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lunes, 31 de diciembre de 2012

Doce momentazos en 2012


Ayer, el Magazine de El Mundo publicó un especial sobre 75 años de Rey, con motivo del aniversario de nuestro monarca Don Juan Carlos I el próximo 5 de junio. Entre datos y opiniones, he tenido el honor de escribir sobre las cualidades de Liderazgo de nuestro Rey. Diez características que han convertido a Don Juan Carlos en un rey longevo (37 años, de momento). ¡Larga vida al Rey!
Concluye hoy el 2012, y quisiera recordar Doce momentazos (positivos) entre la maraña de notas trágicas de un año difícil en lo económico y convulso en lo político.
En el Deporte, me quedo con la Eurocopa de Polonia y Ucrania, que tan brillantemente ganó La Roja. La final de la Champions entre el Chelsea y el Bayern fue flojita (debió ser un Clásico entre el Barça de Guardiola y el Real Madrid de Mourinho, de no ser por la exigencia del partido de Liga entre ambos). Los Juegos de Londres no tuvieron la espectacularidad de Beijing hace cuatro años, y en ellos Bolt, Phelps y poco más. Más importante la remontada de la Ryder, con el espíritu del gran Severiano Ballesteros (gracias, Seve, que estás en los cielos).
En la Política, me quedo con el relevo en la Secretaría General del Partido Comunista Chino (¿podrá contener la hemorragia de corrupción?, con la victoria de Enrique Peña Nieto en México (gran esperanza en que las cosas cambien) y con la reelección de Obama en EE UU (¿qué habría sido de aquel país, y del mundo, de ganar Romney?). Oportunidad perdida en Venezuela (siempre hay esperanza, también en ese gran país), ascenso del islamismo en el mundo árabe, más Putin en Rusia, relevo del terrible Sarkozy en Francia… Veremos qué pasa con Merkel en Alemania en 2013.
Creo que es buena noticia el proceso de pacificación de Colombia, entre el Gobierno y las FARC, y la victoria de la premio Nobel de la paz Suu Kyi en Birmania. Terribles lecciones vitales la de Malala sobre el poder de la educación en Afganistán y la de la Amanat, violada y asesinada en la India.
El 12 ha sido el año de los indignados comprometidos, como explico en Del Capitalismo al Talentismo. Algunos políticos que confunden los recortes con la austeridad, que no saben/pueden/quieren gestionar de verdad (su calidad directiva es lamentable por inexistente), que aplican recetas obsoletas. Instituciones suicidas en lugar de meritocracias…
Y empresarios golfos (en la mente de todos) que ensucian la imagen de l@s que realmente crean empleo y se esfuerzan honestamente por sacar a su empresa adelante. Macrofiestas que muestran corrupción a todas las escalas: en el aforo, en la seguridad, en las cámaras, en los médicos, etc. Una vergüenza tras otra.
Pensaba que la reforma laboral iba a exigir la formación (desarrollo del talento) y una recolocación profesional, como la que se hace en Alemania, Holanda, Francia o Estados Unidos. Desgraciadamente, me temo que no ha sido así. El desarrollo profesional brilla por su ausencia y en la recolocación (outplacement) son escasos los ejemplos de proyectos realmente profesionales, de beneficio para los empleados y la empresa.
En la ciencia, la operación Marte, el cambio climático y la emigración de nuestros jóvenes investigadores. El “salto” de Félix Baumgartner, el top model de Red Bull, me parece folclórico, francamente.
En la cultura, el contraste entre las dos “Monna Lisa” (también hablé de ello en Del Capitalismo), The Artist y Blancanieves (mudas y en blanco negro), Intocable (cine del bueno que apela al optimismo inteligente). Y el III Congreso sobre la Felicidad en A Coruña (gracias, Belén, Santi, Javier y compañía).
Quiero finalizar con dos notas positivas. La disculpa histórica de SM El Rey, que ha conseguido con su conducta noble y ejemplar posterior al escándalo de Botswana recuperar la confianza de los españoles (una magnífica noticia, después de todo). Y las 49 empresas Top Employers que demuestran que son empresas talentistas (en la cena de gala, Makro hizo un despligue espectacular con 42 profesionales bailando una coreografía de agradecimiento).
El gran secreto del Diablo es hacernos creer que no existe (Kaisher Soshé, en Sospechosos habituales). El del Talentismo, en el que ya estamos inmersos, es que el 21 de diciembre parece que no pasó nada. Y sin embargo, el cambio de ciclo se produjo.

Mi agradecimiento a todas y todos l@s que dieron lo mejor de sí mism@s en el 2012. Viene un año fascinante, te lo aseguro.     

domingo, 30 de diciembre de 2012

Los once mejores libros del año 2012


El FC Barcelona de Tito Vilanova, a quien todos deseamos una recuperación fulgurante ha llegado a jugar esta temporada con once canteranos (25 de noviembre de 2012). Pues en los libros de dirección empresarial me temo que ha pasado algo similar. En el 2012, el año en que La Roja  consiguió su tercer título continental o mundial consecutivo, los libros de gestión escritos por nuestros compatriotas se han impuesto por goleade.

