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sábado, 13 de abril de 2013

Cómo puede el coaching impulsar la ética


Lo he pasado maravillosamente bien ayer viernes y hoy sábado en el Programa de Liderazgo Innovador y Coaching Estratégico de ESIC en Zaragoza, que tengo el honor de dirigir. Ayer, con la revisión de los procesos de coaching que l@s propi@s alumn@s están llevando a cabo (a diferencia de otros programas, en éste los participantes reciben coaching y practican coaching ejecutivo; un diferencial que nos parece muy importante). Esta mañana, trabajando juntos durante cinco horas Ciencia, Arte y Ética del Coaching.
En medio, una cena estupenda con las dos primeras promociones del Programa y la entrega de diplomas de la primera promoción. Y después una copita todos juntos en el Dalai, en la calle Casablanca de Valdespartera. Atención al Bacardi Elixir (www.youtube.com/watch?v=QHmU2yWkDGA), un nuevo ron con aroma de caña tostada inspirado en la receta original de D. Facundo Bacardí en 1862. Intenso y meloso. Un mojito con Bacardi Elixir está de locura.
Pero volvamos al Coaching. El Coaching no es una ciencia; es un proceso de acompañamiento que aporta un alto valor y que se nutre de ciencias como la psicología positiva (optimismo, fluidez, resiliencia, felicidad), la economía conductual o el neuromarketing. Hemos puesto en común, por ejemplo, las 50 trampas cognitivas que hacen feliz a tu cerebro (expuestas por David DiSalvo en su último libro, tal como comenté en una reciente entrada de este blog) y comprobado que todas y cada una de ellas son argumentos a favor del coaching.
El Coaching posee un innegable componente artístico, en su capacidad de conmover, emocionar, al pupil@ y porque cada coach debe definir su identidad, su estilo propio. Y es, por supuesto, ético, porque debe dirigirse según un código ético (como el Código de buenas prácticas de AECOP), que incluye la confidencialidad del proceso.  
Pero es que además el coaching es un pilar de la ética porque, realizado correctamente, es un gran impulsor del mérito. En las sociedades clientelares (en el “capitalismo de amiguetes”), con instituciones excluyentes (cuyas élites se aprovechan en su propio beneficio y se sirven de los demás) el coaching no tiene tanto sentido, porque todo está montado desde la picaresca. En sociedades verdaderamente libres, con una justicia eficaz, con instituciones inclusivas, con el mérito por santo y seña, el talento se aprecia, se valora y necesita desarrollarse a través del coaching. Eso explica por qué en general las sociedades menos corruptas están más desarrolladas y por qué las sociedades más desarrolladas utilizan más y mejor servicios de coaching. Y también, por seguir con el ejemplo, de recolocación; la reforma laboral consagraba un “outplacement” profesional, en tanto que las empresas más vergonzantes optan por “faenas de trasteo y aliño” (quick & dirty, en la terminología empresarial), baratujas, para salir del paso y con una indignante falta de respeto hacia los profesionales que les han servido durante tantos años. Las empresas admiradas recolocan profesionalmente; las neotayloristas, desahucian sin pudor.
No me cansaré de repetir las palabras de José Antonio Marina, “la ética es el modo más inteligente de vivir”. Por tanto, la falta de ética es lo más estúpido. Quien no quiera verlo, allá él/ella.
Mi agradecimiento a Ana María, Elena, Eva, María, Verónica, Enrique, Javier, Juan Carlos, Óscar, Pedro, Gabriela, Mª José, Noelia, Silvia,  Alfredo, Hans, Javier, Jesús, José Luis, Jorge, José Antonio, Juan I. y Juan L. Sois y seréis un@s magníficos coaches.