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viernes, 24 de mayo de 2013

La soberanía, en el Talentismo


Esta tarde, revisión de procesos de Coaching en Zaragoza, dentro del Programa de Liderazgo Estratégico y Coaching Ejecutivo de ESIC en la ciudad del Ebro. Y por la mañana he participado en un debate sobre el talento, su desarrollo y la educación en ESIC de Pozuelo, dentro del programa ESIC Actualidad. Gracias, Juan Pablo y Esther, por esta iniciativa tan interesante. Pronto podrás ver este debate con José Miguel Ucero, compañero de la Escuela de Negocios y ex jefe de desarrollo de RRHH en Enasa/Pegaso e INH/Repsol, en la web de ESIC (http://esic.edu/actualidad/).
Ayer, además de preparar varios temas (entre ellos el debate y varias propuestas), hice el itinerario FNAC – El Corte Inglés – Casa del Libro en la zona de Nuevos Ministerios, para comprobar lo bien distribuidos que están tanto “Messi, Falcao y Cristiano Ronaldo” como “El per-verso libro de las carencias del alma” y almorcé mano a mano con uno de los pensadores que más admiro. Disfruté de lo lindo.
He estado leyendo el libro ¿Perdiendo el control? La soberanía en la era de la globalización, de Saskia Sassen. La profesora Sassen (1949), socióloga de la Universidad de Columbia, es Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales 2013. Es una de las mayores especialistas en globalización, inmigración, ciudades globales (incluyendo el fenómeno del terrorismo), impacto de las nuevas tecnologías y gestión del cambio social.
En ¿Perdiendo el control? Saskia Sassen recoge una serie de conferencias de 1996, en las que propone un nuevo sistema económico centrado en los flujos transfronterizos y en las telecomunicaciones globales, que afecta a la soberanía y la territorialidad exclusiva. “Sostengo que, en estas condiciones, la globalización ha implicado una desnacionalización parcial del territorial y un trasvase, también parcial, de algunos componentes de la soberanía del estado a otras instituciones, a entidades supranacionales y al mercado global de capitales.”
Como nos recuerda la autora, el término soberanía, que parte de Aristóteles, pasa por Bodin y Hobbes, por las revoluciones americana y francesa, sufre un gran cambio en nuestros días. Pasó del gobernante al pueblo (la soberanía popular en el estado-nación) y ahora se está desnacionalizando por las prácticas corporativas. Sí, en el Talentismo la globalización es una realidad. “La formación de un mercado global de capitales representa una concentración de poder capaz de influir en la política económica nacional de los gobiernos y, por extensión, en otras políticas también.” La Sasser cita a Keynes: “El desarrollo del país es un subproducto de las actividades de un casino”. Endeudamiento y escaso poder de los gobiernos para regular sus economías.
¿Es el mercado global de capitales una amenaza para la democracia? La autora opina que “es necesario restablecer el equilibrio”.
La inmigración pone a prueba el nuevo orden. Los gobiernos suelen ser permisivos con los capitales y restrictivos con los inmigrantes, cuando “la globalización económica desnacionaliza la economía y la inmigración renacionaliza la política”. Según el Urban Institute de Washington, los inmigrantes en EE UU aportan 30.000 M $ en impuestos más de lo que reciben en prestaciones sociales.
Ayer en El País el filósofo Daniel Innerarity publicaba El gobierno de los otros, que comenzaba así: “Vivimos con la sensación de ser gobernados por otros. Poderosas presiones exteriores —desde la dudosa autoridad de los mercados hasta el creciente intrusismo de la comunidad internacional, pasando por los actuales desequilibrios de la Unión Europea que han instaurado una hegemonía alemana o el simple hecho de la afectación, el contagio y la mutua exposición que forman parte de nuestra condición global— parecen convertir el ideal de autogobierno democrático en una promesa que las actuales condiciones no permiten cumplir.”
Es más, “en el plano global se va configurando una opinión pública mundial más vigilante y una comunidad internacional más intrusiva, con errores por exceso (como la invasión de Irak en 2003) o por defecto (las dudas frente Siria en estos momentos, por ejemplo).” En la Unión Europea, el vocabulario dominante incluye supervisión, coordinación, armonizaciones, riesgos compartidos, intervención, exigencias, vigilancia, pactos vinculantes, créditos, regulación, salvamentos, disciplina, sanciones… “El modo como se impone la austeridad en Europa es un ejemplo de erosión de nuestra comunidad democrática, mientras que la actual vigilancia democrática sobre Hungría constituye un deber para salvaguardar los valores de la Unión Europea.”
“En un mundo interdependiente, hemos de pasar de una soberanía como control a una soberanía como responsabilidad.” “Ser responsable únicamente respecto del propio electorado puede ser una forma de irresponsabilidad cuando se dañan intereses de otros que de algún modo forman parte de los nuestros. ¿Actúa conforme a los principios democráticos Angela Merkel cuando pretende asegurarse la reelección a costa de graves daños sociales en los países con los que comparte un proyecto de integración y una larga trayectoria de cooperación?”. Innerarity ve “el gobierno de los otros” lleno de oportunidades de democratización, pero también amenazas desde el punto de vista de la justicia. “El nuevo lenguaje de la interdependencia, especialmente en el seno de la UE, debería estar articulado por conceptos como deliberación, equilibrio, mutualización, solidaridad, autolimitaciones, confianza, compromisos, responsabilidad…” “Se acabaron los espacios delimitados de la soberanía: tenemos que irnos acostumbrado a que nos digan lo que tenemos que hacer, lo que únicamente resulta soportable si también nosotros podemos intervenir en las decisiones de los otros. Una cosa es que esas intervenciones hayan de estar justificadas y equilibradas por una lógica de reciprocidad y otra que podamos volver a una relación de sujetos soberanos.”
Recuerdo cuando en los 80, en la asignatura de Teoría del Estado, el profesor Tierno Galván, por entonces alcalde de Madrid, nos hablaba de la “souveraineté”, el derecho exclusivo del poder político sobre una zona geográfica y/o un grupo de personas (el concepto es de Jean Bodin, 1576). En el Talentismo, el pueblo ha de seguir siendo soberano, por mucho que entidades supranacionales beneficiosas como la Unión Europea o fenómenos como la globalización nos planteen un cambio de escenario.