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jueves, 20 de junio de 2013

¿Es esto una reforma de la Administración?


Lo dijo el economista Daniel Lacalle, autor de Nosotros, los mercados, al concluir la entrevista de Susanna Griso en Espejo Público: “Se está destruyendo el estado del bienestar para mantener el bienestar del Estado”.
Tanto el gobierno anterior como el actual se han negado a reformar la administración. Y, dada la presión social, ayer el presidente Rajoy presentó una “reforma de las Administraciones Públicas” que a primera vista parece un conjunto de paliativos muy superficiales. Eso sí, lo hizo en el Palacio de la Moncloa y con toda la parafernalia. Mucho ruido y pocas nueces.
En primer lugar, la “reforma” es el resultado de una “auditoría” (no de un plan de mejora, como harían profesionales de nivel en una empresa profesionalmente gestionada). Ya es mosqueante, e indica que quienes llevan la cosa pública tienen escasa experiencia de dirección, por no decir ninguna.
Las 217 medidas se refieren a que las comunidades autónomas prescindan de sus agencias meteorológicas, de sus consejos de la competencia y de sus agencias en el extranjero, o se avance en la tecnología digital más allá del papeleo burocrático. Después de meses y meses de análisis, ¿esto es todo lo que puede hacerse? Medidas mínimas, que dependen básicamente de las propias comunidades autónomas, y que no van al núcleo de los auténticos problemas. Como ha dicho el presidente del gobierno, España dedica un 43’3% del PIB al sector público, en tanto que en nuestro entorno alcanza el 49%. Dos tercios se dedican a gasto social; y respecto al empleo, el 25% es aparato administrativo y el 75% policía, ejército, judicatura, médicos y profesores.
¿Qué nos proponía el FMI, también ayer? “Profundizar” en la reforma laboral (abaratar aún más los despidos y simplificar los contratos), mejorar la competencia, crear empleo a cambio de reducir salarios, mejorar el régimen de insolvencias, sanear la banca (calidad y cantidad del capital, mejorar el crédito), reducir el ritmo de los recortes, reducir las pensiones, reformar (pero de verdad) la administración, unión bancaria y mantener la opción del rescate.
En fin, que con la “reforma” de la administración, en el mejor de los casos, se evitarán 120 duplicidades, se venderán 15.000 inmuebles y se ahorrarán 8.000 M €.
Daniel Lacalle, en un artículo de The Wall Street Journal “Recipe for a Spanish Comeback” (http://online.wsj.com/article/SB10001424052702304782404577488283442408896.html). Propuestas mucho más valientes que las del gobierno: dejar de añorar el ladrillo (entre 2003 y 2008, la recaudación per cápita creció un 40% por este concepto; ya no volverá a ocurrir) y centrarnos en atraer capital, reducir impuestos (especialmente renta y sociedades), reformar estructuralmente las administraciones públicas (más allá de las duplicidades) y cercenar subvenciones (15.000 M €, además del rescate bancario). Meter el lápiz rojo a los salarios públicos, a los asesores (muchos de ellos, amiguetes y miembros del partido sin cualificación para ser realmente asesores) y administraciones duplicadas (22.000 M €), inversiones improductivas (en infraestructuras, 11.000 M €) y subvenciones.
Y ya, si fueran más allá, conseguir que la administración pública esté gestionada profesionalmente. Por poner un ejemplo, según un estudio de PwC, el absentismo supone que más de un millón de empleados no van a trabajar cada día, lo que significa un coste de 64.000 millones de euros (ocho veces lo que se pretende ahorrar con esta “reforma” de la administración). ¿Por qué en Mercadona, por ejemplo, el absentismo es del 0’78% y no está en la media del 6%? No es que proponga ese modelo para la administración, pero gestionar profesionalmente la misma se hace imprescindible. Recordemos que el absentismo guarda correlación con el  clima laboral y éste está muy relacionado (en un 70%, nada menos) con el liderazgo –o la falta de él- de quien dirige un equipo.
En fin, que la frase de Lacalle es una variante de El Gatopardo de Lampedusa: “Si queremos que todo siga como está, es necesario que todo cambie”.
Mi gratitud a quienes siguen proponiendo medidas valientes para salir del atolladero.