Amazon.com nos recomienda los que para esta librería virtual son los Diez mejores libros  de management del año:
1.    Antifrágil. Diez cosas que ganan con el desorden, de Nassim Nicholas Taleb.
2.    El poder del hábito, de Charles Duhigg.
3.    La ventaja, de Patrick Lencioni.
4.    Imperio privado, de Steve Coll.
5.    Comunidades de Startup, de Brad Feld.
6.    ¿Cuánto es suficiente?, de Robert Skidelski.
7.    El libro de la estrategia, de Mark McKewon.
8.    Innovación reversa, de Vijay Govindaranjan, Chris Timble e Indra K. Nooyi.
9.    Dentro de la escuela más exclusiva para emprendedores, de Randall Stross.
10.El final del dinero, de David Wolman.

Ninguno de ellos ha llegado aquí en castellano. El de Patrick Lencioni, que en su versión española se llama Y tú, ¿trabajas en un empresa sana o tóxica? se publicará el 17 de enero de 2013, como el nuevo de Daniel Pink (To Sell is human), que saldrá a la venta mañana 31 de diciembre en Estados Unidos. El poder de los hábitos, de Charles Duhigg, contiene ideas interesantes, pero lo siento, en mi opinión no es uno de los mejores libros del año 2012.
Tal vez las tres únicas excepciones extranjeras de este año sean Por qué fracasan los países, de Acemoglu y Robinson, La economía del bien común, de Christian Felber y Boomerang: Viajes al nuevo tercer mundo europeo, de Michael Lewis.
Dicho lo dicho, esta es mi alineación de los once mejores libros en literatura gerencial y de desarrollo en 2012. El orden es alfabético de autores.
-       Ser feliz no implica ser idiota, de Javier Cebreiros.
-       La inteligencia ejecutiva, de José Antonio Marina.
-       Haz que cada mañana salga el sol, de Arancha Merino.
-       Una nueva época: Los grandes retos del siglo XXI, de Emilio Ontiveros y Mauro Guillén.
-       Inspiritismo, de Diana Orero.
-       Una mochila para el Universo, de Elsa Punset.
-       El líder que llevas dentro, de Juanma Roca.
-       Cada gota de tu vida, de Yolanda Saénz de Tejada.
-       Carisma Complex, de Rubén Turienzo.
-       La rebelión de las moscas, de Belén Varela.
-       La Felicidad en el trabajo… y en la vida, de Santiago Vázquez.

Por razones obvias, están fuera de concurso Mentalidad ganadora (el libro que he publicado este año con el entrenador Unai Emery), Codigo Mourinho (escrito con la Dra. Leonor Gallardo) y Del Capitalismo al Talentismo.

Un año excelente en la producción nacional. Mi gratitud a estos once autores que han hecho unas obras admirables.
Y seguro que lo mejor, para todas ellas y ellos, está por llegar.
Muy feliz 2013, a la vuelta de la esquina.
   

sábado, 29 de diciembre de 2012

Una Europa alemana



2012 agoniza este fin de semana. Frío en Madrid (cuatro grados, lluvia y aguanieve por momentos). Tiempo para comer fuera, para leer y para escribir.
Hoy he estado leyendo Una Europa alemana, un apasionado ensayo de Ulrich Beck. Me gusta mucho el pensamiento de este sociólogo, profesor emérito de la Universidad de Múnich y de la London School of Economics, que ha acuñado el concepto de Sociedad de riesgo.
En 1953, el intelectual Thomas Mann advirtió en Hamburgo a sus compatriotas que nunca más se esforzasen en conseguir una “Europa alemana”. Claro, la Sra. Merkel estaba al otro lado del Telón de Acero y ha hecho caso omiso.
El libro parte de una noticia de radio de febrero de 2012: “El Parlamento alemán decide hoy el futuro de Grecia”. Inadmisible. Sin embargo, se asume con naturalidad. Y cita al periodista y escritor italiano Eugenio Sclafari: “Si la política fiscal impulsada por Alemania hiciera fracasar el euro, los alemanes serían responsables del fracaso de Europa. Sería la cuarta vez, tras las dos Guerras Mundiales y el Holocausto. Alemania tiene que asumir su responsabilidad sobre Europa”.
La política de austeridad divide a Europa, porque los gobiernos la aprueban y los ciudadanos la desaprueban. Casi uno de cada cuatro jóvenes europeos está sin empleo (un tercio de los irlandeses e italianos, el 53% de griegos y españoles). “Presenciamos encarnizados debates y luchas de poder, y al final solo hay perdedores”. Es la sociedad del riesgo porque “el no saber se extiende a todas partes”.
La Unión Europea ha sido un éxito (Croacia, el 28º estado miembro, se incorpora el 1 de enero de 2013; Serbia quiere hacerlo pronto). Lo que ocurre es que “los macroeconomistas carecen por regla general de un modelo adecuado para la unión monetaria europea” (Wolfgang Münchau, Financial Times). La salida de Grecia (o de otros países, como el nuestro) no es la solución, como Beck explica con claridad. “La crisis de la Unión Europea no es una crisis de deuda”. Se trata de evitar el hundimiento de los valores europeos (apertura al mundo, libertad y tolerancia). “Quien equipara Europa al euro ya ha abandonado Europa”. Y cita, nada menos, que a Nietszche: “Nosotros somos –y esta debe ser nuestra divisa- buenos europeos, los herederos de Europa, herederos ricos y satisfechos, pero también llenos de obligaciones, herederos de muchos miles de años de espíritu europeo”. Porque hay que tener cuidado, decía, con “una política que vuelve estéril al espíritu alemán al hacerse vanidoso”.
“Con el hundimiento del comunismo soviético, el capitalismo se ha globalizado y, según la opinión general, se ha sustraído al control de la política”, explica Ulrich Beck. Europa se escinde entre países del Euro y países de la Unión Europea (atención a Gran Bretaña), entre países acreedores y deudores, en una Europa con dos velocidades.
Y en el “liderazgo”, Merkiavelo (Beck hace un juego de palabras entre Merkel y Maquiavelo), titubeante, ofreciendo el caos. “Muchos ven en Ángela Merkel a la reina de Europa que nadie ha coronado”. Flexibilidad maquiavélica para compatibilizar, aparentemente, la competitividad nacional (ganar las elecciones en su país) y el papel de arquitecta europea. “Merkel quiere dictar a los socios, ordenarlos más bien, lo que en Alemania se considera la fórmula mágica para la economía y la política. Ahorro al servicio de la estabilidad”.
Europa se basa en principios de juego limpio, equilibrio, reconciliación y de impedir la explotación. “La Europa alemana viola estas cuatro condiciones básicas que deberían imperar en una sociedad europea en la que merezca la pena vivir”.
El autor nos propone “un contrato social para Europa”, renovando el de Rousseau:
1.    Más libertad mediante más Europa.
2.    Más seguridad social mediante más Europa.
3.    Más democracia mediante más Europa.

