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domingo, 28 de abril de 2013

Lo que hacemos cuando no tenemos miedo


Este fin de semana he estado viendo Ayer no termina nunca, la última película de Isabel Coixet. Una cinta audaz, valiente, con dos grandes interpretaciones (las de Candela Peña y Javier Cámara) y un guión muy completo.
Me gusta el cine de Isabel Coixet y el hecho de que tanto ella y yo como su hija Zoe y la mía nos llevemos cuatro años. De su cine (nueve películas, un documental y un corto), me quedo con Mi vida sin mí, La vida secreta de las palabras, Elegy y Mapa de los sonidos de Tokio. Un cine personal, emotivo y muy inteligente. De ella, Sarah Polley (protagonista en Mi vida sin mí) dijo en el prólogo del libro Isabel Coixet de Rafael Cerrato lo siguiente: “personalmente, es la persona más generosa, divertida, temperamental, sabia, inmadura, maternal, infantil que nunca he conocido. Lo es todo a la vez, estallando de vida. Tiene una empatía y una perspicacia para otros seres humanos que es asombrosa. Es alguien que hace que la vida parezca vertiginosa. Nunca he visto a nadie leer tantos libros, ver tantas películas, probar tantos restaurantes y viajar a tantos sitios en una semana.”
El argumento es: Barcelona, 2017. Una expareja se reencuentra después de cinco años de perder a su hijo por una negligencia médica. Él se marchó como profesor a Colonia, como tantos que emigraron al extranjero con la crisis. Ella se ha quedado y mantiene su dolor, viviendo con extrema dificultad.
Es una película de bajo presupuesto, pero no es una película pequeña, porque durante casi dos horas Carmen y Javier se preguntan por los sentimientos, por el dolor, por la reconciliación y la resignación. ¿Una cinta sobre la crisis? Más bien sobre un estado de ánimo triste, sin futuro, sin proyecto.
En el número de mayo de Fotogramas, Nuria Vidal le da un 4 sobre 5 y declara que “es su película más luminosa, más esperanzadora”. Y Pere Vall le entrevista: “A mí lo que me cansa es no hacer nada, la inactividad. Me agota. En los rodajes no me canso”. “Mientras haces la película, eres feliz. Eres como el capitán de un barco, y ese barco es tu universo. Y alrededor no hay nada más, solo el mar. No hay palabras para describir esa sensación”. “Ayer no termina nunca se alimenta de gente que me rodea, de las relaciones de pareja, la manera que tienen las mujeres y los hombres de gestionar el dolor de maneras diferentes, y también por esa niebla irrespirable que intentamos respirar”. Para la directora, se oponen una manera visceral y otra cerebral de enfrentarse al dolor (ella se sitúa entre ambos, más bien emocional).
Y también he estado leyendo Qué harías si no tuvieras miedo. El valor de reinventarse profesionalmente, de Borja Vilaseca. Le tengo mucha admiración intelectual y cariño personal a Borja (creo que Borja Vilaseca es a Barcelona lo que Sergio Fernández: periodistas, buenos autores, directores de Masters innovadores y apóstoles del pensamiento positivo).
Un libro con tres partes: Una cultura orientada al tener (el capitalismo), Una cultura orientada al cambio, Una cultura orientada al ser (la era del conocimiento, la empresa consciente). Es el fin de la era industrial, de un sistema educativo obsoleto (“gente desmotivada que explica información inútil a gente que no le interesa”), de la Corporatocracia.
Su consultora, Koerentia, ha hecho una encuesta nacional sobre El estado emocional de las empresas españolas (enero 2010- marzo 2012) a una muestra de 3.876 personas de 171 empresas. Según ésta, el 75% de los empleados se levantan por la mañana del lunes con resignación e indiferencia. Básicamente, porque “no les gusta lo que hacen y se dedican básicamente a cumplir con lo que les toca”. Casi el 80% de los empleados afirma que su jefe es autoritario y egocéntrico. El 62% de los trabajadores afirma que su jefe los controla constantemente y les impide “gozar de libertad y autonomía”. El 63% afirma que en su empresa abundan los conflictos, la negatividad y la gente insatisfecha. El 71% de los empleados rinden por debajo de sus capacidades, “haciendo el mínimo esfuerzo para cumplir con sus obligaciones”. Aún así, solo uno de cada diez piensa en cambiar de trabajo. El 73% de los empleados considera que la cultura corporativa no promueve a mandos que actúen como buenos líderes, ni la potenciación del talento ni la creatividad. Esto se combina con la opinión de nueve de cada diez directivos de que “es difícil encontrar en el mercado laboral responsables, competentes, motivados y comprometidos” (Otto Walter) y con que al menos 7 millones de trabajadores viven bastante estresados (4 millones, “quemados”), según la Universidad de Alcalá de Henares. Más de un millón de españoles falta cada día a su puesto de trabajo, un 6% del PIB o 64.000 M €.
Borja nos habla de la era del conocimiento (el talentismo, para algunos de nosotros), de clase creativa (Richard Florida), de educación emocional, de inteligencia financiera, de marca personal (“elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un solo día de tu vida”, Confucio). Y por supuesto, de la gratitud: “La medida más fiable de que una relación profesional es el mutuo sentimiento de gratitud”. El capítulo 29 es precisamente “la apuesta por el talento”. De la selección de personal a la elección de personas.   
Una cita inicial importante: “La libertad conlleva responsabilidad. Por eso a la mayoría de personas les aterroriza” (George Bernard Shaw). Y la dedicatoria: “A Irene, por escogerme como compañero de viaje. A tu lado estoy aprendiendo a vencer mis miedos”. Toda una declaración de amor.

Mi agradecimiento a Isabel Coixet y a Borja Vilaseca. De Barcelona para el mundo.