir que fue como trabajé tres años como reportero de Las mañanas de Cuatro a las órdenes de la jefa.  Pero es falso.”
Y entonces Miguel Rabaneda pasa a relatar lo que él llama “las tres mentiras”:
“Primera mentira. ¿Concha jefa? ¡era la antidirectora de este mundillo!: venía con los deberes hechos y escuchaba al equipo. Guau. Pues no busquen en la televisión actual, se extinguió con la Campoy.
Segunda mentira. ¿A las órdenes? Nunca me ordenó nada… salvo alguna cosa, como aquel día antes del primer programa: “Miguel, cuando estés en plató conmigo, si te tienes que meter con mi pelo o lo grandes que son mis zapatos, no te cortes”. Yo soy un mandao… así que, confieso que no sólo me reí en directo de sus tacones del 42 - era grande por donde la miraras - también le canté, le bailé y le saqué hasta  los colores. Que lo suyo fuera informar con rigor, no quita que fuera igualmente rigurosa para reírse cada día de si misma. Y lo practicaba a diario.
Tercera mentira. No fueron tres años, para mí que fue una luna de miel de quince días, porque los pasé aprendiendo, respaldado, enamorado de una mujer humilde que vibraba con su profesión y lo contagiaba.”
Y añade cualidades como la serenidad y el respeto al equipo: “Y es que debo confesar que Concha hacía televisión con la aparente relajación con la que conducía sus programas de radio, pero con focos, trajes prestados, maquipelus y demás artificios propios de la tele.  Ahora bien, pregunta para las gentes del medio ¿Quién cojones se hace respetar y querer por todos y cada uno de los curritos que crean un magazine de televisión? Nadie. Nadie,  salvo alguna moza a la que le da por respetar al equipo: leyendo el trabajo de los guionistas, siguiendo las pautas de los técnicos, delegando protagonismo en los enviados a pie de calle, valorando el trabajo en la sombra de producción, redacción y editores; y además, entrando a los despachos, cuchillo en boca, para salvar hasta el último puesto de trabajo, poniendo el suyo por delante. Y aquí, también confieso que sé de que hablo.”
El autor concluye: “Decenas de compañeros de la Campoy hemos estado conspirando durante su enfermedad - con sus tres manos amigas al frente, Inés, María Jesús y Juanra - para que este día no llegara nunca. Por su forma de ser y de afrontar la vida, nadie se lo esperaba. Pero fiel a sus principios,  La Campoy ha sido curranta hasta el final, lucha que te lucha, irradiando positividad y energía cuando eras tú el que debías animarla a ella. Al menos es lo que me ocurrió cuando la acompañé en directo en su última reaparición. Aunque ya puestos a sincerarnos, tenía sus defectos también, como salir de fiesta con el equipo, darlo todo y retirarse a la francesa. Vaya. En mi última conversación prometió celebrarlo y me temo que nos la ha vuelto a hacer. Sabremos perdonárselo ¿no, amigos?”.
Miguel Rabaneda, como colaborador de Concha García Campoy, reconoce en su jefa cualidades como Preparación, Escuchar al equipo, Orientar (en lugar de mandar), Respaldar, Capacitar (la líder-coach), la Humildad, el Entusiasmo, el Reconocimiento, la Delegación y (muy importante en los tiempos que corren) la firme voluntad de salvar el empleo de su gente.
Admirar a una líder como Concha significa poner en práctica aquello en lo que ella destacaba. Esas características de liderazgo que la hacían especial.
Ya sabes, el liderazgo es un talento para influir decisivamente en los demás (en el caso de la Campoy, como una gran voz radiofónica y una imagen televisiva).
El Liderazgo es clave para atraer talento (lo hemos visto en el caso de Miguel Rabaneda), para fidelizarlo, para desarrollarlo y para crear un clima de alto rendimiento. En un 70%, responsabilidad de quien dirige el equipo.
Desgraciadamente, hay pocas “Conchas” y mucho jefe tóxico a nuestro alrededor (y especialmente en los medios de comunicación, como en las universidades y en los partidos políticos, refugios de “inteligencia fracasada”). Por eso, iniciativas como la de “Mujer y Liderazgo” de Aliter con tan valiosas. Gracias, Martín, Marta y a todo el equipo por contar conmigo para estar ahí.