En mayo de 2012, Helmut Schmidt, Jürgen Habermas, Herta Müller, Senta Berger, Jacques Delors, Richard von Weizsäcker, Imre Kertész y otros célebres europeos presentaron “Doing Europe”. Un documento que nos sirve de guía. La democracia europea tiene que “crecer desde abajo”.
¿Primavera europea? Ojalá. “El redescubrimiento del Estado nacional alemán, las nuevas maneras de un política que avanza sin brújula y a corto plazo, y el acuerdo de la clase política-mediática son razones suficientes para pensar que a la política le falta aliento para un proyecto tan grande como la unión de Europa” (Jürgen Habermas). Tal vez es que tenemos líderes muy pequeños (empezando por la Sra. Merkel) para una Europa que les viene muy grande.
Ulrich Beck termina con un verso de su compatriota Hölderlin: “Donde crece el peligro crece también la salvación”. Optimismo –inteligente, responsable- ante todo.
Me ha gustado este ensayo de 101 páginas. Me gustaría añadir que esta es una guerra económica, que no política, y conviene recordar que Alemania ha perdido todas sus guerra en las últimas décadas. Empieza bien, pero acaba mal.
En Del Capitalismo al Talentismo, trato el tema de la Unión Europea y Alemania. No podía ser de otra manera. Una “Europa alemana” sería un desastre; una “Alemania europea” puede ser una esperanza.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Las ocho verdades esenciales que todos aprendemos demasiado tarde


Viernes de reuniones de preparación de próximos lanzamientos editoriales (me ha encantado comprobar que Del Capitalismo al Talentismo estaba agotado tanto en El Corte Inglés de Castellana como en el de Princesa, y que El per-verso libro de las carencias del alma. Cómo detectarlas, afrontarlas y superarlas, de Yolanda Saenz de Tejada y un servidor, ya puede-precomprarse en Amazon: www.amazon.es/verso-libro-las-carencias-alma/dp/8415320949) y de reuniones con dos empresas que están sorteando con eficacia los embates de la crisis. Diferencias de sector (una, industrial; la otra, de consultoría tecnológica), de tamaño, de antigüedad… Pero un denominador común: la Calidad Directiva, que es muy superior a la media y que se preocupan por seguir desarrollando. Es la marca de las empresas ganadoras (el Talento, y especialmente el Liderazgo como Talento para influir decisivamente en los demás) respecto a las empresas perdedoras, a las instituciones suicidas. Y cenita en Miau con mis buenos amigos Mercedes y Antonio, dos de las mejores personas que conzco. Compartir con ellos mesa y mantel es una delicia. Gracias, José María, Leonor, Cristina, Carlos, Mercedes y Antonio por el día de hoy.

Mañana, de 1 a 2 de la tarde, último programa de Pensamiento Positivo del año, de esta etapa. Se hablará de Del Capitalismo al Talentismo. Sergio Fernández, conductor del programa y autor de Vivir sin jefe, Vivir sin miedo y El sorprendedor, se ha preparado a conciencia este cambio de era. Puede escucharse en ABC Punto Radio:  www.abc.es/radio/programas/pensamiento-positivo.html Te recomiendo que no te lo pierdas, si puedes.

