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sábado, 9 de marzo de 2013

La Dirección Meritocrática y los amantes pasajeros



Ayer viernes y hoy sábado he estado trabajando con más de una veintena de profesionales de Supermercados MAS el primero de tres talleres de ocho horas sobre La Dirección Meritocrática de los Recursos Humanos.
En este cambio de ciclo, en el paso del Capitalismo al Talentismo, es importante preguntarse a qué concepto se asocia nuestra organización y a qué concepto (diseño, relato, juego, equipo, empatía, propósito) queremos que se asocie. Y qué conductas hemos de poner de manifiesto desde la dirección para lograr ese concepto en la mente de nuestros clientes actuales y potenciales. Y cómo estamos nosotr@s y nuestr@s colaboradores/as en términos de Generosidad, la competencia más importante en la nueva era, en la que el talento es más escaso que el capital.
Y hoy hemos estado trabajando los intangibles: capital humano (el talento como “inteligencia triunfante”), marca (promesa de valor), capital clientes y expectativas de futuro. El papel de la dirección, en su sentido más amplio, es clave para generar marca, para atraer, fidelizar y desarrollar el talento individual y colectivo, para superar las expectativas de los clientes y para generar informaciones positivas que alimenten las expectativas de futuro. Hemos estado revisando casos actuales, como los de éxito de Mercadona, Día, Valor o Atlantic Copper, el Chavismo sin Chaves o el próximo cónclave papal. Ejemplos de una nueva era.
Anoche estuve viendo Los amantes pasajeros, la última película dirigida por Pedro Almodóvar.
Creo que he visto todas las pelis de este director manchego, las 20 que ha realizado desde Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón en 1980. Me han gustado especialmente Mujeres al borde de un ataque de nervios, Todo sobre mi madre y Volver. La penúltima, La piel que habito (2011) me pareció un fiasco. Y la anterior a aquella, Los abrazos rotos (2009) me pareció muy interesante. De ambas hablé en su día en este blog.
Supuestamente, Los amantes pasajeros es el regreso de Pedro Almodóvar a la comedia. Un avión que va de Madrid a México como metáfora de lo que está pasando en nuestro país (el presidente de una entidad financiera al que acusan de estafar a miles de ciudadanos, una ex vedette que tiene vídeos comprometedores de sus “clientes”, una vidente, un mexicano asesino a sueldo, una pareja en luna de miel) y uno de cuyos trenes de aterrizaje no funciona. En realidad, la película no es graciosa en absoluto, los personajes son muy flojos y después de verla no te queda nada. Una lástima esta ocasión perdida. Comparar esta cinta con El vuelo, protagonizada por Denzel Washington (en ambas un avión con problemas de aterrizaje está en el centro de la historia, pilotos y azafatas con alcohol y drogas) es como comparar una historia interesante con una bromita de tres al cuarto.
Creo que Almodóvar dirige magistralmente mujeres. De hecho, en esta peli se salvan Cecilia Roth, Blanca Suárez y Lola Dueñas. Pero no es creíble ese trío de azafatos gays (Raúl Arévalo, Javier Cámara –que hace de una especie de “testigo”  que trata de recordarnos a Chus Lampreave porque “no puede mentir”- y el “chanante” Carlos Areces. Y aún menos esos pilotos bisexuales: Antonio de la Torre y Hugo Silva. De lo flojísimos que están Willy Toledo, Paz Vega y Miguel Ángel Silvestre, mejor no hablar.
En fin, una lástima. Los amantes pasajeros es una película perfectamente olvidable. Como he leído en alguna crítica, “mucha locaza y poca locura”. La cinta se llama en inglés I’m so excited (como la canción que coreografían los tres azafatos gays).  Pues a los espectadores no nos ha excitado nada en absoluto, ni nos ha provocado la más mínima sonrisa. ¡Qué pena!
Mi agradecimiento a Belén, Mª Mar y a todos los profesionales de MAS con los que he estado disfrutando este fin de semana.