Páginas vistas en total

lunes, 15 de abril de 2013

Ser un "alacrán enamorado" y vivir la vida con sentido


Ayer domingo encontré en la prensa tres artículos que me hicieron pensar. Muy agradecido por ello.
El primero, de mi buen amigo, John Carlin: La dama de hierro no sabía reír. Se refiere a un comentario de Matthew Parris, ex parlamentario conservador que trabajó cercano a ella, que Thatcher era incapaz de comprender un chiste. “A diferencia de su marido, y de la enorme mayoría de sus compatriotas, carecía por completo de sentido del humor. Lo que define al inglés es la ironía, pero ella, que se envolvía en la bandera con más fervor que ningún mandatario británico desde la Segunda Guerra Mundial, no lo entendía. Le faltaba el chip”. Otra curiosidad que nos presenta Carlin es que la “dama de hierro” no sentía interés por el deporte. “El deporte es juego y la Sra. Thatcher no tenía tiempo para juegos”. “El deporte es alegría, es vivir por vivir, pero no es un elemento imprescindible en la supervivencia de la especie, en el desarrollo de la empresa”. JC concluye: “Thatcher fue odiada por una alta proporción de los británicos, pero, incluso entre aquellos que admiraban su férreo liderazgo, muy pocos sentían afecto por ella. Hubo división de opiniones acerca de su proyecto político, pero el consenso casi universal es que no era una persona querida. La faltaba sentido del humor y su incapacidad de disfrutar del deporte fueron dos de las causas de ese distanciamiento afectivo. Mujer emocionalmente limitada, la Thatcher. Ella se lo perdió.” ¡Brillante, amigo John! Puedes leer este artículo al completo en
El escritor Ian McEwan también se refería a la dama de hierro en Margaret Thatcher: nos encantaba odiarla. La crñitica hacia ella tenía mucho de sexismo primario (“la sospecha de que la hija del tender estaba empeñada en dar un valor monetario al ser humano, pensar que no tenía corazón y saber –como se sabía públicamente- que despreciaba los impulsos que sirven entre los individuos y la sociedad”. Durante el thatcherismo, revivió la novela británica. “La novela prospera en condiciones adversas, y la sensación general de desolación ante el nuevo mundo que ella nos mostraba arrastró a muchos escritores a la oposición”. Salman Rushdie, Martin Amis, Malcolm Bradbury y el propio Ian McEwan. Phillip Larkin (lady M le citó en Downing Street: “Tu mente yace abierta como un cajón de cuchillos”. Alan Clark, Cristopher Hitchens… “La obsesión nacional con Margaret Thatcher tuvo siempre un elemento de erotismo”. Sí, el “sadomonetarismo”, que se revive ahora con sus funerales.
Compré la película La dama de hierro en DVD (un diario la vendía por menos de 10 euros) y por la tarde me dispuse a verla de nuevo (hemos hecho varios Cine Fórum Empresariales APD con ella). Es una magnífica cinta, no solo por la soberbia interpretación de Merryl Streep (ganó un merecido Óscar), sino porque más allá de su demencia senil nos muestra la evolución de su talento. Su padre, alcalde de una pequeña población, un hombre con principios; su marido Dennis, que se desvivió por ella; Airey Neave, asesinado por el IRA en 1979, que la encumbró al poder… Le faltó un “cuarto coach” (Goeffrey Howe, que debería haber sido su tándem en el gobierno –estuvo 10 de los once años de la primera ministra y dimitió tres semanas antes de la caída de ella-, no lo fue; el millonario autodidacta Michael Heseltine, también en el gabinete, la disputó el liderazgo). Ay, si hubiera tenido un/a “coach” de verdad (un cuarto rey de la baraja en su vida) que le hubiera ayudado a aprender a reír (que le hubiera ayudado a desarrollar su sentido del humor) y a asumir los valores deportivos (saber ganar y saber perder: la victoria en las Malvinas le llevó a la euforia; la labor de su gobierno, a la disforia). Así es la vida.
En la contraportada de El País, Gregorio Belinchón entrevistaba a Santiago Zannou: “Solo me interesa la visceralidad”. Santiago me “dirigió” en su película El alma de La Roja (un honor que nunca olvidaré) y este pasado finde ha estrenado Alacrán enamorado. Es un volcán capaz de meter a los tres protagonistas de su peli en su piso de 30 m2. “Los aficionados han visto que los futbolistas son personas humildes, muy currantes, accesibles y poco estrellas. Yo llevo poco en el cine, pero aún no me he cruzado con un chulo. Solo veo gente que quiere currar y que tiene los huevos por corbata. Como cualquier trabajador”.
En la matinal del domingo fui a ver Alacrán enamorado. Una historia de neonazis, de boxeadores, de amor y de amistad. Una estupenda película, muy bien dirigida, con actores muy completos. Muy pero que muy recomendable. Oblivion, la de Tom Cruise, la vieron mis amigos Mª Luisa y Chema y me dijeron que no valía tanto. En la taquilla a buen seguro ganará la cinta estadounidense; en el criterio de algunos de nosotros, la de Zannou.