He estado leyendo el número de enero de 2013 de la revista Muy interesante. El artículo de portada es PSICOLOGÍA PROSPECTIVA. Lecciones de vida. Las 8 verdades esenciales que todos aprendemos demasiado tarde.
Se trata de un artículo de Luis Muiño, basado en el libro de la enfermera australiana Bronnie Ware Los cinco grandes arrepentimientos de los moribundos (The Top Five Regrets of the Dying, en el original) y en opiniones de diversos expertos en neurociencia y psicología. Las ocho verdades son las siguientes:
1. Necesitamos un día de completa soledad y libre de estímulos para conseguir el funcionamiento óptimo del cerebro. Según Bronnie Ware, los moribundos se arrepienten más de lo que no han hecho (sus aficiones) que de lo que han hecho. Vivimos en un mundo de presión social (El poder de los introvertidos, de Susan Cain).
2. Cultiva la amistad y presérvala. La amistad está ligada a la salud física (Bert Uchino, Universidad de Utah). La falta de relaciones genera tanta mortalidad como fumar, la obesidad o no hacer ejercicio (Julianne Holt-Lunstad, Universidad Brigham Young). Sin amistades, somos más proclives a enfermendades infecciosas (Sheldon Cohen, Universidad Carnegie Mellon). Pero vivimos en una sociedad individualista, con sujetos arrogantes (Jean Twenge, Generation Me).
3. La intuición no es suficiente. El impulso altruista debe estar acompañado de un análisis adecuado de la realidad. “El camino del infierno está empedrado de buenas intenciones”. Vivimos en una sociedad de blanditos, hijos pequeños tiranos, creados por padres sobreprotectores (Estroff Marano, A Nation of Wimps: The High Cost of Invasive Parenting; Una nación de flojos. El alto coste de la paternidad invasiva).
4. Aprende a perder el tiempo. “Ojalá no hubiera trabajado tanto”, le decían muchos de sus pacientes a la enfermera Bronnie Ware. Sabemos que para ser un experto, hay que invertir 10 años de trabajo a razón de 40 horas semanales durante 50 semanas al año (Herbert Simon, psicólogo y Premio Nobel). La clave, para Richard Koestner (Universidad McGill) es no tener expectativas materiales excesivas, no envidiar a otros y no marcarse metas irrealizables. Después de un paseo relajado aumenta la memoria y la capacidad de ejecución (Stephen Kaplan, Universidad de Michigan). La depresión no proviene de una inactividad momentánea, sino del perfeccionismo (Carl Honoré, Elogio de la lentitud).
5. Busca la afinidad en las relaciones. Es mejor llevarse bien y tener cosas en común (Hal Urban, Las grandes lecciones de la vida). Conocerse en un momento arriesgado aumenta la probabilidad de emparentarse (Donald Dutton y Andarthur Aron, Universidad de British Columbia). Estamos más dispuestos a ayudar a l@s guap@s, porque les consideramos más simpátic@s y divertid@s (Michael Efran, Universidad de Toronto). Es preciso distinguir entre el amor pasional y el cariño tranquilo que viene después (Francesco Alberoni, Enamoramiento y amor).
6. Aprende a dosificar. Todo puede ser medicina o veneno, según las dosis. ¿Impulsividad, reflexividad? Nada en exceso. Es la importancia del autodominio. Todos los problemas de salud mental tienen que ver con la rigidez (Ronald Laing, psiquiatra).
7. Mantén hábitos sanos y una vida ordenada. Está muy estudiada la relación entre desorden y problemas psíquicos. Necesitamos al menos 2 meses de repetición para fijar hábitos sencillos y años para eliminarlos. Comer bien, evitar adicciones, estudiar o el ejercicio físico lleva tiempo de implantación.
8. Acepta a los demás tal como son. La rigidez genera muchos problemas de relaciones. En el mindfulness (atención plena) se insiste en aceptar y no juzgar para una buena vida.

Gran artículo. Gracias, Luis, por estas aportaciones que son “sentido común” pero no “práctica común”. Aficiones, amistad, valentía, relajación, afinidad, autocontrol, buenos hábitos y aceptación. Te aconsejo que te autodiagnostiques en las 8 claves, apalanques sobre tus fortalezas y aproveches, en 2013, tus oportunidades de mejora. Con un/ coach, mucho más efectivo.

jueves, 27 de diciembre de 2012

Confrontar liderar con mandar


AVE de ida y vuelta en medio de estas navidades. Estoy aprovechando para ultimar el nuevo libro que estamos escribiendo la Dra. Gallardo un servidor (el noveno juntos) sobre el cultivo del talento en términos prácticos, ligado al mundo del deporte, por supuesto. Estará en las librerías antes de que acabe la Liga.
Me he sentido sanamente orgulloso de que Motivación y más by Sodexho haya elegido el primero de “Los mejores artículos de 2012” el de un servidor sobre las lecciones que debimos aprender del Titanic, la tragedia de hace 100 años. Publicado el 10 de abril, es el siguiente:
“El RMS Titanic fue, en su día, el buque más grande y lujoso del mundo. Zarpó de Southampton el 10 de abril y se hundió cinco días después, a las 2.20 h de la madrugada, tras chocar con un iceberg en el sur de Terranova. El siniestro se saldó con la muerte de 1.517 personas, la peor tragedia marítima en tiempo de paz.
Cien años después, reaparece en pantalla (esta vez en 3D) la laureada película de James Cameron, surgen teorías de la conspiración y se muestran en distintas exposiciones los objetos de época del famoso transatlántico. Sin embargo, brillan por su ausencia las lecciones de aquel funesto suceso. De entre ellas, al menos ocho:
- El peligro de la soberbia. El lema del Titanic es “un barco tan insumergible que ni Dios podría hundir”. En el viaje inaugural, a las primeras de cambio, se fue a pique. La prepotencia es el inicio de la decadencia. En esta crisis, una crisis de avaricia, la humildad, la base del auténtico aprendizaje, debería ser clave.
- El fracaso de la desigualdad. Para los 2.227 pasajeros solo había botes salvavidas para 1.178 personas (no quedaba bien estéticamente llevar más). La tercera clase fue la más perjudicada en la tragedia. En los últimos 100 años, con la excusa de “los mercados”, la desigualdad ha aumentado considerablemente.
- La falta de solidaridad. Sólo se salvaron del barco 705 pasajeros, cuando había botes salvavidas para un 50% más. En lugar de cooperar, primó el “sálvese quien pueda” y por ello fue un fracaso colectivo.
- La inoperancia de los compartimentos estancos. El Titanic estaba dividido en 17 secciones, herméticamente cerradas, y eso fue mortal. Las organizaciones que no avanzan horizontalmente están condenadas a desaparecer.
- La falta de perspectiva. El iceberg fue avistado a 500-600 m de distancia, demasiado tarde, porque el barco iba a 60 m/s. Si los vigías hubieran llevado prismáticos, habrían tenido 90’’ para evitar el choque. Pero se los habían olvidado en Southampton. Sin visión a largo plazo, es más fácil perecer.
- Y sin embargo, una orquesta de primera. La famosa orquesta de Wallace Hartley estuvo tocando hasta el final. Un gran ejemplo de serenidad, de equipo, del poder de las emociones en tiempos de incertidumbre.
- Malas decisiones. El primer oficial Murdoch prefirió tratar de dar marcha atrás, con lo que le quitó fuerza al timón para virar. La añoranza (la marcha atrás) probablemente es la peor de las decisiones.
- La inexistencia de Liderazgo. En momentos especialmente trágicos, el liderazgo marca la diferencia. El capitán Edward John Smith se hundió con su barco y tiene una estatua en su localidad natal.
Soberbia, desigualdad, hermetismo, insolidaridad, falta de liderazgo, de equipo, de serenidad y de decisiones inteligentes… Son las claves de la naturaleza humana. La Crisis actual, desgraciadamente, se sigue pareciendo más al viaje del Titanic que a lo que debimos aprender de él.”

