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viernes, 29 de marzo de 2013

Cerebros delincuentes y sociedades clientelares


Ayer estuve viendo Anna Karenina. Guión de Tom Stoppard (Shakespeare enamorado), dirigida por Joe Wright (ya me había aburrido en Expiación y en Hanna), interpretada por Keira Knightley (Piratas del Caribe, Un método peligroso), que no es precisamente la Greta Garbo de la versión de 1935, ni la Vivien Leigh de 1948, ni siquiera la Jacequeline Bisset de 1985.
Anna Karenina es, como sabes, una gran novela de Leo Tolstoi y una de las cumbres del realismo ruso, alabada por Dostoievski y Nabokov. Muy crítica con los antivalores (la hipocresía ) de la aristocracia de la época, la novela trata más de Lyovin (un joven que lo tiene todo y no es feliz en ese ambiente, como el propio autor) que del adulterio de Anna con Vronsky.
En la prensa he leído un artículo sobre cerebros delincuentes. Al parecer, las técnicas de neuroimagen han identificado un área realizada con la propensión a cometer delitos, el CCA (el córtex del cíngulo anterior). “La tentación inmediata de esta historia sería hacer la prueba de la neuroimagen a todo el que vaya a dejar la cárcel. En función del resultado, ya sabría a quién habría que poner en especial vigilancia. Quizá, llevado al extremo, se podría pensar en no excarcelarlo”. El presidente de la SEPB), Sociedad Española de Psiquiatría Biológica, ha comentado que el estudio crea expectativas muy esperanzadoras y optimistas.
Esa “búsqueda” del gen de la maldad o de una zona cerebral dañada debería recordar que nuestro cerebro es, ante todo, plástico (Plasticidad es el gran concepto de la neurociencia de los últimos años). Me temo que los delincuentes, como los líderes, como el talento en general, ni nacen ni se hacen. Se forjan, a partir de estímulo y respuesta, y de mucha, pero que mucha, conducta.
Personalmente, soy más partidario de las tesis de Phillip Zimbardo y el poder del contexto (“el efecto Lucifer”). Puedes ver su TED sobre La psicología de la maldad: www.youtube.com/watch?v=OsFEV35tWsg o un vídeo de casi dos horas, también de Zimbardo, sobre el efecto Lucifer: www.youtube.com/watch?v=9xpsVlY3QQc
Hablé del “Efecto Lucifer” en este blog, el 29 de marzo de 2008. Y quisiera recordarte, además de la frase de Milton: “La mente es su propia morada y por sí sola puede hacer del cielo un infierno y el infierno un cielo”, los diez pasos que nos ofrece Zimbardo para sacar partido del poder del contexto:
- Reconocer nuestros errores
- Estar atento a los detalles básicos
- Asumir la responsabilidad de nuestras propias decisiones
- Afirmar nuestra identidad personal
- Respetar la autoridad justa y rebelarse contra la injusta
- Desear ser aceptado, pero valorar la independencia
- Estar atento a cómo se enmarcar o formulan las cuestiones
- Equilibrar la perspectiva de tiempo (sin prisas)
- No sacrificar libertades personales o civiles por la ilusión de seguridad
- Ser capaz de oponernos a sistemas injustos
También en la prensa de ayer, César García (profesor de la Universidad del estado de Washington) trataba La enfermedad del clientelismo. Frente a la “sociedad abierta” de Popper (“una asociación de individuos libres que respetan los derechos el uno del otro dentro del marco de la propia protección proporcionada por el Estado y que logra, mediante la toma responsable y racional de decisiones, una vida más humana y rica para todos”), la España actual de Urdangarín, Amy Martin, Luis Bárcenas… “El clientelismo es, no nos engañemos, una variante o sucedáneo de la corrupción”: es una forma de organización social (rousfeti en Grecia): detentadores de poder (político, económico) que ofrecen sus dádivas a cambio de apoyo. Los individuos carecen en la práctica de mercado libre, instituciones representativas y sistema legal equitativo, por lo que carecen de Capital Social (Pierre Bourdieu). El clientelismo, versión actualizada del caciquismo, implica “un lenguaje, unos ritos, unos valores y símbolos, pautas de comportamiento y redes de relaciones aceptadas por una comunidad que comparte una mentalidad”.
¿Cómo se acaba con el clientelismo? Te recomiendo que dediques menos tiempo a leer sobre cerebros delincuentes y más sobre (Por qué fracasan los países de Daron Acemoglu y James Robinson, es lectura obligada). Cuanto más trato de entender el Talento, más poder le veo a la C de Contexto, además de la Capacidad y el Compromiso.
Mi agradecimiento a Philip Zimbardo, a César García y a quienes nos abren los ojos sobre los contextos clientelistas, y por tanto tóxicos. En ese sentido, la Rusia imperial de Anna Karenina y la España partitocrática actual se diferencian muy poco.