Y por la tarde también estuve leyendo Vivir la vida con sentido. Actitudes para vivir con pasión y entusiasmo, de Víctor Küppers.
Reconozco que no había oído hablar del profesor Küppers hasta hace una semana. Fui a ver a Ricardo Greco, el presidente del Grupo Educativo ADEN (25 Escuelas de Negocios en Iberoamérica) y a Alfredo Díez (Director de la Escuela de Liderazgo) en Barcelona el pasado lunes 8, con motivo de la visita a la ciudad de casi un centenar de directivos alumnos de ADEN a la ciudad condal. En la Universidad Internacional de Cataluña, les dio una conferencia Víctor Küppers. Después estuve hablando un rato con la profesora de la Universitat de Barcelona Meritxell Obiols. Al día siguiente le daba una conferencia a sus alumnos Víctor Küppers. Y días más tarde encontré en una librería este, su segundo libro.
Víctor es profesor de la UIC, de la UB, de ESADE y de IESE. Se considera formador (“ése es mi trabajo”) y reconoce que en Vivir la vida con sentido uno hay ningún concepto nuevo, ninguno creado por él. No es humildad; es realidad.
Sin embargo, Víctor Küppers pertenece a esa escuela cuyo representante más conocido es Emilio Duró: con un estilo divertido, entretenido, positivo, entusiasma. Una inyección de alegría que nos hace falta. Y tiene como único propósito del libro hacernos pensar. Una gran cosa la reflexión (como bien sabes, el primer paso del coaching).
¿En qué me ha hecho pensar? En reafirmarme que “la diferencia entre los cracks y los chusqueros no está en saber, está en hacer”, como dice Víctor. Se trata de vivir de verdad y no de sobrevivir, de disfrutar y no de ir tirando. El entusiasmo es un hábito que debe desarrollarse: disfrutar, agradecer, no quejarse, ponernos ilusiones, ayudar a los demás, repartir alegría, cuidar a las personas que más quieres. “Todos somos bombillas con patas”: las hay de 30.000 vatios y las hay fundidas (“es la diferencia entre vivir una vida plena o una vida de pena”).
Para Küppers, el valor de una persona viene determinado por v = (c+h) x a. Conocimientos más habilidades (lo que comúnmente llamamos “aptitud”) por actitud. La diferencia está en la actitud, en la forma de ser. Es el iceberg de Lyle Spencer (la aptitud por encima del agua; la actitud, por debajo). “Tú no eres una persona grandísima, que lo eres, por tus conocimientos; no eres una persona grandísima por tus habilidades o por tu experiencia. Tú eres una persona grandísima por tu manera de ser”. Buen alegato en pro de la actitud. Sin embargo, no olvidemos que la aptitud es condición necesaria, imprescindible (Víctor dice, como Duró, que “no hay nada más peligroso que un tonto motivado”).
Una forma de ser fantástica se logra mediante el desarrollo de hábitos fantásticos. Ya sabes: “Siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”. El autor se lo atribuye a William James (1842-1910) y la Sra. Thatcher la menciona en “La dama de hierro” (y en su autobiografía, creo). Me parece que originalmente la frase es de William Thackeray (1811-1863) en su obra La feria de las vanidades. La secuencia es, efectivamente, valores-pensamiento-actitud-acción-hábito-carácter-resultados. “No nos afecta lo que nos sucede, sino lo que decimos acerca de lo que nos sucede” (Epícteto).
Víctor nos anima a preguntarnos: ¿Qué es lo más importante en nuestra vida y cuánto tiempo le dedicamos? “Todos los seres humanos nacemos, vivimos y morimos por amor”. Frente a las 4 P del marketing (producto, precio, promoción y plaza), Küppers nos enseña las 5 P de la vida: Poder (gran fuente de motivación, como diría McClelland), Prestigio (tu marca), Pasta, Placer y Principios. “El éxito no es la base de la felicidad, pero la felicidad sí que es la base del éxito”. El Valle de las Excusas (Brian Tracy) es el “lado oscuro”, por lo que en nuestros hábitos debemos incorporar la autodisciplina. “Haz como si… hasta que lo seas” es el gran truco para configurar hábitos. L@s coaches lo sabemos bien.
De este libro, que apela a la gratitud, al optimismo, a la ilusión, al sentido del humor, al servicio, a la escucha activa, a la humildad, a la meditación (Víctor, que se declara creyente, medita cuando va a misa y en sus frases favoritas cita a San José María Escrivá de Balaguer: “Si no puedes alabar, cállate), me quedo con tres descubrimientos: el paraíso de Víctor Küppers, Ordino, en el extremo noroeste de Andorra (3.000 habitantes) que prometo visitar; León Tolstói, que influyó decisivamente en Gandhi y Martin Luther King, algunas de cuyas obras estudiaré con detenimiento; y el Aria de las Variaciones Goldberg de Johan Sebastian Bach por Glenn Gould (www.youtube.com/watch?v=Gv94m_S3QDo). Gracias, Víctor, por estos regalos.
Vivir la vida con todo el sentido del mundo, como un “alacrán enamorado”. Reír más que reñir; jugar, sentir, amar.