Hoy he estado leyendo Mejor liderar que mandar, del consultor y coach Jorge Cuervo, con prólogo del profesor Ricard Serlavós (mi amigo Ricard, ex compañero de HayGroup y docente de ESADE, es uno de los más grandes en la gestión por competencias).
El libro comienza con una cita de Day &Lord, “La calidad del liderazgo directivo justifica hasta un 45% del éxito de la organización”. Una gran verdad. Y se estructura este texto en tres partes: la esencia del Liderazgo, las creencias sobre el Liderazgo y las herramientas para desarrollarlo.
La definición del autor (de entre las 1.500 posibles, según ha investigado Gary Yukl y nos recuerda Ricard en el prólogo) es: “Un líder es la persona que recibe de otras personas la confianza para guiarlas en la búsqueda de lo que sienten como la mejor solución posible a partir de un contexto inicial concreto”. Para Jorge (y para un servidor) el auténtico liderazgo requiere de humildad y de generosidad. El autor se pregunta: “¿el líder nace o se hace?” y se responde, ingeniosamente, “el líder no solo se hace, sino que también se deshace”. Me gusta ese sentido dinámico del Liderazgo.
Respecto al liderazgo y las emociones, Jorge Cuervo cita a tres buenos amigos, Dan Goleman, Annie McKee y Richard Boyatzis en su libro The new leaders (2002): “Aunque los incentivos habituales, como el reconocimiento o las pagas extraordinarias, puedan aumentar el rendimiento, lo cierto es que no existe ningún factor externo capaz de conseguir que las personas den lo mejor de sí mismas”. Sí; Daniel Pink nos lo explicó extraordinariamente bien en La sorprendente verdad sobre qué nos motiva.
Cuervo habla de “liderazgo desde el ser”, de “pensamiento sistémico” (Peter Senge), de la diferencia entre líder y jefe (autoridad moral vs autoridad formal), de ideas que ayudan (convicción, objetividad, flexibilidad) y entre las herramientas de liderazgo nos propone el sentido y la visión, los valores, la gestión de las creencias, las expectativas, la confianza, sintonizar, articular, normalizar, desarrollar a las personas (el/la líder-coach) y afrontar el conflicto.
En las conclusiones, el autor se pregunta: “¿Es mejor liderar que mandar?” y responde afirmativa y exclamativamente: “¡Mejor liderar que mandar!”.
Un libro interesante, didáctico, útil. Un buen compendio sobre el liderazgo, con ejercicios y claves esenciales.
Sobre esta confrontación entre mandar y liderar, un servidor tiene un punto de vista alternativa. Como comentamos en su día en El Club del Liderazgo, mandar es parte del liderazgo. Es una de las siete actividades que han de realizar l@s líderes. Mandar significa dar instrucciones y lograr que se cumplan. Ahora bien, se puede mandar bien (educadamente, con respeto, explicando el sentido de la instrucción) y mandar mal, que es lo frecuente. Aquell@s directiv@s que abusan de mandar (“dotes de mando”) y no gestionan, orientan, cohesionan, hacen participar al resto del equipo, desarrollan a l@s demás (líderes-coaches) y representan las mejores práticas, probablemente no tendrán autoridad moral (influencia honesta) sino galones (autoridad formal).
Creo, modestamente, que liderar sin saber mandar (sin tener Criterio, como diría Warren Bennis, según expusimos en Mourinho versus Guardiola) puede ser peligroso. Porque caeríamos en la dicotomía bueno-malo. Liderar es bueno; mandar es malo. En la práctica, hay momentos en que como directiv@s debemos dar instrucciones claras y lograr que se cumplan, en nombre de la eficiencia y la eficacia.
El liderazgo, efectivamente, es mucho más que las dotes de mando. Es, en más del 90%, inteligencia emocional. Quienes no saben, no pueden, no quieren mandar cuando hace falta no son verdader@s líderes, sino gente blandita que se diluye en las crisis. Como la actual, sin ir más lejos.

