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jueves, 1 de noviembre de 2012

Emprendedores difuntos: las siete caras de la Soberbia


1 de Noviembre, festividad de Todos los Santos. Hoy, tanto en España como en México, es costumbre representar Don Juan Tenorio. En mi querido México, mañana día 2 se festeja el día de los fieles difuntos. Los celtas instituyeron ese día en honor a Samhain, el dios de los muertos. En la tradición bíblica, es una fecha para honrar a los fallecidos en el Diluvio Universal.
Ya que estamos hablando de difuntos (de emprendedores “difuntos”, cuyas empresas no han sobrevivido, en este caso), la revista Emprendedores del mes de noviembre lleva a su portada Las 20 decisiones más difíciles del emprendedor. Un dossier elaborado por Rafael Galán con los siguientes dilemas, en siete bloques:
A. ¿Tengo las ideas claras?
1. No funciona, ¿otro modelo de negocio o tiro la toalla?
2. ¿Me arriesgo a dejar pasar esta oportunidad de negocio?
3. ¿Sería capaz de empezar otra vez desde cero?

B. ¿El cliente manda?
4. ¿Dejo que me apriete el cliente?
5. ¿Salgo de mi zona de confort?
6. ¿Me especializo en un nicho hasta las últimas consecuencias?

C. ¿Tomo posiciones?
7. ¿Mantengo mis precios a pesar de que mi sector los suba o lo baje?
8. ¿Me meto en el hueco que han dejado las grandes?
9. ¿Renunciamos a proyectos a medida para centrarnos en un producto?

D. ¿Y eso cuánto cuesta?
10. ¿Rechazamos a este inversor?
11. ¿Vendo una línea de negocio que funciona?
12. ¿Renunciamos a nuestros sueldos?

E. ¿Con qué cimientos?
13. ¿A quién contrato primero?
14. ¿Acepto las condiciones de los proveedores?
15. ¿Renunciamos al negocio familiar?

F. Tu decisión afecta a personas
16. ¿Mantengo la plantilla aunque ganemos menos a corto plazo?
17. Ruptura entre socios: ¿en qué condiciones?
18. ¿Renunciamos a repartir beneficios?

G. Antes de arrancar
19. ¿Cuánto estoy dispuesto a arriesgar?
20. En España no interesa mi idea de negocio, ¿sigo adelante?

Preguntas muy interesantes. Como emprendedor en tres ocasiones a lo largo de los últimos 20 años (en las dos anteriores las empresas sobrevivieron cuando cambié de actividad, y en la actual, IDEO, el proyecto lleva vivo más de cinco años), me las he hecho y considero muy sano que nos las planteemos.
Si no aciertas en ellas, es muy posible que tu negocio desparezca (se estima que las compañías nacidas aquí y ahora no alcanzan los tres años en un 95%). Me han recordado mucho a los Factores Clave de Fracaso presentados por Fernando Trías de Bes en su estupendo El libro negro del emprendedor, que son:
1.    Emprender con un motivo, pero sin una motivación.

2.    No tener carácter emprendedor.

3.    No ser un/a luchador/a.

4.    Contar con soci@s cuando en realidad puedes prescindir de ell@s.

5.    Escoger soci@s sin definir criterios de elección relevantes.

6.    Ir a partes iguales cuando no todo el mundo aporta lo mismo.

7.    Falta de confianza y comunicación con los socios.

8.    Pensar que de la idea depende el éxito.

9.    Adentrarse en sectores que no gustan o se desconocen.

10.Escoger sectores de actividad poco atractivos.

11.Hacer depender al negocio de las necesidades familiares y ambiciones materiales.

12.Emprender si asumir el impacto que tendrá sobre nuestro equilibrio vital.

13.Crear modelos de negocio que no dan beneficios rápidamente y de modo sostenible.

14.Ser emprendedor y no empresario, y no retirarse a tiempo. 

Y, por supuesto, a las claves de Jim Collins en su libro Empresas que caen y por qué otras que sobreviven, del que escribí en este blog el 2 de febrero del año pasado. Un modelo de “involución” en cinco fases:
1. La arrogancia (hibris, orgullo desmedido) nacida del éxito. Brilla la arrogancia, se descuida lo principal, el “qué” sustituye al “por qué”, se deja de aprender…
2. La persecución indiscriminada del crecimiento. Se confunde lo grande y lo excelente, saltos continuos e indisciplinados, el talento se desubica, burocracia, sucesión problemática, intereses particulares por encima de los generales.
3. La negación del riesgo y del peligro. Se acentúa lo positivo y se oculta lo negativo, objetivos temerarios, riesgos enormes, se externaliza la culpa, distancia altiva.
4. La búsqueda desesperada de la salvación. A través de soluciones mágicas, un líder salvador, una revolución “a bombo y platillo”, decepción, confusión y cinismo, reestructuraciones crónicas y erosión financiera.
5. Capitulación: ser insignificante o morir. Cuando se pierde la esperanza, todo se precipita hacia el final.

En definitiva, lo que lleva a la destrucción es la Soberbia (“Satisfacción y envanecimiento por la contemplación de las propias prendas con menosprecio de los demás”, según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua), en sus distintas caras:
1. Soberbia en el Individualismo: Creer que un@ puede sol@, y no en tándem, en quinteto, en equipo. Elegir mal l@s soci@s.
2. Soberbia en la Ignorancia: Emprender sin modelo de negocio o con un modelo de negocio que no sirve al cliente. Improvisar es suicida.
3. Soberbia en la Indolencia (incapacidad de conmoverse, pereza): No ilusionarse, no luchar, no comprometerse a tope. Sin pasión no hay triunfo.
4. Soberbia en la Idea: Pensar que con una “idea genial” basta. Emprender es cuestión de perseverar. Lo que se logra a la primera se pierde a la primera.
5. Soberbia en la Inercia: Dejarse llevar por el éxito, sin adaptarse permanentemente a las necesidades y gustos de los clientes. Emprender significa ser autocrític@.
6. Soberbia en la Insensibilidad hacia el Talento: Desconocer quién tiene la Capacidad y el Compromiso necesario en cada rol. Elegir mal l@s compañer@s de viaje. Depreciar el Talento por un mal clima laboral, por falta de Liderazgo. 
7. Soberbia en la Irresponsabilidad: No sentirte plenamente responsable del proyecto en cada momento del ciclo (por ejemplo, emprender de inicio no es lo mismo que consolidar la compañía). Dar sentido y significado a cada paso.

Frente a la Soberbia, la Humildad (virtud que parte del autoconocimiento de las propias limitaciones y debilidades para actuar en consecuencia), que es la clave de la supervivencia de cualquier proyecto: significa en la práctica cambiar tan rápido o más que el entorno (la famosa ley de Revans).

Mi agradecimiento a Rafael Galán, a Fernando Trías de Bes, a Jim Collins, y a los emprendedores y emprendedoras (vosotr@s ya sabéis quiénes sois), héroes y heroínas de nuestro tiempo. Son quienes marcan la diferencia.