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viernes, 26 de julio de 2013

El manifiesto del matrimonio y l@s líderes límbic@s


Curioso este último fin de semana de julio, en el que doy clase en ESIC esta tarde de viernes y mañana por la mañana (estoy encantado de compartir reflexiones sobre Liderazgo Innovador con los alumnos del GESCO, el programa de Gestión Comercial y Marketing de larguísima tradición en la casa). El Liderazgo está cambiando a toda velocidad; la importancia de tener talento comercial y de marketing está creciendo aún más, sin duda.
Susan K. Perry, autora de Loving in Flow, ha publicado en Psychology Today “El Manifiesto del Matrimonio: más allá del toma y daca”. Un artículo muy interesante.
La tesis de Susan Perry es que la “regla de oro” (haz a los demás lo que te gustaría que te hicieran a ti) no sirve para las parejas. Es mejor, opina ella (y lo tiene bien investigado) el “manifiesto del amor de pareja”: “de cada un@ según su capacidad, a cada un@ según su necesidad”. El toma-y-daca, el “ráscame la espalda, que luego yo te la rasco a ti”, la orientación al intercambio, no genera parejas felices.
Pensar en la otra persona, en lo que le satisfaría, puede no ser lo más adecuado al tomar una decisión. Solo cuando tú estás feliz puedes hacer feliz a la otra persona. Lo que puede considerarse “justo” podría dar al traste con todo.
Prometo leer Loving in Flow y ya te contaré.
Por otro lado, mi buen amigo Carlos Herreros de las Cuevas (presidente de honor de AECOP, presidente de Santander Coach y decano honorífico de la Santander Business School) ha escrito sobre Líderes Límbicos con una tesis sumamente valiosa: “La capacidad de identificar y de aclarar los disgustos míos y los de los demás es la clave más significativa para incrementar la productividad en nuestra economía”. Una tesis que comparto y que está en línea con las investigaciones de Bárbara Fredrickson sobre el poder de la positividad: la productividad aumenta cuando el ratio de emociones positvas/negativas aumenta (entre 3 a 1, fidelización de talento, hasta 11-13 a 1).


Carlos Herreros cita a Dwight Frint que suele plantear a sus clientes, líderes ejecutivos, esta pregunta: ¿A qué hora podrías volver a casa si todos en tu empresa vinieran a ella sencillamente a trabajar, hacer sus tareas y salir del trabajo?
La respuesta en general es sorprendente: “Entre las 10,30 y las 11 de la mañana”. Entonces, ¿qué ocurre? ¿A qué dedican ese tiempo –tantísimo tiempo- que pierden? Ellos mismos responden: a la angustia, a los disgustos, al malestar (¿a las emociones negativas, podríamos decir?). Las líderes dedican la mayor parte del tiempo a gestionar la angustia y el sufrimiento, esas reacciones impulsivas y emotivas que dificultan tener un productivo y reflexivo. Reacciones que van de una frustración ligera a una ira incontrolada pasando por la vergüenza, la pena, la tristeza, la impaciencia, la agitación, la preocupación y sobre todo el miedo. 

El concepto de líderes límbic@s es útil porque, como nos cuenta Carlos, “el sistema límbico del cerebro está asociado a la emoción y a la memoria. Dentro de él están las amígdalas, dos racimos de neuronas con la forma de almendra y cuya responsabilidad primaria es vigilar los peligros que pueden acecharnos y avisarnos de amenazas inminentes. Un “secuestro límbico” se produce cuando se activan las amígdalas produciendo sensaciones físicas de sufrimiento, manos sudorosas, tensión en los hombros, etc.; a medida que aumenta la intensidad del sufrimiento, disminuyen nuestras capacidades racionales cognitivas”.
Líderes límbic@s, que educan (a través del liderazgo capacitador, del líder-coach) a su gente a ser más productiva reduciendo las emociones negativas y elevando las positivas. Personas que tratan a la gente que quieren (empezando por sus parejas) no como les gustaría que les tratasen (cada persona es diferente), sino en función de su capacidad (siempre siendo feliz) y de las necesidades de la otra persona.
Gracias, Carlos y Susan, por estas lecciones. Y a tod@s las que las practicáis.