Mi agradecimiento a los buenos autores como Jorge Cuervo, a los buenos profesores e investigadores como Ricard Serlavós, y a l@s buen@s líderes que mandan cuando toca, desde el respeto, la humanidad y la consideración hacia los demás, sin abusar de ello.      

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Coaching, Comunicación y Cambio Climático


Esta noche, al llegar a casa, me he encontrado con la grata sorpresa de varios ejemplares de COACHING MOURINHO, la versión en italiano de nuestro Código Mourinho, escrito por la Dra. Leonor Gallardo y un servidor y publicado inicialmente en castellano en verano de 2012. Todo un placer y un honor que nuestros libros se publiquen en otros idiomas, tanto en el resto de Europa como en Asia. Nos sentimos muy orgullosos de este libro sobre José Mourinho y su puesta en valor, sobre “los dos Mourinhos” (el que entrena con rigor científico, el provocador en las ruedas de prensa) y sobre la influencia del poeta Pessoa en el entrenador portugués. Un libro del que se puede aprender para el deporte, para la empresa, para la vida.
Ayer reproducía en este blog el discurso de navidad de SM El Rey Juan Carlos I. Hoy, en la prensa, mi buen amigo Antonio Gutiérrez-Rubí, uno de nuestros mayores expertos en comunicación, lo analizaba adecuadamente:
“El primer plano ya anunciaba cambios. La imagen exterior de la ventana del despacho del Rey, con la luz encendida en la oscuridad, viendo al monarca casi en pie, tras los cristales, ya anticipaba una actitud, un giro, un desafío. También antiguos recuerdos. El cambio formal de hablar desde delante de su escritorio, sentado sobre le borde de la mesa, ha sido muy significativo. El Rey ha dado su particular “paso al frente”. Su comunicación no verbal ha sido serena, menos impostada, y los planos menos previsibles y convencionales. La mesa no era decorado. Era un espacio de trabajo en donde destacaban un secante sin pluma, una lupa, unas tijeras y una libreta roja. Todo muy simbólico. O anecdótico. Misterio y sorpresa.
El poderoso y profesional equipo de comunicación y de estrategia de la Casa Real se ha empleado a fondo. El deterioro de la Corona y, en particular, de Juan Carlos I  ha obligado a cambios que, quizás, deberían haber entrado dentro de la normalidad, más que ser percibidos como excepcionales o novedosos. Una ofensiva pública, orientada hacia la proximidad, la transparencia y un renovado protagonismo, ha guiado los calculados movimientos de la institución.
En las últimas semanas, la monarquía se ha hecho un lifting estético y comunicativo: ha estrenado web (con el blog del monarca, que continúa con un único texto colgado el pasado 18 de septiembre), un canal de YouTube (con todos los mensajes de Navidad del reinado), con una oportuna acción de reconocimiento a la pluralidad lingüística y cultural de España al presentar, en las lenguas oficiales del Estado, el texto de su alocución en Nochebuena. Juan Carlos I es ya un rey virtual en búsqueda del reencuentro con la realidad perdida.
Según los responsables de este diseño, los resultados de este esfuerzo planificado, que ha afectado a la agenda, los gestos, los mensajes y la estética, han empezado a notarse. Hace unas semanas se ha sabido que la Casa Real dispone de encuestas internas (que deberían ser públicas, ya que son financiadas con recursos públicos, y más ahora que conocemos la abstención del CIS en relación a preguntar por la monarquía) que mostrarían que “lo peor ya ha pasado” en relación con la crisis de Botsuana. Aunque la irritación y el malestar persisten, según las misma fuentes de La Zarzuela, con la brecha abierta por el comportamiento “no ejemplar” de Iñaki Urdangarín. ¿Tan fácil? ¿Se trataba de un tema de opinión pública y de maquillaje modernizador y tecnológico, simplemente?
Creo que la complejidad política, que roza la parálisis o el bloqueo, de nuestra realidad obliga a aceptar que España, en su conjunto (y con ella, la Corona y todo nuestro sistema y arquitectura institucional) necesita un “reset” inaplazable. Y las palabras son claves. Lo que se omite no deja de existir. Lo que se ignora se recrudece. Lo que se insinúa, no siempre es suficiente.
En su discurso, el Rey ha omitido las palabras paro, corrupción y desahucios, por ejemplo. Tampoco ha citado, ni una sola vez, a la Constitución. Y han caído del discurso las menciones directas a su familia, a la Reina o al Príncipe. Por no aparecer, no aparece ni la inevitable palabra “unidad” (de España), ni la tradicional referencia a nuestras Fuerzas Armadas en el exterior. Algunas plumas de salva patrias excitadas se van a afilar. Este discurso puede valer más por lo que no dice (y por qué), que por lo que dice. Todo muy pensado.
Esta estrategia de no quedar asociado a los temas o conceptos más preocupantes (o cuestionados), o que chirrían en el subconsciente de muchas personas en nuestra sociedad, y de buscar la centralidad con interpretables críticas a diestro y siniestro, es hábil. Pero no es suficiente si se quiere liderar, más que sobrevivir. Es ventajista… y puede tener algún efecto imprevisto de rechazo.
El Rey, consciente -y aprovechándose- de la debilidad de la política formal, busca en la calculada crítica y reivindicación hacia ella una redención (personal) y una reubicación (institucional) de su figura y de su papel. Pero no se trata de su imagen, sino de su responsabilidad de lo que hay que preocuparse, y cuidarse. Esta noche saldrá bien parado, seguramente. Pero, Majestad, la cuestión es salir del “paro” laboral, económico, político, institucional y social en el que está, seguramente, la sociedad española. España está off, necesita reiniciarse.
La sutil, pero intencionada, reflexión sobre la “política grande que supo inaugurar una nueva y brillante etapa integradora en nuestra historia”, que reivindica el Rey en su intervención, es una invitación, fundamentalmente, al pacto bipartidista, propio de los momentos excepcionales en los que la monarquía ha jugado un papel decisivo e histórico. “Austeridad y crecimiento deben ser compatibles”, ha dicho, buscando la equidistancia. El Rey no se está retirando, más bien parece todo lo contrario: quiere volver y ocupar un renovado protagonismo. Reivindicando la Transición que no menciona, se reivindica a sí mismo.
Hace unas semanas, el monarca, en su viaje a la India se quejaba de la melancolía y del pesimismo de nuestra sociedad: “Los españoles nos metemos el cuchillo. Desde fuera, España se ve mejor, sales más contento de la imagen de España. Dentro, dan ganas de llorar, todo son penas, pero tenemos que sobrellevarlas”, decía en Nueva Delhi. Quizás por esta razón, el Rey ha recorrido, recientemente, más de 70.000 kilómetros proyectando la “Marca España” fuera de nuestras fronteras, en Brasil, Chile, Rusia e India. Y, según previsiones, viajará el año que viene a China, único destino que falta por visitar de los BRIC –países emergentes–.
Dice el Monarca: “Frente a este pesimismo, como frente al conformismo, cabe encontrar nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día”. ¿A qué se refiere? ¿Está dispuesto el Rey a hacer un último -y decisivo- servicio a su país (tras treinta y siete años de reinado), auspiciando un período de cambios de fondo a través de “nuevos modos y nuevas formas”? Las formas, en política, son fondo. Lo sabe bien la Casa Real, que vive y se nutre de legitimación a través de la representación simbólica y de la gestualidad ejemplar. Esta noche, el Rey virtual ha ensayado su ambicionado y deseado nuevo papel. La realidad espera, impaciente.”
La reflexión de AGR, tan oportuna, me han recordado aquellas “vidas paralelas” de Demóstenes y Cicerón, escritas por Plutarco. Respecto al primero, extraordinario orador, la multitud se maravillaba de sus discursos; del segundo, la gente gritaba “adelante” y actuaba. Don Juan Carlos nos animaba a:
- superar la crisis combinando austeridad y crecimiento, sin abandonar los derechos sociales
- tener confianza en un proyecto compartido desde la generosidad, talento y creatividad, con el foco en Iberoamérica y en Europa
- reivindicar la política como nobleza, como el servicio a los intereses generales. No todo es economía

Y los partidos políticos han dado su opinión (los grandes partidos nacionales, a favor; los nacionalistas, en contra) como si se tratara de una función, de un espectáculo. Sin movilización alguna. Hay algo peor que no contar con un ilusionante proyecto de futuro: disponer de una semilla del mismo y que las instituciones suicidas no sean capaces de cultivarla.

También he podido leer hoy que la Antártida, en su zona occidental, ha subido 2’4 grados en el último medio siglo, el doble de lo estimado y el triple de la media global. De seguir así, el calentamiento antártico puede alterar el equilibrio de la capa de hielo y elevar el nivel del mar. Las consecuencias pueden ser nefastas.

Mi agradecimiento a mis primos carnales, con los que he estado esta tarde-noche disfrutando de su compañía.   

martes, 25 de diciembre de 2012

El discurso del (nuestro) Rey


Ayer, antes de la cena de nochebuena, estuve escuchando el discurso del Rey Don Juan Carlos. Por primera vez, no lo hizo sentado, sino apoyado en la mesa de su despacho. Un discurso muy apropiado para los tiempos que vive nuestro país y el mundo entero.
Un discurso más compacto y estructurado que en ocasiones anteriores, que giró en torno a tres conceptos (era conceptual): la intensidad de la crisis, la capacidad de España para afrontarla y una noble de la política más allá de las soluciones económicas.

“Buenas noches,
En esta Nochebuena, como cada año, quiero reflexionar con vosotros sobre lo que nos preocupa y también sobre nuestras esperanzas.
En concreto, me gustaría referirme a tres asuntos: la crisis económica, la fortaleza de España como nación europea e iberoamericana y la necesidad de reivindicar la política como instrumento necesario para unir las fuerzas de todos y acometer la salida de la crisis y los retos que tenemos por delante.
No creo exagerar si digo que vivimos uno de los momentos más difíciles de la reciente historia de España.
La grave crisis económica que atravesamos desde hace unos años ha alcanzado una intensidad, una amplitud y una persistencia en el tiempo que nadie imaginaba. Los ciudadanos sufren hoy su rigor, que está poniendo en entredicho el bienestar de no pocas familias. Pienso en tantas personas de todas las edades, pero muy especialmente en muchos jóvenes, que se levantan cada día con sensación de inseguridad y desánimo por la difícil situación de sus economías, la falta de trabajo y las inciertas perspectivas de futuro.
No podemos ignorar que existe pesimismo, y que sus efectos se dejan sentir en la calidad del clima social que vivimos. Está además generando un desapego hacia las instituciones y hacia la función política que a todos nos preocupa.
Frente a este pesimismo, como frente al conformismo, cabe encontrar nuevos modos y formas de hacer algunas cosas que reclaman una puesta al día.
La realidad actual es compleja y no siempre fácil de entender ni de solucionar en el corto plazo. Austeridad y crecimiento deben ser compatibles. Las renuncias de hoy han de garantizar el bienestar de mañana, en un plazo razonable de tiempo, de manera que se asegure la protección de los derechos sociales que son seña de identidad de nuestra sociedad desarrollada.
Para que nuestra economía vuelva a crecer tenemos que poner orden en nuestras cuentas y, a la vez, generar estímulos para la creación de riqueza. Hay estímulos que son creados por medidas de política económica o fiscal, o por políticas de fomento de la innovación o el emprendimiento, pero el primer estímulo que nos sacará de esta crisis se llama confianza.
A lo largo de los treinta y siete años de mi reinado hemos pasado por varias coyunturas económicas realmente complicadas que los que tenemos ya algunos años recordamos bien. Quizá no fueron tan difíciles como ésta pero en cualquier caso fueron muy complicadas. Y sin embargo supimos salir de ellas con éxito y hacer que nuestra economía creciera y que nuestro bienestar mejorara. Y lo logramos por muchas razones pero en primer lugar porque teníamos confianza en un proyecto compartido por todos y en nuestras posibilidades de salir adelante.
Hoy como entonces,  podremos superar las dificultades actuales con la generosidad, el talento y la creatividad de nuestros hombres y mujeres y con la fortaleza de nuestro sistema productivo si tenemos confianza en nosotros mismos y si somos capaces de generarla también en las instancias y en los mercados internacionales.
España es parte de la solución a la crisis global y debe ser protagonista en la toma de decisiones en los grandes foros internacionales. Iberoamérica es parte fundamental de nosotros, como también nosotros lo somos de ella. Lo mismo acontece con Europa. Con la Unión Europea tenemos que seguir trabajando para superar las visiones puramente nacionales y reforzar las bases de solidaridad con las que entre todos hemos avanzado en el proceso de integración. Hemos de garantizar que nada de lo conseguido juntos, ni los derechos individuales y sociales, ni el bienestar económico, ni el proceso de construcción política y económica puedan verse amenazados.
Pero no todo es economía. Por muy evidente que sea, no es malo repetirlo: no todo es economía. No ignoro que la política no vive hoy sus mejores horas en la percepción de los ciudadanos. Por esta razón yo quisiera esta noche reivindicar la política porque su papel es fundamental en la salida de la crisis.
Quiero reivindicar la política grande, esa que para destacar su dignidad y valor solemos llamar la política con mayúsculas.
La que, desde el gobierno o desde la oposición, fija su atención en el interés general y en el bienestar de los ciudadanos.
La que, lejos de provocar el enfrentamiento y desde el respeto a la diversidad, integra lo común para sumar fuerzas, no para dividirlas.
La que sabe renunciar a una porción de lo suyo para ganar algo mayor y mejor para todos.
La que busca el entendimiento y el acuerdo para encauzar y resolver los grandes y fundamentales desafíos colectivos.
La que se cimenta en el espíritu de servicio y se acomoda a los principios de la ética personal y social.
La que, en fin, es capaz de sacrificar la satisfacción del corto plazo, a menudo efímero, para ensanchar el horizonte de sus ambiciones.
Esa fue la política grande que supo inaugurar una nueva y brillante etapa integradora en nuestra historia reciente y es la única que tiene la capacidad de reafirmar la confianza en nuestra gran nación, abrir nuevas puertas a la esperanza y materializar ese anhelo de superación que está reclamando nuestra sociedad.
Para conseguirlo, es necesario promover valores como el respeto mutuo y la lealtad recíproca. Son valores que hace más de tres décadas contribuyeron a poner en pie un nuevo marco de convivencia, el reconocimiento de nuestra pluralidad y el amparo de las diferentes lenguas, culturas e instituciones de España. Es hora de que todos miremos hacia adelante y hagamos lo posible por cerrar las heridas abiertas. Será nuevamente un éxito de todos, ciudadanos e instituciones, basado en el respeto a las leyes y a los cauces democráticos.
La Corona es muy consciente del esfuerzo y el sacrificio que los ciudadanos están llevando a cabo con entereza. Ningún esfuerzo en la vida es baldío y tampoco lo serán los que se están haciendo ahora. En este contexto, quiero resaltar la actitud abnegada y leal de las familias y la solidaridad de muchas organizaciones asistenciales que, con su ayuda, tanto están contribuyendo a la estabilidad social. También, el sacrificio de todos los españoles que dejan ahora nuestro país para conseguir mejores condiciones de vida para ellos y sus familias. Su experiencia y preparación constituirán a su regreso un importantísimo efecto dinamizador de nuestra economía.
La Navidad simboliza el triunfo de la generosidad sobre el egoísmo. Generosidad, solidaridad y compromiso son valores que todos debemos  reconocer, conservar y promover siempre y en estos tiempos más que nunca.
Feliz Navidad para todos y buenas noches.”

Quiero agradecer a la Corona, en la persona de nuestro Rey, estos 37 años de democracia. Hicimos una transición modélica como país, y estoy seguro de que, tras años de ingenuidad y un año de tristeza, en 2013 compartiremos un modelo ilusionante, un proyecto de futuro en el que tod@s animemos el hombro.